HISTORIA DEL ANARQUISMO UNIVERSAL

Historia del anarquismo en China

Los orígenes del anarquismo en China se pueden remontar hasta el temprano movimiento nacionalista chino. La preponderancia a fines del siglo XIX del movimiento nihilista y el anarcocomunismo en Rusia, que tiene una extensa frontera con China, fue la mayor fuente de influencias anarquistas sobre el movimiento nacionalista chino.

El uso del asesinato como un medio de lucha en el movimiento anti-Manchú alentado por grupos como los Grupos Chinos de Atentado, era similar a la extendida utilización del auto sacrificio y el asesinato de los grupos anti-zaristas como Narodnaya Volya y el nacionalismo paneslavo de la Mano Negra.

Aunque el anarquismo y el nihilismo son ideologías diferentes y separadas, en aquellos tiempos la prensa popular europea y china, tendían generalmente a confundirlos. En la Conferencia Internacional de Roma para la Defensa Social contra los Anarquistas se dio la siguiente definición de anarquismo: ”todo acto que utilice medios violentos para destruir la organización de la sociedad.” Esta asociación con la violencia política promovió un precoz interés por el anarquismo entre los radicales chinos. Debido a la ausencia de material literario en idioma chino, esta influencia resultó bastante limitada.

Los movimientos estudiantiles chinos. 

Según otros relatos, hubo una política conscientemente ejecutada desde el gobierno chino para que el programa tuviera el fin de alejar a los estudiantes más radicalizados y localizarlos en Europa, y a los más moderados ubicarlos en Japón. Si ese fue el caso, entonces esta política careció de una visión a largo plazo, porque los estudiantes educados en el extranjero aprendieron los métodos e ideologías del socialismo y el anarquismo europeos, que transformarían por completo a la sociedad china. Es importante remarcar que en ambas localidades de estudio, el anarquismo rápidamente se convirtió en la tendencia dominante entre los estudiantes que habían participado del programa en el extranjero. En 1906, con diferencia de meses, se fundaron dos grupos anarquistas, uno en Tokio, Honshū, Kantō, (Japón) y el otro en París;, Isla de Francia, (Francia) las diferencias iniciales entre estos grupos producirían en el futuro movimiento anarquista chino dos estilos y visiones distintas del anarquismo.

Grupo parisino. 

Según Li Shih-tseng, que participó en el movimiento, las influencias del grupo localizado en París pueden ser divididas en 3 campos principales: radicalismo libertario y anarquismo, darwinismo social y filosofía china clásica. Mientras el grupo parisino era mucho más reacio que su contraparte de Tokio a combinar las enseñanzas de Lao-Tsé o del tradicional sistema chino de reparto comunal de la tierra, con la ideología anarcocomunista que profesaban, Li describía al grupo como integrado por jóvenes que habían recibido una excelente educación en la tradición clásica china. También reconocía que el pensamiento tradicional chino ejercía influencia sobre ellos Sin embargo, la tendencia más manifiesta dentro del grupo parisino era la de rechazar o incluso oponerse activamente a cualquier asociación entre el anarquismo y la cultura tradicional.

El grupo de Tokio. 

El grupo de Tokio, Honshū, Kantō, (Japón) estaba sujeto a las mismas influencias, pero con un diferente orden de preferencias. Mientras el grupo de París, Isla de Francia (Francia) estaba apasionado con la ciencia occidental y la civilización occidental, el grupo de Tokio, Honshū, Kantō, (Japón) basó su anarquismo en la tradición política asiática. En otras palabras, mientras en París, Isla de Francia (Francia) estudiaban Esperanto, reivindicaban el anarcosindicalismo, y releían la obra de Mijaíl Alexandrovich Bakunin y Piotr Kropotkin, en Tokio, Honshū, Kantō, (Japón) propugnaban una sociedad basada en las comunas campesinas, unidas a través de municipios federados democráticamente y libremente, por medio de la ayuda mutua y la autodefensa recíproca. Basaban su ideología en la fusión del Taoísmo, el Budismo, y la comuna tradicional campesina china, otorgando preferencia a los textos de León Tolstoi sobre los de Kropotkin. Ambos grupos reivindicaban el atentado como táctica en sus inicios, lo cual revela la influencia del nihilismo, pero hacia 1910 al asumir el anarquismo como ideología renunciaron a la práctica del asesinato político.

Cooperación y diferencias. 

A principios del siglo XX el movimiento anarquista estaba localizado en su mayoría en el mundo occidental, y los estudiantes chinos de París, Isla de Francia (Francia) eran entusiastas simpatizantes del anarquismo porque lo veían como el pensamiento más de avanzada de todas las ideologías occidentales, y por lo tanto la más alejada de la cultura tradicional china, a la que percibían como en decadencia. Esta posición en repetidas ocasiones los colocaría en conflicto con el grupo de Tokio, Honshū, Kantō, (Japón) que veía mucho de lo que consideraba bueno en la cultura tradicional, e incluso argumentó que debido a que China no había abrazado la ilusión de la democracia liberal capitalista, podría ser más fácil para ellos hacer la transición al anarquismo de lo que sería para los europeos.

Estas diferencias, sin embargo, no significan que los dos grupos no cooperaban. Debido a la descentralizada estructura política y el énfasis en la economía local y la autodeterminación política propugnada por ambos grupos, fueron capaces de llegar a un entendimiento tácito de que después de la revolución los dos sistemas podrían coexistir pacíficamente. El conflicto era esencialmente sobre los valores, prioridades, y (por implicación) los métodos para alcanzar la revolución que tanto deseaban. En particular, el conflicto sobre el lugar que debían ocupar las tradicionales filosofías chinas, dentro de los pensamientos y prácticas anarquistas. Esta fue una de las principales fuentes de fricción y de debate entre los dos grupos.

Comparación con los anarquistas europeos. 

Los grupos de París, Isla de Francia (Francia) y Tokio, Honshū, Kantō, (Japón) fueron unánimes en su condena del confucianismo y en su defensa de una transformación social. Aunque el movimiento anarquista europeo abogó por la transformación social, los anarquistas chinos se destacaban por la importancia fundamental que atribuían a la abolición de la antigua cultura tradicional. Los anarquistas europeos guardaron algunas de sus más duras críticas para el cristianismo, considerado como uno de los tres pilares del autoritarismo, junto con el capitalismo y el Estado. Los anarquistas chinos declararon la guerra total contra la cultura confuciana, a la que veían como una forma de control social más o menos análoga a la cristiandad occidental en su penetración hegemónica de la sociedad y la prescripción de las normas sociales. Como lo expuso Chtu Min-I, uno de los miembros del grupo de París, Isla de Francia (Francia):

Los chinos parecen ser los más grandes amantes de las cosas antiguas, tanto es así que sus mentes han sido totalmente atadas a las costumbres tradicionales y, por tanto se han convertido en esclavos de la tradición.

Durante los próximos veinte años, este énfasis en la transformación cultural sería también adoptado por los elementos de la izquierda radical china. Su retórica y su contenido serían eventualmente utilizados por Mao para justificar la Revolución Cultural.

Anarquismo y nacionalismo. 

En el primera fase del movimiento, los anarquistas de ambas tendencias generalmente participaron en el movimiento nacionalista, incluso aunque en teoría repudiaban al nacionalismo y a los estados-nación.

Ataques de los nacionalistas. 

Los primeros ataques sobre el joven movimiento anarquista fueron que provenían de los nacionalistas chinos, que vieron al anarquismo como una amenaza a sus esfuerzos por construir una nación fuerte, centralizada, unificada y moderna que pudiera hacer frente a la potencia invasora del imperialismo occidental. Como un lector nacionalista escribió en una carta al Hsin Shih-chi”, un periódico anarquista publicado por el grupo de París, Isla de Francia (Francia):

Si el pueblo sólo sabe clamar vacíamente que “No queremos ningún gobierno, ni soldados, ni fronteras nacionales, ni Estado” y están a favor de la armonía universal, la justicia, la libertad y la igualdad, me temo que aquellos que sólo conocen la fuerza bruta y desconocen la justicia, reunirán sus ejércitos para dividir a nuestra tierra y a nuestra gente.

Los nacionalistas también sostenían que sólo mediante la construcción de un frente popular podría el movimiento nacionalista derrotar a los manchúes y a la dinastía Qing, y que en el largo plazo si hubiera alguna posibilidad de que el anarquismo tuviera éxito debía ser necesariamente precedido por un sistema republicano que asegurase a China.

Respuesta anarquista. 

La respuesta de los editores de Shi Hsin-Chi”, escrita por Li Shih-tseng, se fundamentaba en la idea de que la revolución que propugnaban sería global, simultánea y espontánea. Por lo tanto, los imperialistas extranjeros estarían demasiado preocupados con las revoluciones en sus países de origen para invadir o acosar a China. Sostuvieron también que el tener un fuerte gobierno centralizado coercitivo no había impedido a los enemigos de China atacarla en el pasado, y que a largo plazo la tiranía es tiranía, independientemente de si es nativa o extranjera. Por lo tanto, el único enfoque lógico para un pueblo que quiere la libertad debería ser oponerse a toda autoridad ya sea manchú, Han, extranjera o nativa.

En retrospectiva, la pregunta obvia sería ¿cómo podían esperar que una revolución espontánea mundial sucediera?, y la respuesta es que el grupo de París, Isla de Francia (Francia), al igual que la mayoría de los radicales de todo género del mundo en aquellos años, creía en la revolución como algo semejante a una fuerza de la naturaleza. En el contexto de su pensamiento, la Revolución habría venido porque era evidentemente necesaria, y su función era simplemente preparar a las personas para ello y ayudarlos a ver la obvia necesidad del cambio social. Esta perspectiva proporciona una buena comprensión de la naturaleza fundamentalmente evolucionista del movimiento, y explica el enfoque del movimiento centrado en la educación en lugar de cimentar una organización.

Resultados de la colaboración. 

La participación de destacadas figuras nacionalista indica el papel de las relaciones personales en la organización de los grupos de París, Isla de Francia (Francia). Las personas que fundaron ese grupo habían salido del movimiento nacionalista y quedaron fuertemente ligados a éste por una estrecha red de amistades personales. Por lo tanto, era natural para ellos que tratasen de integrar a sus amigos en su organización con la esperanza de ganarlos y la influencia que poseían para la causa anarquista.

El resultado real de esta colaboración fue que los anarquistas, no los nacionalistas, comprometieron su propia posición, ya que el hacer esto les permitió acceder a posiciones de poder en el gobierno nacionalista al que eran teóricamente contrarios. Ese mismo año, Jing Meijiu y Zhang Ji (otro anarquista afiliado al grupo de Tokio) serían elegidos para el parlamento republicano. Shifu y el grupo Guangzhou declararon que con su accionar se habían convertido en traidores a la causa y demostrado su falta de compromiso con el movimiento, pero los dos hombres seguían llamándose a sí mismos anarquistas y fueron activos en la promoción del anarquismo hasta finales de la década de 1920.

Como contrapunto a esa colaboración, sin embargo, hay evidencia de que muchos otros anarquistas podrían haberse unido al nuevo gobierno nacionalista y ganar posiciones de poder y privilegio, pero que se negaron a hacerlo para no contradecir sus principios. Como Scalapino y Yu sostienen: “no puede haber duda de que muchos se negaron a jugar el tipo de papel político que era tan necesario en un período en el cual el personal capacitado era extremadamente escaso en comparación con el de las labores manuales.”

Cuestiones estratégicas. 

Arif Dirlik afirma que estos problemas son indicativos de la ambigüedad que persiste en la definición del anarquismo. Más exactamente, fue una cuestión de estrategia. Estos hombres se consideraban anarquistas porque estaban trabajando para la supresión a largo plazo del capitalismo, el Estado, y la autoridad coercitiva en general. En su visión, el anarquismo era un objetivo a muy largo plazo y no algo que esperaban ver realizado durante sus vidas. Chiang, por ejemplo, creía que se necesitarían 3.000 años para lograr la revolución que soñaban.

Entendiendo esto, es más fácil ver por qué los anarquistas se verían tentados a hacer campaña, a ocupar cargos políticos o colaborar con elementos simpatizantes en el gobierno, ya que de lo ayudaría a lograr sus metas a largo plazo. Esta actitud era claramente diferente a la del anarquismo revolucionario de Kropotkin y Bakunin, o incluso del grupo de Guangzhou, cuyo objetivo inmediato era la revolución y la creación de una sociedad anarquista en el corto plazo.

Nacimiento y crecimiento del anarquismo. 

Fue por esta razón que el grupo de París, Isla de Francia (Francia) declaró que la educación era la actividad más importante en la que podrían estar involucrados los revolucionarios, y que sólo a través de la educación de la gente podría lograrse el anarquismo. (Véase, por ejemplo Wu Zhihui: “Education as Revolution,” The New Era, September 1908).1 En consecuencia, orientaron sus actividades hacia la educación en lugar de los actos violentos o la organización de las bases (las otras dos formas de activismo que justificaban en teoría).

A tal fin, el grupo de París, Isla de Francia (Francia) creó una variedad de empresas gestionadas por los estudiantes, y entre ellas una fábrica de queso de soja (tofu), para financiar los estudios de los estudiantes radicales de China que querían una educación en el extranjero. Los estudiantes estudiaban y trabajaban, adquiriendo así una educación europea por una parte mínima de lo que de otro modo les hubiera costado; y en el proceso adquirían experiencia de primera mano sobre lo que podría significar vivir, trabajar y estudiar en una sociedad anarquista. El programa de estudios en el exterior jugará un papel crítico infundiendo el lenguaje y las ideas anarquistas a cientos de estudiantes que participaron en él, y que pertenecían al conjunto de los movimientos nacionalista y revolucionario. El enfoque era eminentemente pragmático ya que servía a una necesidad real de los estudiantes que querían estudiar en el extranjero, pero carecían de los recursos financieros para hacerlo, y demostró que los modelos de organización anarquista basados en la ayuda mutua y la cooperación son alternativas viables a las empresas capitalistas con fines de lucro .

A pesar de las ocasionales fricciones, la tendencia abrumadora de los grupos de París, Isla de Francia (Francia) y de Tokio, Honshū, Kantō, (Japón) era ayudar a la causa nacionalista. De hecho, varios de los miembros del grupo de París, Isla de Francia (Francia) fueron de los primeros miembros del Kuomintang y se convirtieron en amigos cercanos de Sun Yet-Sen. Al menos en dos ocasiones Sun solicitó y recibió “considerable” asistencia económica de Chang Ching-Chiang , quien estaba vinculado al grupo de París, Isla de Francia (Francia).

Esta colaboración es comprensible dado el énfasis tanto de los anarquistas y como de los nacionalistas en la importancia de que los revolucionarios trabajasen juntos, y por el eclecticismo extremo de Sun Yat-Sen, que afirmó que “el objetivo final de los tres principios populares eran el comunismo y el anarquismo.” También esto puede explicar la buena disposición del Grupo de París, Isla de Francia (Francia) a aceptar fondos del gobierno nacionalista para ampliar sus programas unos años más tarde, durante la Primera Guerra Mundial.

El anarquismo como movimiento de masas. 

En 1911 el anarquismo se había convertido en el motor de la movilización popular y había llegado mucho más allá de su asociación inicial con los estudiantes ricos que cursaban en el extranjero, para convertirse en un verdadero movimiento revolucionario en el conjunto del pueblo. Hay algunas evidencias de que los trabajadores del movimiento popular que se estaba desarrollando en esa época aprovechó un reflujo secundario de los ideales anarquistas debido a la gente que había estado trabajando en los Estados Unidos y se vio obligada a regresar a China tras la aprobación de la Chinese Exclusion Act de 1882. Este decreto limitó fuertemente (pero no eliminó) el flujo de trabajadores chinos hacia y desde los Estados Unidos .

Influencia de los anarquistas de los Estados Unidos. 

En los Estados Unidos, los anarquistas habían sido casi los únicos en el movimiento obrero en oposición explícita al racismo contra los trabajadores asiáticos y mexicanos, y cuando Emma Goldman habló en un mitin en San Francisco en la década de 1890 asistieron varios miles de trabajadores chinos. Además, desde 1908 en adelante, muchos millares de trabajadores chinos en América del Norte particularmente aquellos que trabajan en California y el Pacífico-Noroeste se convirtieron en miembros de la Industrial Workers of the World (IWW). Los wobblies (como eran llamados los miembros de la IWW) fueron el primer sindicato estadounidense en oponerse a la institución de la Supremacía Blanca de manera organizada y manifiesta, y en reclutar activamente en sus filas obreros asiáticos, negros, latinos y trabajadores migratorios. Su defensa de los inmigrantes chinos que estaban siendo objeto de un sistemático acoso y discriminación les granjeó una gran participación de los trabajadores chinos, y un amplio apoyo dentro de la comunidad china de América del Norte.

La influencia de los chinos miembros de la IWW de retorno a China casi no ha sido estudiada, pero la fuerte participación anarquista en el movimiento sindical chino y la recepción favorable que tuvieron puede deber algo a esta relación anterior entre los trabajadores chinos y los revolucionarios anarquistas.

La revolución nacionalista de 1911. 

Después de la revolución nacionalista de 1911 y la victoria de la Alianza Revolucionaria, que contó con varios destacados anarquistas como dirigentes del movimiento, los anarquistas tuvieron un poco más de espacio para organizarse. Al mismo tiempo, el gobierno nacionalista no era en absoluto una garantía para la libertad de organización de los antiautoritarios, y la persecución del gobierno estaba en ciernes. Con el objetivo nacionalista de derrocar a la dinastía Qing de los manchúes alcanzado, la principal oposición ideológica al anarquismo venía de los autodenominados socialistas, incluida la Sociedad Socialista China y el ala izquierda del movimiento nacionalista, que siguiendo a Sun Yet-Sen- se autodenominaba socialista. Jiang Kanghu, fundador de la Sociedad Socialista China en 1911, había sido un colaborador de La Nueva Era” (una de las publicaciones del Grupo de París, Isla de Francia (Francia)), e incluía en la plataforma de su partido la abolición del Estado, la estructura familiar tradicional y de la cultura confuciana.

La principal fuente de conflicto surgió porque la SSC quería mantener las relaciones de mercado pero complementadas con una amplia red de seguridad social, ya que consideraban que las personas sin ningún tipo de mecanismo de incentivo no producirían nada y la sociedad colapsaría. Otras fuentes de fricción que tenía que ver con el interés del SSC en desarrollar la revolución en China en primer lugar, y en la utilización de cargos electorales como una herramienta para lograrlo ambas desviaciones importantes del anarquismo clásico. Jiang nunca se llamó a sí mismo como anarquista, por lo que su partido se consideraba generalmente como fuera del movimiento, a pesar de las similitudes. En 1912 el partido de Jiang se dividió en dos facciones: los socialistas puros, dirigidos por el monje anarquista budista Tai Xu, y el resto del partido, dirigidos por Jiang.

Liu Shifu, quien llegaría a ser una de las figuras más importantes en el movimiento anarquista en la China continental fundó un grupo en Guangzhou un poco después durante ese mismo año, con un programa explícitamente anarquista-comunista.

Los Socialistas Puros. 

El programa revisado de los Socialistas Puros incluía la abolición total de la propiedad y un sistema económico anarquista-comunista. Shifu los criticó por mantener el nombre de “socialistas”, pero su plataforma fue claramente anarquista, tanto es así que los dos grupos generalmente se consideraban entre sí como camaradas. El énfasis en la importancia de la lucha campesina, que había sido adelantado con anterioridad por el grupo de Tokio, Honshū, Kantō, (Japón), también se convertiría en un tema importante de discusión y organización entre los anarquistas chinos, ya fueren los Socialistas Puros o del grupo de Guangzhou, durante este período. Fueron los anarquistas quienes primero señalaron el rol fundamental que los campesinos debían desempeñar en cualquier intento revolucionario serio en China, y los anarquistas fueron los primeros en tomar parte en cualquier ensayo serio de organizarlos.

El Grupo de Guangzhou. 

Liu Shifu, miembro del grupo Guangzhou.
Liu Shifu, miembro del grupo Guangzhou.

La base principal de la actividad anarquista en la China continental en este período estaba en Guangzhou, (China) pero los grupos de París, Isla de Francia (Francia) y de Tokio, Honshū, Kantō, (Japón) continuaron teniendo una influencia significativa. Los Socialistas Puros, también estuvieron muy comprometidos, pero debido a que eran tanto budistas como anarquistas, estaban más interesados en promover la virtud y menos enfocados en la revolución inmediata. Por esta época el grupo de París, Isla de Francia (Francia) había llevado su anarquismo a una filosofía muy abstracta que estaba más preocupada por el lugar del individuo en la sociedad que con las realidades cotidianas de los trabajadores. Esto quizás no debería resultar sorprendente, dado los orígenes pudientes de la mayoría del grupo de París, Isla de Francia (Francia), pero que llevaría a la fricción creciente entre ellos y sus compañeros en Guangzhou, (China), más orientado a la lucha de clases.

Sus más importantes contribuciones en esta fase fueron los fundamentos de “una alianza entre los intelectuales y los trabajadores” y su propaganda de trabajo que tenía por objeto deferenciar al anarquismo de todos los otros socialismos que fueron ganando en popularidad; y al hacerlo cristalizó por primera vez lo que verdaderamente era el anarquismo.


Mientras el grupo de París, Isla de Francia (Francia) había preferido exponer sus ideales en términos de libertades negativas, es decir, libertad frente a la coerción, libertad frente a la tradición, etc; el grupo de Guangzhou, (China) utilizaba afirmaciones positivas de los derechos y los trabajadores, mujeres, campesinos y otros grupos oprimidos, para exponer su visión de una sociedad anarquista. Es de destacar la ausencia de cualquier mención a las minorías étnicas, ya que una parte fundamental de su programa era la eliminación de las minorías étnicas, raciales y de las identidades nacionales, a favor de una identidad internacionalista que otorgaba una importancia primordial a la lealtad en la humanidad en su conjunto, en lugar de la lealtad étnica o al grupo racial.

Es importante reconocer que esta posición fue formulada en respuesta a la preeminencia puesta en los orígenes étnicos por el movimiento anti-manchú, que trataba de afirmar la ilegitimidad de la dinastía Qing, basándose en el hecho de que sus miembros formaban parte de una minoría étnica sin contacto con la mayoría Han, una posición que los anarquistas de los cuatro grupos principales denunciaron como racista e impropia de un movimiento que afirmaba estar trabajando por la liberación. Su posición, por lo tanto, era que la organización en base al origen étnico conducía al racismo, y no tenía lugar en una revolución que buscaba la liberación de toda la humanidad.

Mientras que estaba en consonancia con la postura del movimiento anarquista mundial de su época, esta posición provoca respuestas varias de los anarquistas modernos, muchos de los cuales ven un potencial revolucionario en las luchas de los grupos étnicos y raciales oprimidos. En términos del proyecto revolucionario en China, Ward Churchill, cita las declaraciones de apoyo a la autodeterminación de las minorías étnicas chinas, que fue clave para que los comunistas pudieran ganar el apoyo de estos grupos para su movimiento. Esto iba a resultar decisivo en la subsiguiente guerra civil entre el Partido Comunista de China y el nacionalismo chino.

Los anarquistas de Guangzhou, (China) fundaron un periódico llamado “La Voz del Pueblo” y comenzaron a organizar a los trabajadores, mientras que en Taiwán, Jing Meijiu – que se había convertido al anarquismo como parte del grupo Tokio- fundó una fábrica/escuela anarcofeminsta administrada por los trabajadores, para servir como una herramienta que ayudase a las mujeres al mismo tiempo a ganarse la vida y recibir una educación.

La influencia del grupo de París. 

En 1912, los miembros del grupo de París que habían regresado a China establecieron la “Sociedad Promotora de la virtud”, cuya dirigencia incluía anarquistas prominentes como Li Shezeng y nacionalistas, como Wang Jiangwei.

El objetivo de esa sociedad, de acuerdo con las tendencias del grupo de París, estaba tanto en la virtud y el comportamiento moral personal como en la praxis revolucionaria. Sus reglas para la afiliación delineaban diferentes niveles de compromiso y desalentaba que sus miembros comieran carne y visitasen prostitutas; y concretamente les prohibió viajar en sillas de manos, tener concubinas, o ejercer cargos públicos.

Si bien podría considerarse que esas reglas eran superfluas, la evidencia sugiere que deberíamos tomarlas muy seriamente, ya que la mayoría de las organizaciones anarquistas de China de esa época incluían normas similares. El objetivo era crear cuadros revolucionarios que liderasen por medio de su ejemplo personal y ayudasen a crear un modelo para una nueva cultura revolucionaria. Hay aquí un obvio paralelo con la tradicional obligación de la gente integrada en la vida pública, de dar el ejemplo y de promover la virtud.

Francia necesita trabajadores. 

Sólo unos pocos años más tarde, durante la Primera Guerra Mundial, el grupo de París sacó provecho de las necesidades de mano de obra en Francia para obtener fondos de los gobiernos francés y chino para ampliar su movimiento de estudiantes/trabajadores, a fin de incluir a trabajadores chinos. Los estudiantes continuaron llegando, pero parte de su programa de educación incluía ahora dar clases y educar a los miles de trabajadores chinos que apoyaban el esfuerzo de guerra francés. Al hacerlo, ayudaban a una potencia capitalista colonialista (si bien una república) en su autodefensa en contra de otra potencia imperialista capitalista.

Mientras tanto, un pequeño número de conocidos anarquistas, entre los que estaba Kropotkin, dio su apoyo a Francia durante la Primera Guerra Mundial porque la veían como más progresista que Alemania, temiendo que una victoria alemana supondría un perjuicio para sus actividades revolucionarias en Francia. Esta fue sin duda una posición minoritaria en términos del movimiento anarquista global, que en su gran mayoría mantuvo una postura antibelicista.

El grupo de París que se caracterizaba por su pragmatismo, y dado que los trabajadores chinos de todos modos iban a llegar, tomaron ventaja de la situación y la utilizaron como una oportunidad para satisfacer las necesidades a corto plazo de sus enemigos, para poder de cumplir su propio objetivo a largo plazo de educar a los trabajadores. El hecho de que fueron capaces de obtener fondos del gobierno para un programa de educación con el objetivo de formar a jóvenes y trabajadores para llegar a convertirlos en eficaces revolucionarios es una reivindicación de sus tácticas.

Difusión de las ideas anarquistas. 

Las implicaciones prácticas de esta amplia difusión de las ideas anarquistas, y el lugar en que tuvieron lugar, son fuertes indicadores de la fuerte fusión del pragmatismo y el idealismo que caracterizó a las actividades de los grupos de París. En cualquier caso, el contacto creciente con la realidad de los trabajadores tuvo un profundo efecto en su propaganda y sus teorías, volviéndose los asuntos laborales en una parte mucho más importante de su programa.

El anarquismo como movimiento popular. 

En 1914 el anarquismo se había convertido en un verdadero movimiento popular en China acrecentando su número, abarcando desde los campesinos y los obreros de las fábricas hasta los intelectuales y los estudiantes se desilusionados con el gobierno nacionalista y su incapacidad para alcanzar la paz y la prosperidad que había prometido.

La mayor desventaja que el movimiento había sufrido a lo largo de su historia, fue la extremada difusión de las ideas anarquistas hasta el punto que se estaba haciendo difícil determinar con exactitud que era y que no era un anarquista. Liu Shifu se dispuso a poner remedio a esa situación en una serie de artículos en La Voz del Pueblo, atacando a Jiang Kanghu, Sun Yet-Sen y a los Socialistas Puros.

Los debates subsiguientes sirvieron para cristalizar qué era exactamente lo que se entendía por anarquismo. Estos artículos se daban generalmente en un tono de camaradería. El objetivo era hacer una diferenciación clara entre las diversas corrientes de pensamiento de ese entonces. Las cartas dirigidas a Sun Yet Sen y a los nacionalistas tenían por objeto exponer las ambigüedades de la utilización que hacían de la palabra “socialismo” para describir sus objetivos, que claramente no eran socialistas según cualquier definición contemporánea. Los ataques a Jiang y la SSC intentaron describir su visión de la revolución y el socialismo como demasiado limitado, ya que se centraba en un solo país, oponiéndose también a la parte de su programa que proponía la conservación de las relaciones de mercado. El ataque a los Socialistas Puros fue, con mucho, el más suave, siendo la crítica principal que si ellos se consideraban verdaderamente anarquistas, entonces deberían llaman a sí mismos anarquistas y no socialistas. El periódico La Voz del Pueblo convocaba y publicaba las respuestas de todos los partidos, y su objetivo parece haber sido la generación de un debate abierto y respetuoso entre camaradas.

Durante los siguientes cinco años, el movimiento creció lenta pero constantemente a medida que cada uno de los distintos grupos continuó sus proyectos de propaganda, educación y organización. En 1915 los argumentos anarquistas para una Revolución Social que se habían originado una década antes con el grupo original de París, encontraron una mayor aceptación en el Movimiento de la Nueva Cultura, que fue iniciado por un pequeño grupo de intelectuales en Pekín, pero se extendió al resto de la provincia durante los próximos cuatro años, hasta que se fusionó al Movimiento del Cuatro de Mayo.

El Movimiento de la Nueva Cultura no era anarquista, pero en su glorificación de la ciencia y el desprecio extremo para el confucianismo y la cultura tradicional extendieron las críticas que se habían originado con el grupo de París. La proliferación del pensamiento anarquista durante este período puede ser vista como una confirmación de las influencias anarquistas en este movimiento desde su fundación.

Declinio anarquista y crecimiento del maoísmo. 

Una vez que los bolcheviques en Rusia consolidaron su poder, inmediatamente trataron de ampliar sus áreas de influencia. Su interpretación de la predicción de Karl Marx acerca de que la revolución sería mundial era que – como la vanguardia revolucionaria mundial – deberían utilizar todos los medios a su disposición para iniciar y apoyar revoluciones de al estilo bolchevique en todo el mundo. De acuerdo con la doctrina de Lenin sobre el imperialismo, su atención se centró en las naciones subdesarrolladas, porque creían que una vez que esas naciones se hubiesen quitado el yugo del imperialismo, el capitalismo occidental -privado del apoyo material y las materias primas que necesitaba- se desmoronaría. También apuntaron específicamente a aquellos países con movimientos revolucionarios ya constituidos, entre los que se hallaba China.

En 1919 los anarquistas jugaron un importante papel en el Movimiento del Cuatro de Mayo que abarcó el país. Fue en este momento que los bolcheviques comenzaron a organizarse en China y comenzaron a ponerse en contacto con grupos anarquistas de ayuda y apoyo. Los anarquistas, confundiendo a los bolcheviques como aliados y sin saber sobre cómo los bolcheviques habían subordinado los soviets a su aparato de partido, les ayudaron a crear grupos de estudio comunistas -muchos de los cuales fueron mayoritariamente anarquistas en sus inicios- e integraron a los bolcheviques al movimiento obrero chino y a los movimientos estudiantiles.

Creación del Partido Comunista. 

En 1921, con la fundación del Partido Comunista de China (PCCh), el movimiento anarquista casi de inmediato empezó a perder terreno. El bolchevismo y la plataforma del Partido Comunista fueron súbitamente atractivos para los trabajadores chinos porque les ofrecían la promesa de cambio para un futuro inmediato.

Cuando el PCCh entró en el Primer Frente Unido con el Kuomintang contra los señores de la guerra en 1924, ganaron un acceso aún más amplio para el movimiento obrero y los movimientos de masas en general. En un período de dos años, el PCCh pasó de una plantilla de unos pocos cientos de afiliados a más de 50.000 a través de su apoyo y la asimilación de los diferentes movimientos de masas.

Ataques al anarquismo. 

Habiendo aumentado enormemente su número de miembro, El Partido Comunista ya no sentía la necesidad de ocultar su desdén por el movimiento anarquista y comenzó una serie de ataques contra el anarquismo y los anarquistas en sus publicaciones internas. El propósito de estos ataques era desacreditar a su oposición, y llevar la ideología a la base de las masas recientemente adquiridas. Esto es particularmente crítico, ya que prácticamente todos los líderes del PCCh durante los próximos cincuenta años serán elegidos de entre la gente que había comenzado como anarquistas. El hecho de que tantos radicales dejaran el movimiento anarquista y se unieran al PCCh es indicativo de las limitaciones del anarquismo chino durante este período.

A medida que la influencia de los comunistas fue creciendo, sus ataques sobre el anarquismo se hicieron más abiertos y más virulentos. Mientras los primeros debates entre Ou Shenbai y Chen Duxiu, su antiguo maestro, habían sido amistosos, más tarde los debates se convirtieron en vivamente hostiles. A medida que el movimiento anarquista disminuyó rápidamente, su situación se hizo cada vez más desesperada.

Una minoría de anarquistas, en su mayoría del grupo de París, había participado en el Kuomintang casi desde su fundación; pero la mayoría de los anarquistas, de acuerdo con sus declarados principios en contra de la participación en cargos de autoridad, se había negado a participar en esta alianza. Cuando el Kuomintang purgó las filas del partido en 1927, la pequeña minoría de anarquistas que habían participado en éste, instó a sus compañeros más jóvenes a unirse al movimiento y utilizar al movimiento popular como un vehículo para derrotar a los comunistas y hacer realidad la anarquía. Esto causó la oposición inmediata de los grupos anarquistas que seguían funcionando. Pero incluso los críticos de este oportunismo, sin embargo, con el tiempo se sumaron -aunque sólo fuese porque parecía ser la única posibilidad para hacer su movimiento relevante otra vez y recuperar el impulso perdido.

El resultado de esta última colaboración fue la creación de la primera Universidad del Trabajo en China, que pretendía ser una versión doméstica del programa educativo de los grupos de París y que trató de crear una nueva generación de “intelectuales obreros” que finalmente permitiría superar la brecha entre “trabajadores manuales” y “trabajadores intelectuales”. La universidad sólo funcionaría por muy pocos años antes de que el gobierno nacionalista decidiera que el proyecto era subversivo y le retiró su apoyo.

Había sido aceptable para los anarquistas el utilizar fondos del gobierno para promover el anarquismo tal como lo habían hecho en Francia, pero cuando empezaron a hacerlo en su propio país, sus “aliados” no estaban en absoluto jubilosos. Cuando el KMT inició una segunda ola de represión contra los pocos movimientos de masas que quedaban, los anarquistas abandonaron la organización en masa y fueron empujados a la clandestinidad.

Situación actual. 

Las organizaciones anarquistas han dejado de ser protagonistas en la actual política china, debido a la fuerte represión impuesta por el Estado maoísta desde la época de la Revolución Cultural, dirigida en contra de los antiautoritarios. Sin embargo, como un movimiento clandestino de resistencia el anarquismo sigue siendo influyente. Las corrientes del socialismo libertario y el anarcocomunismo han sido particularmente fuertes en el movimiento contra la dictadura y en el movimiento sindicalista clandestino de China. El más conocido de ellos en el mundo occidental es el Grupo Autónomo de Beijing, uno entre varios grupos encargados de organizar las Protestas de la Plaza de Tian’anmen de 1989.

Otras lecturas. 

Notas.

  1. «Anarchism: A Documentary History of Libertarian Ideas». blackrosebooks.net. Consultado el 16 de junio de 2006.

Bibliografía.

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  • Bernal, M. “The Triumph of Anarchism over Marxism,” China in Revolution. Ed M.C Wright, New Haven: Yale University Press, 1971
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Enlaces externos.

 

Historia del Movimiento Anarquista en China

Artículo de Albert Meltzer, publicado en “Historia Libertaria” nº5, 1979.

Cartel sobre la revolución china de 1911
Cartel sobre la revolución china de 1911

 

El anarquismo en China

La lucha del pueblo chino contra el despotismo y la tiranía no tiene parangón en la historia de la lucha de clases. Los chinos han padecido todas las formas de tiranía imaginables. En busca de un nuevo orden social basado en la justicia, han tenido que enfrentarse a las más duras formas de opresión conocidas por el hombre. El desprecio y la indiferencia que las sucesivas castas dominantes han profesado al pueblo, solamente podría compararse con el comportamiento de la aristocracia española, que todavía cree en el derecho divino de su poder.

Pero las diferencias nacionales se difuminan cuando el pueblo se enfrenta a sus dirigentes. Es comprensible que los métodos usados por el movimiento anarquista chino, respondiendo a las atrocidades de los jefes militares, burócratas y clases dirigentes del «Imperio Celeste», hayan sido similares a los métodos adoptados por los amantes de la libertad en cualquier lugar donde la clase dirigente actúe de forma parecida.

Trazando los orígenes de los anarquistas chinos hasta lo que a sus más modernas manifestaciones concierne, Albert Meltzer ilumina una parte de la Historia del Trabajo que no debe ser olvidada. Como la historia del movimiento español, o el de Argentina, de Ucrania o Bulgaria, está marcada con las señales de sucesivas batallas mucho más significativas para nosotros que las luchas contra el imperialismo glorificadas en los libros escolares. Pero la historia del movimiento revolucionario no se vuelve a contar por el mero hecho de conmemorar el pasado o de servir de inspiración para el futuro. No podemos escapar al hecho de que la ocasión nos obliga frecuentemente a proseguir, a reanudar viejas batallas, explorar el mismo suelo, comer la misma porquería y luchar contra viejos enemigos (a veces con nombres diferentes). No hay manuales de entrenamiento para las luchas futuras, sólo están las experiencias recogidas en el pasado.


Stuart Christie

Orígenes del Movimiento Anarquista en China

Fue en los primeros años de este siglo cuando el movimiento anarquista apareció en el imperio chino. Es verdad que el pensamiento clásico chino (Lao Tse) contiene elementos de anarquismo, aunque algunos anarquistas chinos rechacen esta aseveración (dicen que siempre hay alguien que encuentra en los clásicos chinos el origen de conceptos o ideas actuales). Pero en su forma moderna, el anarquismo llegó a China en el tumultuoso período en que la nación se volcaba en lucha contra la dinastía imperial (una casta extraña impuesta a China).

Como en otros países donde los anarquistas forjaron el movimiento obrero precediendo a otras formas de pensamiento socialista, el movimiento anarquista se hizo grande, aunque, al mismo tiempo, incluyera a personas que en otras circunstancias no serían tenidos por tales. Es importante reconocer este hecho, pues hay mucha gente que en ciertas circunstancias muda su natural «lugar» ideológico. Edgar Snow afirma, en sus conversaciones con Mao Tse Tung, que el mismo Mao estuvo influenciado por los anarquistas; pero mi información es que «él era, como mucho, miembro del Movimiento Antialcohólico». Esto, que suena absurdo a nuestros oídos, no lo es tanto si se tiene en cuenta que el rechazo del alcohol estaba en China tan identificado con las tendencias revolucionarias, como en España, en el siglo XIX, el anticlericalismo con el liberalismo.

Los verdaderos fundadores del anarquismo chino fueron Li Shih-Tseng y Chang Chiang-chiang, aunque el mismo Li lo niegue, afirmando que cuando los estudiantes chinos que habían salido al extranjero retornaron a su país armados con los conocimientos que habían adquirido en Francia, encontraron a trabajadores de muchas cofradías que habían llegado por sí mismos a idénticas concepciones y que adoptaron las nuevas palabras como descriptivas de su actitud. Tanto Li como Chang provenían de familias ricas. Habían ido a París con una misión gubernamental compuesta por gran número de estudiantes, con el objeto de estudiar las ideas occidentales a fin de aplicarlas a los negocios chinos. Desde el mismo momento en que pisaron París, en 1902, Li y Chang se interesaron por la C.G.T., entonces en su apogeo como organización anarcosindicalista. Es lo que Emma Goldman llamó «la universidad del anarquismo». Un vivo ejemplo de organización obrera, donde los trabajadores podían aprender a ser dueños de su propio destino. La C.G.T. fascinó a Li y Chang, que nunca habían oído hablar de lo que era un sindicato. Habían llegado al anarquismo en uno de sus momentos más dinámicos y constructivos; inmediatamente abandonaron su misión, abrazando la causa libertaria.

Para poder permanecer en Francia, Chang fundó la compañía Tung Yun, una empresa comercial especializada en importaciones de China, y abrió una ca sa de té (véase Apéndice III). Chang trajo jóvenes de su pueblo natal para que estudiaran las nuevas ideas. Se mantenían trabajando de cocineros y aprendían a la vez lo máximo posible para llevar consigo a China. La intención era que los estudiantes pasasen a cumplir la función de maestros entre los campesinos que afluían a las grandes ciudades para engrosar el proletariado industrial. Posteriormente, esta idea fue imitada por el gobierno chino. Chang no tenía interés personal por el poder, esperaba constituir una C.G.T. china o, al menos, un movimiento revolucionario en China. Muchos de los que trabajaron con él llegaron a ser activos anarquistas, incluyendo a Chu Min-I.

Otro chino, un biólogo llamado Wu Chin-hui, que había ido a París a realizar estudios experimentales de química, se interesó por el anarquismo y se unió a Li y Chang. En 1906, los tres compraron una imprenta y fundaron el semanario “El Nuevo Siglo”. Fue el primer periódico anarquista en chino que llegó a conocerse en todo el mundo.

Los anarquistas de París, que llegaron a constituir una importante fuerza dentro del movimiento revolucionario chino, se unieron para formar una «Sociedad para el Estudio del Socialismo». El resurgimiento de la «joven» China trajo consigo la propaganda socialista, sobre todo anarquista.

Tan grande fue la influencia entre los jóvenes chinos del período prerevolucionario y hasta 1914, que las autoridades encontraban a menudo dificultades para conseguir personas con un nivel de educación adecuado que aceptaran puestos en el Gobierno. Sin embargo, desde el principio, los anarquistas chinos se dividieron en dos categorías, bajo el calificativo de «duros» y «blandos». Los «duros» eran aquéllos que, dado su carácter militante, seguro que nunca formarían parte de un gobierno. Sólo les estaría posibilitada una militancia abierta a aquellos jóvenes que, para subsistir, rehusaran compromisos con las autoridades, dando clases privadas, haciendo periodismo o, lo que era más frecuente, abriendo un pequeño negocio. Pues para ocupar otros puestos, como el de profesor, bibliotecario u oficinista, era necesario congraciarse con altos oficiales y, literalmente, humillarse ante el mandarín, ayudando a mantener el orden del Estado del mismo modo que un policía. A la larga, la rebelión se extendió en contra de esta situación. Sin embargo, en muchos casos, los revolucionarios admitían que algunos de sus camaradas (los «blandos») transigieran con las autoridades sin considerarlos traidores, con la justificación de que necesitaban «ganarse el pan». Mientras no actuaran como delatores, podrían incluso retener el afecto de sus camaradas, como se verá más adelante.

El fin de la Emperatriz

A medida que la vida de la Emperatriz se acercaba a su fin, los pilares del Imperio comenzaban a tambalearse. En Londres, Sun Yat Sen había formado un movimiento chino a nivel mundial con el fin de derrocar a los Manchú. Los chinos, que (fuera de su país) de no ser ricos negociantes eran considerados como parias, estaban despertando. Sun Yat Sen era más proclive a las teorías de Henry George que al socialismo aunque su plan para la reforma de China se basaba en un frente popular que uniría a todas las clases contra los «usurpadores extranjeros» y en la organización militar. Su consejero militar; un gangster canadiense llamado Moishe «Dos Pistolas» Cohen, llegó a ser famoso como general chino y heredero militar de Sun, que será aceptado por los comunistas y el Kuomintang en años posteriores. Criticó a los anarquistas y se enfrentó a ellos por su defensa del asesinato (ver Apéndice II). Los anarquistas, por su parte, criticaron su militarismo y nacionalismo.

Sería interesante echar una ojeada al Movimiento Anarquista Chino tal y como era antes de 1911, cuando aún existía el grupo de París como su núcleo básico, no obstante enviar de regreso a China, años tras año, a aquellos estudiantes que habían asimilado las ideas libertarias. El «Movimiento del Nuevo Siglo», como más propiamente se llamaba, era anarcocomunista. Naturalmente había algunas diferencias específicas debidas al carácter chino. Postulados anarquistas eran: no beber, no jugar, no frecuentar prostitutas, no tener concubina, etc… Por otra parte, fueron los primeros en cortarse la coleta, debiéndose a ellos el que la «cola de cerdo», símbolo de servidumbre, fuera abolida. El horror de las autoridades chinas ante este hecho sólo puede compararse al de algunos gobiernos dictatoriales al encontrar jóvenes con pelo largo. Las personas que se cortaban la «coleta» eran golpeadas y enviadas a prisión, para ser liberadas, en muchos casos, con coletas postizas. Puede uno imaginarse la indignación de la vieja generación.

Los anarquistas introdujeron las peores «costumbres modernas». Rechazaban vestir la ropa tradicional y desaprobaban el hábito de las muchachas de usar cosméticos o peinados atractivos. Esto podría dar impresión de fanatismo, pero no era ese el caso. Disfrutaban la vida y aprovechaban al máximo sus posibilidades, sólo que estaban en contra de las sofocantes tradiciones, que conducían al placer por un refinamiento tortuoso. Es verdad que las jóvenes occidentales pueden mortificarse con los tacones altos, pero las muchachas chinas estaban condenadas a mantener sus pies artificialmente pequeños desde el nacimiento, lo cual no sólo suponía un alto grado de sufrimiento físico sino también conformar sus ideas al modelo de elegancia de las clases altas. No usaban los cosméticos como la muchacha francesa, que luchaba en la Resistencia con su bolso al lado y se pintaba los labios antes de enfrentarse a la Gestapo. Las muchachas chinas de buena posición pasaban tres horas en su toilette, arreglándose el pelo y maquillándose. Esclavas de su belleza, eran menos libres que aquellas jóvenes obreras que se mantenían sobre sus pies durante la jornada de trabajo. Por eso, entre la juventud de la clase media, cundió rápidamente la idea de belleza de la campesina. Las chicas así emancipadas eran denunciadas a menudo como putas y la gente sin escrúpulos trataba de introducirlas en la prostitución. No ocurría esto, sin embargo, si las chicas eran anarquistas, pues tenían una contundente respuesta: la pistola o el cuchillo.

A lo largo de los años, el «Movimiento del Nuevo Siglo» llevó a cabo una intensa campaña contra la religión: eran opuestos a toda forma de superstición religiosa. Algunos afirman que el posterior triunfo de los comunistas pudo ser debido al decidido rechazo por los anarquistas del tradicionalismo, la dominación familiar y la superstición, sin cuya desaparición los marxistas no hubieran llegado nunca al poder. Ciertos escritores comunistas han expresado su gratitud hacia los pioneros en esa lucha, anarquistas todos. Para Li y Chang había «Cinco medios para la revolución»:

-Libros y discursos para «levantar» al pueblo y ampliar su educación.

-Mítines y asambleas mediante los cuales se reúne al pueblo, que puede así descubrir el alcance de su fuerza.

-Resistencia a los impuestos para debilitar al Estado.

-Oposición al servicio militar y provocar huelgas, conceptos curiosamente unidos. La idea era que el soldado se retirara de su servicio y el obrero de su trabajo. (Ver apéndice l).

-Asesinatos y levantamientos en masa: consideraban que los asesinatos debilitarían el sistema.

El lento progreso de la industrialización del país hizo quejarse a los anarquistas de que en su vida verían una «C.G.T. china». Li estudió el sistema de los «tongs» (asociación o partido político chino) cuidadosamente. En muchos de los «tongs» existía un sistema de cofradías similar a la masonería, sin duda alguna original, donde se mantenían los secretos profesionales para los distintos oficios. Los «tongs» eran poderosos. El movimiento anarquista comenzó a trabajar entre las sociedades secretas, y de resultas entró en contacto con el Kuomintang. La relación entre ese sector del movimiento anarquista y el K.M.T. no fue unívoca, por cuanto algunos de los que entraron lo hicieron con el propósito de denunciar a Sun y causar un cisma, mientras otros colaboraron con él, de modo que tras la Revolución aceptaron posiciones parlamentarias y renunciaron al anarquismo. De los restantes, algunos eran anarquistas «blandos» que, en sus sueños de vejez, querían tener la ocasión de trabajar en la profesión que habían escogido tras años de andar errando y de luchar; otros sintieron de verdad que los objetivos fundamentales habían sido conseguidos. Wu y Li se hicieron miembros del Kuomintang y hay informaciones contradictorias sobre sus últimas actividades.

El movimiento japonés

Mientras tanto, Wu y Li realizaron un enorme trabajo para introducir el anarquismo en China. Igual participación tuvo en ello el anarquismo japonés. El movimiento anarquista japonés había crecido considerablemente bajo la influencia de Kotoku. Era éste un brillante orador y escritor, editor de un diario, se convirtió al socialismo y transformó el periódico en un órgano obrero, para terminar por hacerse (bajo la influencia de Kropotkin) anarquista. Como consecuencia, fue ahorcado por afrentar al Mikado (emperador del Japón).

El primer estudiante chino conocido que fue a Japón a estudiar y volvió influenciado por el movimiento anarquista se llamaba Liu Shih-pei, cuyos escritos se mantienen celosamente guardados por los anarquistas chinos. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, veneraba la tradición china, que consideraba libertaria, y afirmaba que en China el taoísmo y los escritos de Lao Tse habían preparado el camino. El gobierno tradicional chino era indiferente al pueblo y el pueblo a éste. Los estudiantes taoístas se distinguían por su desprecio al gobierno. El gobierno consideraba a la gente como plantas o animales; el pueblo consideraba al gobierno repulsivo o perverso. Por lo tanto, no hubo dificultad en hacer comprender el anarquismo; porque esa «indiferencia» hacia el gobierno podría convertirse en una victoria para el anarquismo.

Muchos estudiantes en Tokio y otros lugares, volvieron a su China natal para tomar parte en los movimientos anarquistas y anti-Manchú. Ellos serían la base del movimiento que se uniría finalmente al creado por el grupo parisiense.

Liu Shih-pei

La historia de Liu Shih-pei (desconocido para el movimiento anarquista occidental) sería un material estupendo para cualquier novelista hábil, teniendo en cuenta el agitado panorama de su tiempo. Liu fue un estudiante brillante. Su veneración por los clásicos y su integración en el pensamiento anarquista era resultado del profundo conocimiento que tenía de ellos. Muchos pensaron que acabaría convirtiéndole en un anarquista «blando», aunque él siempre insistiera en su condición de militante. Tenía una bella mujer, Ho-Chen. Había mucha gente de la opinión de que no era conveniente para un revolucionario tener una mujer tan bella. Pero Ho-Chen era una militante, lo que acallaba todas las críticas. Tomó parte en un intento de asesinato y fue arrestada. La policía china y sus torturas con bambú no fueron una invención de Sax Rohmer; en el momento de aplicárselas a su mujer, Liu confesó; hizo un trato con la policía, con lo que se sospecha provocó el arresto de un miembro del grupo del que formaba parte. Liu fue nombrado profesor y, junto con su mujer, liberado por las autoridades en razón de su nivel profesional. Moriría poco más tarde de un ataque cardíaco…

El nuevo movimiento

El movimiento creado por “El Nuevo Siglo” y Liu superó fuertes represiones y persecuciones. Más tarde se fundió en un nuevo movimiento anarquista, gracias a la labor de Liu Szu-fu (conocido como Shih-fu). Fue la primera vez que el movimiento dejó de nutrir sus filas con emigrados, aunque seguía ligado a los trabajadores que salían a estudiar al extranjero y volvían con grandes conocimientos técnicos y experiencia revolucionaria.

Shih-fu editó un periódico en Hong Kong. En 1907, tomó parte en un levantamiento en Cantón. Shih-fu fue elegido para iniciar la revuelta, asesinando al comandante naval Li Chun. Por desgracia, su conocimiento de química era rudimentario y la bomba le estalló en las manos, provocándole la pérdida de los dedos de una de ellas. Sentenciado por terrorista a treinta años de prisión, fue tal la admiración que guardias y oficiales locales llegaron a procesarle, que lo liberaron al cabo de tres años, en 1909. En los seis años siguientes fue el gran inspirador del movimiento anarquista chino. Inició el famoso Ping Ming Press. Tras un intento de asesinato del Príncipe Regente, marchó a vivir a Shangai; fue el primero en comprender que dicha ciudad reunía las condiciones necesarias para convertirse en el centro de la actividad subversiva. El gobierno chino no tenía autoridad dentro de la Colonia Internacional y los europeos no diferenciaban un chino de otro -para ellos, todos eran subhombres-. La policía de la Colonia no sabía leer la prensa en chino. Sus subordinados indígenas podían hacerlo, pero nunca quisieron intervenir. No era un pasatiempo saludable.

La mayoría de los artículos de “El Nuevo Siglo” volvieron a imprimirse, y también artículos y panfletos de todo el mundo. Se publicaron más de setenta libros, excluyendo traducciones, ¡en seis años!

Esperanto

Hemos de hacer un inciso ahora para rendir tributo a la eficacia del esperanto, el idioma internacional, inseparable de la historia del anarquismo chino. Hubo un tiempo en que el movimiento obrero radical de todo el mundo buscó afanosamente el éxito de dicho idioma; hoy ese sueño se ha desvanecido. Pero en China, el esperanto fue utilizado desde el principio. Libros y panfletos de todo el mundo fueron traducidos por Ping Ming Press. Rusia, España, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, México, vertieron sus ideas anarquistas en China. ¿Cómo? Gracias a los anarquistas esperantistas, ya que los chinos no hubieran podido, de otra forma, traducir de las distintas lenguas europeas.

Compárese la existencia de literatura anarquista en China hasta hace pocos años, con la de Inglaterra -donde nunca ha existido limitación gubernamental alguna-. Además de Kropotkin ¿qué otros autores extranjeros se conocen? Un fragmento de Bakunin, pocos folletos de Malatesta, los americanos… pero nada español o francés, ni de los historiadores de la Internacional -sólo un libro de Proudhon- y poco o nada en idioma no europeo. ¿Por qué? Porque el escritor chino podía recurrir a la traducción en esperanto de la literatura mundial. (Confío en que los esperantistas tomarán esto como una «recomendación no solicitada»). El inmenso trabajo de los anarquistas chinos puede apreciarse echando una mirada al año 1944, centenario de Kropotkin, un año difícil para celebrar nada. En Londres, se publicó una antología del autor ruso, editada por Herbert Read, que no admite comparación con la edición china (entre 1940 y 1945) de sus obras completas, a cargo de Li Fei-Kan (conocido como Pa Chin), de quien hablaremos más adelante.

La revolución de 1911

Cuando Sun Yat Sen asumió el poder, Shih-fu comenzó su famosa publicación “El canto del gallo en la oscuridad”, más tarde conocida como “La voz del pueblo”, que fue la gran animadora de las sociedades industriales, embriones de los futuros sindicatos. Shih-fu criticó a muchos de la vieja guardia por haber participado en el gobierno del Kuomintang, aunque algunos se defendieron afirmando que no habían traicionado las ideas anarquistas. Para entonces, el Partido Comunista había aparecido ya en China y su indudable carácter revolucionario y habilidad organizativa chocó prontamente con el movimiento anarquista. El Partido ridiculizó a aquellos anarquistas que se unieron al Kuomintang (aunque éste era por aquel entonces un régimen liberal, sin corromper todavía). Y el “Canto del gallo en la oscuridad” no intentó excusarles ni echó tierra al asunto. «Si alguien pensó alguna vez que los anarquistas le darían la libertad, resolverían sus problemas, le llevarían a la tierra prometida, es que no ha entendido nada», escribían. «No hay supremos salvadores, ni líderes, no lo son anarquistas, ni los mismísimos dioses, y si imaginasteis que los dioses y los anarquistas no eran hombres con todas sus imperfecciones, os engañasteis groseramente. ¿Hubiera entrado yo en el gobierno? No. Seguro que no. Pero para ello espero no ceder a la tortura, como el camarada X, ni a los dolorosos llantos de mis hijos hambrientos, como el camarada Y. Lo que importa es cómo continuar luchando».

La primera tarea del “Canto del gallo” fue organizarse en el terreno industrial: un nuevo movimiento anarquista apareció en las pocas ciudades industriales chinas. Se empezaron a formar «tongs» e incluso sindicatos del tipo occidental. Entre 1919 y 1923, numerosas huelgas demostraron el poder de los obreros industriales en general, y del transporte en particular. En 1920 el movimiento anarquista estaba establecido en Cantón (a la que Pa Chin llamó “la Barcelona del Oriente”), tras la huelga de los trabajadores textiles en Changsha, lugar que ha permanecido ciempre como el baluarte del anarquismo en China. En los años 1965 y 1966, la huelga estalló en los mismos lugares, esta vez contra el control del Partido Comunista, dejando las fábricas sin dirección o control superior. La semilla se había sembrado en 1920. La vuelta a la dirección del Partido ocurrió en 1967 y no fue muy feliz: la lucha continua allí.

Más tarde, Shih-fu fundó la “Sociedad para el Estudio del Ahorro en Francia”. Una de las razones de la continua atracción hacia Francia era la total ausencia de instrucción religiosa en las escuelas galas. Por aquel entonces, el movimiento revolucionario combatía no sólo contra el clericalismo tradicional, sino también contra los misioneros. Las sociedades tradicionales, antiguas fortalezas de la riqueza, fueron un buen caldo de cultivo para los misioneros cristianos. Por otra parte, en el plano material, la adopción del cristianismo significaba la posibilidad de una carrera para el estudiante, no ligada al gobierno o los mandarines. Los «demonios extranjeros» trajeron el comercio a China, y dieron preferencia en la administración de los negocios a los cristianos. No fueron solamente las virtudes del Nuevo Testamento las que impulsaron a tanta gente a convertirse al cristianismo aquellos años… el «arroz cristiano» era lo que la Iglesia ofrecía principalmente a los conversos.

Los estudiantes seguían marchando a Francia. Esta vez intentaron fundar su propia universidad, en Lyon. El llamado «Movimiento de Estudio y Trabajo» tuvo un enorme éxito debido, en parte, a la gran cantidad de trabajadores chinos «importados» por el gobierno francés durante la guerra europea, como mano de obra barata. Entre ellos, docena de futuros comunista. Uno fue Ch’En T-Hsin (más tarde, miembro del Partido en el sur de China), que a su regreso tuvo un debate público con Ou Sheng-pai, miembro del grupo del “Canto del gallo”, que acabó siendo un duelo literario.

Dicho debate fue recopilado en un libro que aún se conserva. Es de esperar que algún estudiante chino lo traduzca. La única razón de que no se haya hecho hasta ahora fue la arrogante vanidad de Mao Tse-Tung, que insistió en publicar sus escritos una y otra vez, olvidando que hubo también otros marxistas chinos. Hay poquísimas críticas consistentes al anarquismo. (El panfleto de Stalin sobre el anarquismo es demasiado imbécil para que merezca siquiera el desprecio). El libro se titula «Discusiones sobre socialismo», y es una crítica de Ch’En al anarquismo, desde un punto de vista comunista ortodoxo, con una contundente réplica de Ou. (Publicado en Cantón en 1922).

Ch’En es ortodoxo desde el punto de vista marxista-leninista al denunciar a las asociaciones de voluntarios y a las federaciones libres. «¿Qué se saca del juicio colectivo de hombres ignorantes?». Ou, desde un punto de vista anarcosindicalista, el mismo que el movimiento chino adoptó desde entonces, respondió a Ch’En como puede esperarse. (Un resumen de los detalles aparece en el libro de Scalapino y Yu “El movimiento anarquista chino”).

Los escritos de Pa Chin

Entre los estudiantes que en los años 20 se unieron al movimiento anarquista en su etapa de éxito cara a las masas estaba Li Fei-Kan, de familia rica que abandonó para unirse al movimiento. Adoptó el nombre de «Pa Chin» -en español Ba Kin (Bakunin-Kroptkin)-, y pasó a ser un periodista radical. Trabajó mucho para el movimiento anarquista, traduciendo las obras completas de Malatesta, algunas de Bakunin, muchos trabajos de Kropotkin que no habían sido publicados, así como otros numerosos trabajos. Más tarde fue a estudiar a París y de allí a Londres. Conoció a Tom Kell, Alexander Berkman, Max Nettlau, y mantuvo correspondencia durante un largo tiempo con Emma Goldman (de quien escribió una Biografía en chino).

Pa Chin (cuyo nombre era famoso en toda China por aquel entonces) se convirtió en novelista. La profesora Olga Lang ha escrito recientemente un magnífico ensayo de introducción a sus novelas que trata de su vida y su obra (su imparcialidad es más destacable aún por haber nacido en Rusia y haber sufrido su familia las molestias del makhnovismo). Las novelas de Pa Chin están muy lejos de ser imparciales: personajes tras personajes pertenecen al movimiento anarquista. Atrajo el afecto de jóvenes lectores de toda China, durante los gobiernos del Kuomintang y del P. Comunista. Sus héroes y heroínas son todos anarquistas, y si la novela no lo refleja explícitamente, se deduce por la presencia de un cuadro de Bakunin en la pared, o porque los protagonistas hacen referencias a figuras del movimiento. (Véase apéndice IV). Una y otra vez fue criticado por otros escritores por su ligazón con el anarquismo o por su pesimismo sobre el futuro de China (bajo el K.M.T. y el P.C.).

La Comuna de Shangai

Aunque Liu (Shih-fu) murió joven, de tuberculosis, en 1915, su periódico de Shangai y la organización “la Sociedad del Corazón”, Hsin-she, continuaron su apogeo durante los años 20. El movimiento estudiantil establecido por los anarquistas de Shangai en Chengtu, se extendió rápidamente, chocando en numerosas ocasiones con el ejército, sucesos que Pa Chin incluyó en sus novelas. De resultas de la fuerte agitación estudiantil, el Movimiento Comunista Juvenil salió a la palestra. Como respuesta, los anarquistas establecieron el Chun-She (Sociedad Igualitaria), que empezó a publicar “Ping Ming Chih Sheng” (La voz del pueblo). Éste fue el origen de la Ping Ming Press, tan conocida en círculos anarquistas internacionales y que fue dedicada a la memoria de Shih-fu.

Mientras tanto, el movimiento revolucionario, ya fuera el K.M.T., el Comunista o el Anarquista, crecía por toda China. Al período 1925/27, aquel en que el K.M.T. tomó definitivamente el poder, se le conoce como «La Gran Revolución». En 1925 hubo una gran huelga en Shangai, precursora de otras huelgas y actos de violencia en toda China. Se creó un «Comité Unido de Trabajadores, Estudiantes y Comerciantes», que llamó a la huelga general en Shangai (bajo dominación extranjera), llamamiento seguido de huelgas y manifestaciones en todo el país.

Con la victoria final del K.M.T., Chiang Kai Chek llegó a ser primer ministro. Comenzó por librarse de sus aliados comunistas, cuyo partido fue declarado ilegal, por lo que empezó a hacer llamamientos revolucionarios contra Chiang. En muchas partes de China se convirtieron en ejércitos privados. La larga lucha del P.C. por el poder había comenzado. Con el tiempo, el Kuomintang fue corrompiéndose más y más y se convirtió en la continuación del sistema del antiguo imperio. En contraste, los comunistas vivían en forma austera y extenuante. En aquel momento poseían todas las virtudes «gubernamentales». Harían cualquier cosa para que el pueblo no pudiera alcanzar el poder directamente.

Shangai se encontró envuelta en una gran huelga, por motivos principalmente económicos, pero con matices políticos y sociales. Las huelgas anteriores habían sido apoyadas por capitalistas y financieros chinos, opuestos a sus rivales económicos de Shangai. En esta ocasión, los trabajadores se volvieron también contra ellos. Tomaron el control de muchas fábricas. El movimiento anarquista chino proclamó la Comuna de Shangai. Querían tomar el control de la ciudad y transformarla en Ciudad Libre, independiente del dominio extranjero y del gobierno chino. Fue la última gran batalla del movimiento anarquista organizado como tal. Comunicó al gobierno chino que o se le permitía crear una sociedad libre en Shangai o extendería la guerra a todo el país. La Comuna de Shangai fue aplastada por las fuerzas del Kuomintang y de las potencias extranjeras, que teóricamente tenían intereses opuestos. La Comuna cayó luchando. (En un panfleto titulado «¡Qué arda Shangai! » los comunistas prometieron «ni un peso, ni una bala»).

¡Elegid!: Nacionalismo o comunismo

Los años que siguieron fueron difíciles para los anarquistas, que tuvieron que elegir entre Chiang y el Ejército Rojo. Pero no era una elección ideológica, sino práctica. Miembros de la vieja guardia se unieron al Kuomintang, y otros a los comunistas. Los que siguieron siendo anarquistas tuvieron que decidir en qué territorio permanecer. Algunos decían que en el del K.M.T. podían al menos hacerse reuniones, aunque fuera arriesgado. ¿Compensaba esto la corrupción existente en él? Finalmente quedó un movimiento desunido y no federado, separado por la vastedad del país, las comunicaciones postales y la falta de prensa libre, ya que hasta entonces se utilizaba la Colonia Internacional de Shangai como oficina postal y cuartel general.

Aún así, cuando Pa Chin regresó de Europa y se estableció en Shangai en 1929, pudo publicar inmediatamente (el primer trabajo fue «Del capitalismo», una adaptación del «ABC del anarquismo» de Alexander Berkman). Aunque los obreros de Cantón siguieron siendo anarquistas, se produjo un éxodo general de estudiantes. Lo mismo ocurrió con muchos jóvenes de clase media, que se apuntaron al comunismo o al nacionalismo (o al cristianismo). Pero los escritos de Pa Chin significaron mucho para el movimiento. (A partir de entonces usó su verdadero nombre, Fei-kan, para escribir sus libros anarquistas, o para traducciones, y el de Pa Chin para sus novelas). Del estudio hecho por la profesora Lang de las obras de Pa Chin, se deduce que el movimiento debió ser bastante activo durante el final de los años 20 y principios de los 30. Sería en 1935 cuando recibiera el mayor golpe: la invasión japonesa, que hizo desvanecerse todas las esperanzas libertarias.

La invasión japonesa

Como los anarquistas chinos habían mantenido siempre buenas relaciones con los obreros y campesinos japoneses, aunque, naturalmente, fueran opuestos al régimen del Mikado, fueron denunciados como pro-japoneses. (En Japón los anarquistas fueron arrestados y puestos en prisión acusándoles de prochinos, por su posición contraria a la guerra). El desastre cayó sobre China y los japoneses tomaron el país. Los comunistas fueron los primeros en aprovechar la situación siguiendo la recomendación de Moscú de crear frentes populares anti-fascistas para resistir a las fuerzas fascistas (Japón, Alemania e Italia) que amenazaban la seguridad del estado soviético. Los comunistas chinos secuestraron a Chiang y le forzaron al establecimiento de la Unidad, creando el Frente Popular a la fuerza. (El Comité Central llegó a incluir, en 1935, pequeños burgueses, intelectuales revolucionarios y hasta ciertos sectores del capitalismo nacionalista, junto con trabajadores y campesinos; y en el 36, a Chiang Kai Chek y al K.M.T.).

Es imposible saber cual fue la reacción de los anarquistas en ese momento. Muchos creyeron que se trataba de una guerra de liberación nacional, aunque no tenían muchas ilusiones puestas en los grupos que estaban enfrentándose a los japoneses. Puede decirse que, en general, tomaron una actitud anti-bélica (véase Apéndice l); de hecho habían quedado reducidos a pequeños grupos, cuya mayor necesidad era preservar la identidad del movimiento.

Según la profesora Lang, Pa Chin se identificó con la lucha contra los invasores. Pero mis informaciones contradicen esa afirmación. Probablemente, como anarquista «blando» (en que, sin duda, se convirtió a partir del año 30, y por tal se le tuvo, lo que, en cualquier caso, no disminuyó la estima que se le profesaba en los círculos anarquistas) se le toleró que dijera una cosa públicamente y otra en privado. Fue ferozmente atacado por los escritores comunistas al no unirse a la Liga de Escritores de Izquierda, más tarde Asociación de Escritores Chinos, en la que se suponía debían inscribirse todos los escritores patriotas. Hsu Mou-yung lo denunció con términos durísimos, con la clara intención de que le arrestaran. Fue igualmente acusado de desviacionista (aquél era el tiempo de los «desviacionistas troskistas fascistas» de la mitología soviética), siendo salvado por la vigorosa defensa que de su libertad de elegir hizo el venerable anciano escritor Lu Hsun.

1936: el año del resurgimiento

Una de las razones principales por las que Pa Chin no dio a conocer su postura en ese momento fue su absorbente entusiasmo por la Revolución Española. Al fin parecía que la causa anarquista iba a ganar. Pa Chin fue injuriado y denunciado por los comunistas por no unirse al coro de peticiones por la República. «Tenía que hablar sobre la solidaridad de los anarquistas chinos con los esfuerzos luchadores de la CNT-FAI», dijo. «En el campo de la literatura china, soy el único que se atreve a hablar de aquellos dos grupos».

Mientras, en Shangai, los anarquistas reorganizaban a la sombra, nuevamente, el “Canto del Gallo en la Oscuridad”. Se hicieron manifestaciones de apoyo a los trabajadores españoles y tuvieron lugar largas discusiones sobre la mejor manera de ayudar a la Revolución. Pero, por supuesto, no tenían medios para presionar a Franco; estaban lejos del campo de batalla. Es interesante señalar que 25 anarquistas chinos salieron de Hong Kong para tomar parte en la Guerra Civil española, siendo rechazados al entrar en Marsella y devueltos al Extremo Oriente en un barco con rumbo a Anmam. Algunos miembros de este grupo formaron más tarde el núcleo primario de anarquistas vietnamitas, desconociéndose su destino final. El boletín semanal de la CNTFAI de Barcelona fue tirado regularmente en chino desde 1936 a 1938. Los «Hijos de Shih-fu» comenzaron una campaña de propaganda intensiva en favor del movimiento libertario español, pero, naturalmente, la ayuda que podían prestar a la revolución española era muy limitada. (Véase Apéndice V). El ejemplo de España, sin embargo, congregó de nuevo a mucha gente alrededor del estandarte anarquista. En 1937, el grupo «Bandera negra», formado en Cantón, tomó la iniciativa de poner en marcha una nueva «Sociedad Igualitaria» o movimiento sindicalista, uno de cuyos principales activistas acababa de regresar de Londres.

El doctor Ch’En y el movimiento inglés

Un joven chino, Ch’En Chang, estudiante de medicina en Londres, entró en contacto con el entonces «Grupo Libertad» de Londres. Estaba profundamente interesado en las organizaciones laborales inglesas, de las que llegó a realizar un amplio estudio. Harry Jones, que ya había dado la bienvenida a Pa Chin años atrás, fue de gran ayuda para él aunque desaprobaba la posición terrorista adoptada por Ch’En y otros anarquistas chinos. Quiso ir a España como médico, pero fue persuadido por Emma Goldman de que CNT-FAI prefería que la gente como él permaneciera en su país, ayudándoles fortaleciendo sus propios movimientos (ella misma había querido ir a España de enfermera, convenciéndola de que se quedara en Londres como propagandista de la revolución española). Volvió a China con dos grandes trabajos que había recopilado con la ayuda del «Grupo Libertad»: uno de ellos sobre los métodos de organización laboral inglesa, y el otro, un glosario de los principios anarquistas, que pasaría a ser el manual de los anarquistas chinos. Ch’En mantuvo correspondencia con Harry Jones hasta la muerte de éste, y conmigo desde entonces. Entró en la militancia al retornar a China, siendo tenido por anarquista de la línea «dura».

Hubo, por supuesto, considerables dificultades para mantener el contacto durante todos estos años, particularmente los años de la guerra mundial, hasta que dicho contacto quedó definitivamente roto. Sin embargo, el movimiento chino ha estado siempre al tanto del movimiento anarquista internacional y de las discusiones teóricas del anarquismo. «Han pasado los tiempos en que podíamos tener largas y fructíferas discusiones», escribió Ch’En. «Es muy positivo que podamos estudiar las discusiones mantenidas por otros… Nuestros principios, como cualesquiera otros, están sujetos al proceso de cambio y decadencia… pero nuestras aspiraciones y nuestras metas permanecen inalterables». Quizá merezca la pena recordar aquí un curioso episodio de esta correspondencia: pocos años atrás, un periódico comunista londinense, el “Daily Worker”, publicó fotografías de una reunión-manifestación de Aldermaston, en la que aparecían en primer plano, dominando la situación, banderas anarquistas. El “Daily Worker”, naturalmente, las borró. Las fotos fueron vendidas, presumiblemente, a un periódico comunista chino, cuyo editor desconocía con toda probabilidad el significado de aquellos rasgos latinos, imprimiéndolas tal y como estaban. Cual no sería el placer que sintieron los anarquistas chinos al ver, en un periódico comunista, a miles de personas manifestándose en Trafalgar Square detrás de pancartas como «anarquistas de Ealing» o «abajo el Estado».

La guerra mundial

Absorbida como estaba por su Gran Guerra Patriótica, la contienda mundial apenas se notó en China, aunque se convirtiera en aliada de las democracias occidentales (Rusia no declaró la guerra al Japón hasta el último momento, justo a tiempo de entrar en el Tratado de Paz). Pa Chin estuvo viviendo en la concesión francesa de Shangai hasta 1940, año en que marchó a Kunmig, en la provincia de Yunnan, importante centro cultural de China, donde había una colonia de intelectuales refugiados de todo el país. Allí creó la editorial Wen-shua Shenghuo, donde se imprimió por primera vez la “Ética” de Kropotkin y se publicaron sus obras completas. Su hermano aprendió el ruso especialmente para ese propósito, publicando más tarde las «Memorias» de Herzen.

Ch’En se vio sorprendido en territorio ocupado por el ejército japonés, siendo enviado a una villa aislada, donde practicó la quiropráctica y la acupuntura. Mientras, los más activos militantes obreros, que permanecieron resueltamente anarquistas, en tanto que otros trabajadores pasaban al Partido Comunista, comenzaron una serie de huelgas en la industria textil y del transporte. La marina comenzó a organizarse y, debido al descontento con el Partido Comunista, también dio su apoyo al movimiento anarquista. Cuando la guerra terminó, el movimiento volvió a crecer. Pasó a contar con un buen número de grupos, aproximadamente 20, de estudiantes de clase media, y con dos o tres organizaciones industriales, cada una con 500 o 600 miembros. (Oficialmente se cifraron en 10.000 miembros, incluyendo los de las cooperativas y una numerosa cantidad de simpatizantes). Pero el fin de la guerra no significó la liberación, excepto en el estricto sentido nacional. Los anarquistas reanudaron sus publicaciones y su actividad industrial, pero no pasó mucho tiempo sin que llegara el golpe siguiente: Mao Tse Tung y sus seguidores habían tomado el país.

El movimiento anarquista no sólo era ilegal ahora, sino que estaba en conflicto con un rival celoso de todos sus triunfos. Ya no se enfrentaban a un gobierno de tipo Manchú que «trataba a la gente como animales»; ni siquiera a uno nacionalista que «sujetaba el hacha del verdugo en una mano y en la otra las llaves de los ministerios del gobierno y te invitaba a escoger». El marxismo era en China un enemigo amargo e inexorable del movimiento anarquista y nunca, al contrario de otros países, habían luchado juntos en las grandes batallas obreras. Los marxistas formaron un Frente Popular al que los anarquistas no se unieron. Preferían crear sindicatos que los maoístas calificaban de «guaridas de serpientes».

En la clandestinidad

El movimiento anarquista se vio obligado a la clandestinidad, después de un breve período de comunicación con el mundo y de su demostración de resistencia en Changsa. Dentro del movimiento estaba claro que los compañeros «blandos» tendrían que transigir con el régimen. Buen número de profesores y académicos buscaron trabajos, dedicándose a menudo a la enseñanza de los clásicos, para evitar tener que alabar al régimen. Como el régimen de Mao andaba escaso de profesionales, perdonó a los que habían sostenido opiniones disidentes o que las seguían manteniendo (siempre que fuera en privado). Ningún intelectual chino marchó al exilio. Es verdad que todos ellos (no sólo los anarquistas) prefirieron quedarse antes que marchar a Formosa (tal era el odio que se tenía al sistema corrupto de Chiang Kai Chek) o a países extranjeros. Más tarde, muchos tendrían que salir, ya fuera desterrados o para evitar el encarcelamiento. Pa Chin se quedó en China y siguió escribiendo. Pero el destino último de todos estos intelectuales fue ser víctimas de la Revolución Cultural.

Antes de entrar en ello, debe decirse que los militantes anarquistas, preparados para lo peor, no fueron anulados por el régimen comunista. Ya durante el gobierno de Chiang Kai Chek habían sufrido las peores persecuciones. Sólo los más duros sobrevivieron. De esta manera, el grupo que quedó fue capaz de aguantar cualquier forma de opresión. De hecho, como organización industrial realizó mayores progresos bajo el régimen maoísta que bajo el nacionalista. En teoría, el control de los obreros existía en muchas fábricas, pero éstas estaban sujetas a la posibilidad de nacionalización. En otras palabras, aunque se suponía que los trabajadores dirigían las fábricas, el Estado nombraba a los directivos. Los obreros seguían tan oprimidos como antes. Pero había ahora una línea marcada: el militante industrial anarquista se concentró en la tarea de expulsar a los directivos. En todas las huelgas esta postura se dejaba sentir: despido de los oficiales del Partido, despido de la dirección. Expresar tales deseos es ahora un delito criminal inserto en el Código Penal.

La Revolución Cultural

Los estudiantes se levantaron en defensa de Mao, aunque su gesto no pueda compararse con el de los estudiantes de París, ni siquiera con los de Moscú. Se lanzaron a la calle para mantener el régimen y reafirmar sus propios privilegios; no salieron a protestar contra la alienación. En algunos casos, los mayores, profesores indecisos, eran (¡admitámoslo!) anarquistas «blandos» o que habían militado en movimientos radicales de uno u otro tipo. (Quizá despreciaran a los profesores por estar prestos a ayudar al régimen cuando ellos mismos «conocían todas las respuestas», aunque los trabajadores no aceptaran este punto de vista). La reacción contra la enseñanza académica comenzó y los profesores fueron humillados y ridiculizados públicamente. El profesor Hsaio, de 80 años, fue obligado a retirar cada noche el carro de la basura como parte de su «reeducación». En una carta llena de dignidad declaró que a su edad la única respuesta a la tiranía era el suicidio. No estaba además de acuerdo con sus alumnos en que la honorable labor del basurero fuera degradante; por el contrario, decía que lo degradante para el basurero sería que lo obligaran a ser profesor. Él, por su parte, había llevado la basura de un aula a otra durante mucho tiempo, y sentía que iba siendo hora ya de acabar su vida, agradeciendo así el propósito de los maoístas de humillarle. Hasta el “Daily Mail” de Londres, poco sospechoso de amistad con el movimiento anarquista, sino más bien de enemistad, publicó un tributo a este «Séneca chino» como Bernard Levin llamó una vez al viejo libertario. En algunos casos, los trabajadores de las fábricas actuaron con fuerza en defensa de los viejos intelectuales. El más honorable de los intelectuales anarquistas chinos, cuyo nombre se me pidió que no revelara, rechazó de plano el trabajo de profesor y vivió durante años en completa pobreza «esperando la muerte», en compañía de un puñado de amigos; su único medio de vida eran los paquetes que recibían regularmente de los obreros. Cuando su correo fue suprimido, los camioneros venían a proveerles de lo más elemental para vivir.

Éste fue, sin embargo, el destino únicamente del sector «universitario» del movimiento anarquista. La clase trabajadora se enfrentó a una experiencia completamente diferente. Para comprender la China moderna es necesario darse cuenta de que el movimiento anarquista estaba formado esencialmente por el proletariado industrial, siendo los de origen pequeño burgués una minoría. A pesar de su veneración por Kropotkin y sus enseñanzas sobre economía agrícola, el movimiento no cuajó entre el campesinado. Sólo después de la guerra de Corea llegó a introducirse entre ellos. El movimiento era muy prolífico en toda Corea, influenciado por los movimientos chino y japonés. Ahora son muchos los coreanos que viven en China; son los que han llevado las enseñanzas anarquistas a los campesinos, en un movimiento llamado «Hacia las comunas libres», cuyo grado de influencia es imposible evaluar por el momento. En el extranjero han aparecido informes exagerados, mientras que las propias fuentes chinas no se ponen de acuerdo sobre su magnitud.

El Partido Comunista, a pesar de las enseñanzas marxistas sobre la importancia del proletariado industrial, sólo se abrió paso entre el campesinado. Para los anarquistas, los comunistas no eran sino «señores de la guerra». A partir de la «Larga Marcha» de 1934, durante la cual los campesinos mostraron cualidades heroicas, los ejércitos comunistas ganaron terreno y reputación como soldados, no como obreros. No había unidad entre anarquistas y comunistas, ni siquiera en el trabajo; no trabajaban en el mismo lugar salvo en raras ocasiones. Para los maoístas, los anarquistas eran meros «agentes del capitalismo» y «agentes provocadores» que habían ocupado su lugar entre el proletariado industrial. Avergonzados como estaban de la influencia anarquista entre los obreros, consideraban al anarquismo como «un signo de atraso en China». Para los anarquistas, los marxistas eran sólo «señores de la guerra» y nunca pensaron en una alianza. Si se les diera a elegir entre vivir bajo Chiang o bajo Mao, no se mostrarían favorables a ninguno de ellos.

El cisma maoísta

Sin entrar en el tema del cisma maoísta, que constituiría un ensayo sobre el maoísmo mismo, puede decirse que una de las causas de la Revolución Cultural, por primera vez desde la llegada de Mao, fue el hecho de que los comunistas se habían introducido en los medios industriales, pasando a convertirse el marxismo en la doctrina oficial del proletariado industrial. Los anarquistas (aunque su número de afiliados no varió mucho) se convirtieron en una minoría. Los trabajadores comunistas y los miembros del Partido tenían intereses distintos. Los primeros habían adoptado muchas de las actitudes de los anarquistas. La degeneración del régimen trajo una creciente disciplina, impuesta por la máquina del Partido (en fábricas y comunas estatales), de un lado, y por el Ejército del otro. Se notaba un estado de guerra fría latente entre lo que podríamos llamar Partido de los Campesinos, Partido del Proletariado y Partido del Ejército, todos los cuales formaban el Partido Comunista.

Aún más, se habían producido enfrentamientos entre el P.C. único y los anarquistas y grupos radicales, en particular los populistas. (Estos últimos eran una coalición de elementos socialistas, sospechosos de estar dirigidos por Formosa). Como nadie controlaba los abusos del régimen, era difícil saber quién hacía las cosas. Los maoístas son stalinianos y apoyan la línea de Stalin; usaron el término «troskistas» para denunciar a los revisionistas de la línea soviética o, indistintamente, el término revisionista contra Moscú y «troskista» contra Tito, al menos hasta la muerte de Mao. Ciertamente que ninguno de sus ataques al troskismo parece ir dirigido contra lo que nosotros entendemos por troskismo, aunque también en Occidente el calificativo sea poco claro. El Ejército denunció a menudo al Partido del Proletariado como anarquista y viceversa, con lo que los anarquistas aparecían mucho más fuertes de lo que en realidad eran. Pero, ciertamente, todo movimiento que intente acabar con el control dirigente para establecer el de los trabajadores sin ninguna mediatización, o intente descentralizar las comunas, es anarquista para los maoístas y, desde luego, todas esas posturas forman parte del programa del movimiento anarquista chino. Las fuerzas con la que podía identificarse son, al igual que en otros países, mayores que ella misma.

Estos son, en pocas páginas, los orígenes del movimiento anarquista chino, que empieza a atraer ahora la atención de los historiadores. Una breve mención final cabe hacer de Pa Chin, que en 1979, tras varios años de continuas humillaciones, pudo volver a escribir, aunque no trabajos originales, sino revisiones de sus propios libros. Los trabajos escritos por Pa Chin con este nombre, están siendo reeditados, aunque ya sus personajes no son anarquistas: los retratos de Bakunin han desaparecido de las paredes, los héroes y heroínas se han convertido en seguidores de Mao y, como última degradación, los finales han tenido que ser reescritos porque eran demasiado pesimistas. Esto es lo que ha tenido que hacer Pa Chin, para poder escribir y publicar y no morirse de hambre. Los militantes de otros muchos países quizá le critiquen por haber claudicado; de hecho, en cierto momento, el profesor Hsaio decidió que, después de todo, a su edad «no era inútil arrojarse al océano». (Ver Apéndice II). Sin embargo, los militantes chinos mantuvieron un punto de vista diferente: no maldijeron a los anarquistas «blandos». Su furia se dirigió contra el régimen maoísta. La amargura y el sentimiento de frustración que les invadió al enterarse de las indignidades que abrumaron a hombres como Pa Chin, es compartida por todos aquéllos que tuvieron relación, en Londres y París, con compañeros anarquistas chinos y fueron ganados por su sentido de la dignidad personal, responsabilidad y capacidad para enfrentarse sin desazón a la enorme tarea de educar a un país tan vasto en su camino hacia la libertad.


Apéndice I

Esta octavilla satírica sobre los anarquistas chinos apareció en 1938. Fue escrita probablemente por un comunista, aunque el Kuomintang la hiciera circular profusamente. Se parece algo al llamado «Mensaje para García» (una historia corta sobre la guerra de Cuba, distribuida por la cadena Hearst y conocida más tarde en todo el mundo como un panfleto antisocialista). Esta octavilla circuló por toda China:

“¡Qué sublime es ser anarquista! Qué agradable es, mis queridos amigos, pertenecer a lo que el señor Pa Chin llama la noble banda de sacrificados idealistas: ¡los anarquistas, nada menos! El Profeta Armado nos dijo una vez que anarquismo significaba utopía, paraíso, y que se realizaría en China por vez primera. ¿No tenía razón, queridos amigos anarquistas? ¿No vivimos en una utopía ahora en China? Debéis saber que todos los hombres somos hermanos, que os amamos a todos, y que cuando hayamos acabado con quienes no estamos de acuerdo, ni un alma quedará en zozobra, ni un perro vagabundeará por las calles. Pero nuestros hermanos no son los comunistas, ni el Kuomintang y menos el invasor japonés. ¡De verdad que no! Si eres trabajador y anarquista, remolonea en el trabajo y roba los materiales; piensa sólo en mayores salarios. No importa que estés bajo el gobierno invasor o el patriótico, el comunista o el Kuomintang. Si eres campesino, esconde tu ganado y piensa sólo en tu familia. ¿Patriotismo? ¡Ya lo hemos abolido! ¿Comunismo? ¡No existe! Si eres soldado, corre con tus pistolas y municiones; te serán muy útiles cuando seas un bandido. Pero no debemos decir bandido. Nada hiere más a los anarquistas que usar tal término. ¿Roba en la vía pública? Sí, pero es un idealista. Sólo roba a los que se oponen al anarquismo. Pero como el anarquista es opuesto a cualquier gobierno, es libre de robar a todo el mundo, y si un extranjero viene a China pues también a él debe robársele. ¿Qué mejor que ser anarquista? Los deberes familiares son un engaño; el país es un mito; el patriotismo está pasado de moda; no le debes lealtad a ningún partido revolucionario. Porque vosotros, ricos mercaderes que despreciáis al anarquismo como mera retórica, con vuestras barrigas llenas de leyes, no sabéis ni la mitad de él. Estos idealistas que han renunciado a todo, no mandan a sus hijos al servicio militar; no renuncian a nada por la causa común; y no les afecta para nada el dicho de que «las leyes están para ser observadas». Uno nunca debe castigar a un anarquista por violar la ley. A otros criminales sí. Pero harán grandes manifestaciones de protesta y, probablemente, matarán al verdugo; y los intelectuales no dirán: «¡Qué horror!». Suspirarán y dirán: «¡En China no existen ni libertad ni justicia!».

Apéndice II

Los anarquistas chinos han creído siempre en el uso del llamado «terrorismo». Acusados de incoherentes por oponerse al militarismo pero admitir (y practicar) el asesinato, Li Shih-Tseng, sin embargo, arguyó: «El militarismo significa sacrificar vidas y dinero para que los poderosos puedan conservar su poder y el del Estado. Por tanto, es injusto y debe ser eliminado. El asesinato revolucionario, por contra, es el sacrificio de la persona para eliminar al enemigo de la humanidad, extendiendo los derechos comunes del mundo. Estos dos conceptos, militarismo y asesinato revolucionario, son completamente diferentes.» (Estas líneas están contenidas en sus famosas “Respuestas” a las objeciones puestas a los anarquistas).

Otra objeción rebatida por Li era la de quienes pensaban que la vergüenza moral alteraría al régimen Imperial. Muchos jóvenes estudiantes se suicidaron en Japón en protesta contra el gobierno (una acción similar a la de los monjes budistas en años recientes). En su trabajo titulado “Sobre la inutilidad de arrojarse al océano” Li escribe: «Si vosotros, compañeros, veis realmente en la muerte la respuesta a la situación, ¿por qué no seguís los pasos del Partido Terrorista Ruso matando a uno o dos de los ladrones de la humanidad como precio a vuestra muerte? Es igual ahogarse en el mar que morir decapitado, ambas son muertes al fin y al cabo. Pero son diferentes en su trascendencia. Mientras la primera no tiene impacto y la persona muere simplemente como un valiente, la segunda tiene gran impacto, especialmente en la clase oficial china. En suma, en este siglo XX, si hay posibilidad de eliminar, aunque sea a un solo ladrón de la humanidad y reducir así una parte del poder dictatorial, el año de la gran revolución china estará más cerca…».

Apéndice III

Como información curiosa, al margen del movimiento anarquista chino en sí, puede hablarse de la creciente popularidad de los restaurantes chinos en Europa y del creciente interés por la comida china, que tienen su primer eslabón en la casa de té abierta en París en 1902, construida para financiar la propaganda anarquista. La idea de que los estudiantes chinos fueran al extranjero a aprender sobre la industria moderna, viviendo al tiempo de su trabajo como cocineros chinos, es del anarquista Chang Ching Chiang. Pocos propietarios de restaurantes chinos lo saben.

Apéndice IV: Pa-Chin y los judíos

Un curioso aspecto de la obra de Pa-Chin, no citado por la profesora Lang, me fue dado a conocer por un amigo que visitó China en 1948. Un escritor chino le dijo que una de las mayores dificultades para traducir algunas novelas rusas y polacas era que estaban llenas de personajes judíos caricaturizados o denigrados, y que a los chinos les parecía esto increíble, debido a la imagen que Pa-Chin había dado de los judíos en sus novelas. Éste siempre había presentado al judío como heroico militante y no como burgués. Dicha imagen no era arquetípica del judío en Pa-Chin; era que los únicos judíos que conocía pertenecían a los círculos anarquistas de París. Desconocía la existencia de judíos religiosos o comerciantes. Emma Goldman aparece a menudo en sus novelas; también Berkman, en varios pasajes; y su gran héroe, en “Sueños en el mar”, es Shalom Schwarzbart, un anarquista judío que mató en París al general zarista Simon Petliura, en venganza por las masacres ucranianas de 1919/1920. Pa-Chin inventó incluso una palabra china: Hsia-t’zu-pa-te (Barba blanca, Schwarz-bart) para describir a «los judíos que no habían sido nunca esclavos».

Apéndice V

Emma Goldman era la representante en Londres de la CNT-FAI. En los años 1936 a 1939, como su agente en Londres, estuvo también en contacto con el movimiento anarquista chino. Pa Chin, que la describía como su «madre espiritual», era viejo amigo suyo. Cuando los anarquistas británicos intentaron enviar voluntarios a España, la CNT-FAI les pidió que no lo hicieran. La razón era que no querían que quedaran mermados los movimientos anarquistas del mundo. En España, su ayuda sería muy pequeña y en sus países de procedencia su ausencia se notaría mucho más. A los chinos se les hizo la misma petición. Los 25 que quisieron ir no tenían relación con el grupo de Shangai. Finalmente, creo que sólo un chino llegó a España: un químico que alcanzó una importante posición en la industria. Cuando cayó Barcelona, declaró la nacionalidad británica, siendo entregado a la marina inglesa y enviado a Hong-Kong.

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