HISTORIA DEL ANARQUISMO EN ESPAÑA

Huelga general en España de 1917

1917: La primera huelga general

La historia de nuestro movimiento obrera ha seguido una trayectoria quebrada. Emergió en los tiempos de la Primera República, creando un auténtico “pánico social” en las clases pudientes ya alarmadas por la advertencia de la Comuna de París de 1871…Reapareció con la llamada “Semana Trágica” como respuesta a la utilización del pueblo como “carne de cañón” en aras de una guerra cuya finalidad no era otra que el expolio colonial. La huelga general de agosto de 1917 jugó un papel capital, marcó un antes y un después en la “historia perdida” de la clase trabajadora española que hasta entonces no había jugado todavía un papel central. Ahora lo dejó de tener cuando, después de contribuir de manera determinante en el final de la dictadura, fue sometido en aras de una “estabilidad democrática” que ha acabado cercenando todos y cada uno de las mejoras y derechos logrados en las luchas…

Tal como ha sido analizada por diversos historiadores, la crisis de 1917fue claramente un punto de confluencia de las tensiones largamente acumuladas en la sociedad española. Su culminación en la huelga general revolucionaria de agosto del mismo año, significó un viraje fundamental, tanto en lo que concierne a las instituciones burguesas como para el propio movimiento obrero. Sucintamente, podemos describir la situación que vivía el país de esta manera: la pérdida del imperio colonial español en 1898 (Cuba, Puerto Rico, Filipinas), la guerra con la resistencia marroquí ya había provocado “la Semana Trágica de Barcelona”, se debatía…Crisis económica galopante, malestar social, expresado por innumerables huelgas a lo largo de toda la geografía nacional, movimientos insurreccionales contra la guerra y las masacres que ésta significaba para el pueblo, ineptitud del poder monárquico y del sistema de partidos “turnantes”  (liberales y conservadores), descomposición del Ejército, auge de los nacionalismo periféricos, etc.

Este periodo vendrá marcado por el estallido de   la Primera Guerra Mundial, lo que no hace más que acelerar todos los elementos contenidos de la crisis llevándola a su explosión social, a su crisis política e institucional y a un claro enfrentamiento de clases que modificará totalmente el panorama político del país, abriendo una nueva época, la del protagonismo del movimiento obrero y su paso en las transformaciones so-revolucionarias. Aunque la huelga del 1917 se .generalizó a todo el Estado, fue en Cataluña (y, particularmente, Barcelona), donde el movimiento tuvo más profundidad y más repercusión en los años ulteriores, hasta el punto que la patronal y el gobierno tendrán que combatirlo con la puesta en práctica de los métodos fascistas que se están poniendo al día en países como Italia (Mussolini)   y Hungría (Horty).

Si la guerra y la “neutralidad” del Gobierno español conllevaron un cierto “boom” económico y “despegue” industrial, debido a los inmensos pedidos Qué procedían, tanto de los países beligerantes como de aquellos que habían sido desatendidos por los mismos, a causa de la guerra, fue la burguesía catalana (y también la vasca) la que mayores beneficios sacó de ella, amasando ingentes fortunas.

Pero así como la guerra significó un aumento extraordinario de la producción, la relativa elevación de los salarios se vio contenida y reducido el poder de comprapor la vertiginosa subida de precios. Todo ellos en el marco de una economía atrasada, predominantemente agraria, sin, prácticamente, modernización del aparato industrial, y de un poder de la oligarquía de terratenientes y financieros (madrileña, sobre todo) que mentaba perdurar y mantenerse, defendiendo sus privilegios “contra viento y marea”, mientras que la situación de las clases trabajadoras se hacía cada vez más miserable.

Toda la crisis contenida estallará en diferentes niveles: en el Ejército, a través de la constitución de las Juntas de Defensa (1 de junio), movimiento que no buscaba más que reivindicar tos intereses de la casta miliar y “purificar” el funcionamiento del Ejército, y qué marcará el protagonismo militar (tan presente en los años que sigue, de hecho no ha cesado todavía); en la burguesía industrial, que creyó llegado el momento de dar fin a la monarquía y ponerse “a la hora europea”, encamado esto en Asamblea de Parlamentarios que tuvo lugar en Barcelona el 5 de julio, donde la burguesía catalana, a través de Cambó, jugó un papel decisivo, pero seriándose atrás en su intento fallido de “revolución burguesa” al ver que el movimiento obrero la desbordaba y prefiriendo, una vez más asociarse a Madrid, a la Monarquía, al centralismo, y participando en la represión de la huelga..

  La derecha lo tiene claro: se trata de evitar una revolución proletaria, la “Revolución Rusa” está muy presente en la cabeza de estos burgueses “bien pensantes”. Pero la voz la tiene el movimiento obrero, que rompiendo amarras con los partidos burgueses, afianzándose cada vez más en los sindicatos (UGT y CNT), tomará por vez primera, la iniciativa revolucionaria independientemente de estos partidos, y sé lanzó a la lucha, no sólo para mejorar su situación, sino como parte de la construcción de sus instrumentos propios de clase para acabar con el régimen monárquico y abrir la vía  de la revolución proletaria.

Entonces tienen lugar unas movilizaciones que sé desarrollaban, y estallaban, por casi todo el país, unos convocados por los sindicatos y otros espontáneos, así como la deterioración del clima político de la situación económica, y la represión, llevaron a la UGT y a la CNT a firmar un pacto, convocando a la huelga general revolucionaria indefinida (27.de marzo de 1917), a pesar de las reticencias del PSOE y del perjuicio  “apoliticista” de la CNT.  Será el 10 de agosto cuando se inicia la huelga de ferroviarios en la red del Norte, generalizándose. El 13 estalló en todo el país y se mantuvo durante cinco días, siendo salvajemente reprimida, después de enfrentamientos callejeros y levantamientos de barricadas en Barcelona y otras ciudades catalanas, como Sabadell, donde fue proclamada la República. La Asamblea de Parlamentarios denunció la huelga desentendiéndose de la misma y condenándola (Cambó firmó el famoso telegrama enviado a todos los periódicos madrileños).

Al final, la huelga fracasó en sus objetivos. La pregunta es   ¿por qué? En primer lugar por la juventud e inexperiencia del movimiento obrero, la falta de coordinación y dirección unificada (desconexión entre la UGT y la CNT), y de perspectivas políticas claras, raro no sólo por ello, también influyó la no participación del “campesinado” que sin embargo, se lanzarla a la lucha poco después (1918). Por otra parta, la represión del Ejército (inesperada para los dirigentes sindicales que creían en un comportamiento «a la rusa») así como el desentendimiento de los partidos republicanos y de la burguesía catalana, desempeñaron, también un papel fundamental, ya que a este “ensayo de revolución obrera” (Araquistain), los trabajadores acudieron solos.

Pero contemplada como un prólogo, la perspectiva era otra. Lo fundamental de todo   eran las lecciones. Se imponía rememorar los hechos, analizar las causas, criticar tos errores, sino comprender que, a pesar de su  fracaso, la huelga general de agosto 1917, demostró al movimiento lo que era capaz de hacer. Rompió con años y años de dependencia del movimiento obrero de los partidos burgueses; que se lanzó, con mil iniciativas provenientes de la base, al “asalto del cielo” y que su acción modificó todas las coordenadas políticas, económicas y sociales existentes dando al traste con la Restauración. Pero ante todo, inauguró la época de la organización independiente de la clase obrera y de su protagonismo político, a través de los avatares y traiciones que posteriormente hubo de soportar y sufrir, conduciendo a la Comuna de Asturias, en 1934 y a la revolución de 1936, decapitada en mayo de 1937 por la traición de reformismo del estalinismo, antesala del golpe final del Estado fascista.

Se puede decir que entre otras cosas la victoria del franquismo cerró un ciclo abierto en 1917, y del cual quedan aún muchas conclusiones por sacar en el largo caminó de la clase obrera y de los trabajadores para la construcción de sus organismos propios, a todos los niveles, con los que Imponer su emancipación.

Y es que la huelga general de agosto de 1917 fue también una revolución mesocrática de un ejército colonial, que una vez perdidas las últimas colonias buscaba una “reinserción” política protagonista en la vida del país, un reajuste de su función; una revolución burguesa, con una burguesía a tientas entre su papel histórico, su debilidad económica y política y su pavoroso temor a ser desbordada por la clase trabajadora y a jugar el papel de “caballo de Troya” de las fuerzas sociales antagónicas; amén de una revolución proletaria, sin instrumentos políticos revolucionarios, sin programa, atrapada entre el reformismo y el sindicalismo de clase naciente, sin estrategia ni dirección, pero con una clase obrera dispuesta a salir del plano reivindicativo para intervenir en lo político, modificando las relaciones de fuerzas, a través de la primera huelga general revolucionaria a nivel de todo el Estado.

Agosto de 1917 no fue solo una oportunidad histórica no aprovechada, ni una derrota social, sino una experiencia de la cual, todos los protagonistas sacaron conclusiones, expresándolo en .su comportamiento posterior (bandas patronales de pistoleros -que asesinaban a los trabajadores; golpe de estado de Primo de Rivera; insurrecciones campesinas, la República…).

Para la clase obrera catalana y la pequeña burguesía pobre, urbana y campesina hay una evidencia necesaria. Su nacionalismo no tenía nada qué ver con el de Cambó y Prat de la Riba, con el de la “Lligueta”; mientras que los primeros lo asumían como una lucha contra la opresión sufrida por el pueblo catalán, y como un aspecto indisociable dé la luchas de clases por su emancipación, para la burguesía catalana, el nacionalismo era y es la exclusiva defensa de su tasa de beneficio, siempre dispuestos a ponerse al servicio del centralismo para reprimir cualquier movimiento que, en su propia “casa” los ponga en entredicho. Tal como ocurrió en agosto de 1917.

Otra conclusión que dejó la huelga del agosto de 1917 para la clase obrera fue la siguiente: la espontaneidad de un movimiento no basta para asegurar su triunfo. La unidad de todos los trabajadores, el programa y los instrumentos políticos idóneos son indispensables. Los futuros acontecimientos así lo demostrarían trágicamente una vez más. Más parecida a la revolución de 1905 que a la de octubre de 1917 en Rusia, la huelga general de agosto del 17, también fue en parte una “repetición general”, inesperada para la burguesía. Anunciaba el fin de una época y el inicio de un ciclo de luchas sociales que tendrían como protagonista el moderno proletariado industrial.

Ahora también estamos al final de una época. El final del siglo XX   “cerró” la fase histórica iniciada por la revolución rusa de Octubre de 1917 que “planteó” la cuestión del socialismo, y que puso al orden del día una nueva alternativa que unía   el movimiento obrero con todos los movimientos insumisos, y sobre todo con la liberación de los pueblos del yugo colonial. Una de las consecuencias de este periodo fueron las importantes reformas parciales contenidas en lo que se llamó el “Estado del Bienestar”, el mismo al que están enterrando estos días. Se abre un nuevo periodo en el que las diferencias socales en cada, y las diferencias entre los países ricos y los países sometidos, se está haciendo cada vez mayor. En este nuevo contexto hay que situar las grandes luchas que se están dando en Grecia y en Francia con la emergencia de un nuevo movimiento obrero muy diferente al tradicional…

 

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