HISTORIA DEL ANARQUISMO UNIVERSAL

Historia del anarcosindicalismo

De la unión del negro del anarquismo y el rojo del movimiento obrero surge la bandera del anarcosindicalismo.
De la unión del negro del anarquismo y el rojo del movimiento obrero surge la bandera del anarcosindicalismo.

El anarcosindicalismo es una de las ramas del anarquismo vinculada al movimiento obrero a través del sindicalismo.

Es un método de organización y de lucha de los trabajadores a través de sindicatos autónomos del poder político. Es el resultado de la síntesis del anarquismo1y la acción sindical revolucionaria.

Se diferencia de otros movimientos anarquistas en que su ámbito de actuación característico (aunque no exclusivo) es el mundo del trabajo, complementándose con otras organizaciones de similar ideología para la consecución de los fines perseguidos.

Características.

Concentración anarquista en Estocolmoconvocada por la SAC.
Concentración anarquista en Estocolmoconvocada por la SAC.
Su objetivo final es la conquista por parte de los trabajadores de los medios de producción, para cambiar y reorganizar la sociedad según los principios federalistas y de democracia directa (es decir, según los principios del anarquismo), gestionando los propios trabajadores todas las estructuras políticas y económicas de la sociedad; a este planteamiento se le conoce como autogestión.2
De este modo, la meta del anarcosindicalismo no es únicamente la defensa de los derechos de los trabajadores dentro de un marco económico capitalista, sino que persigue el cambio de dicho sistema capitalista por otro denominado comunismo libertario a través de una revolución; el motivo principal es que los anarcosindicalistas consideran que la democracia capitalista es un régimen intrínsecamente perjudicial para los intereses de la clase trabajadora, impidiendo su emancipación y manteniendo la desigualdad económica que combaten.

El anarcosindicalismo lleva a cabo una unión entre los objetivos a largo plazo mencionados anteriormente, y las reivindicaciones y demandas que se plantean de forma cortoplacista en lo local, ya sea en el ámbito de una empresa o a nivel estatal. De esta forma, una organización anarcosindicalista puede luchar por mejorar o defender los derechos laborales sin caer en la defensa del modelo de organización social vigente; para conseguir esto, se enfatiza el principio anarquista de que los medios y fines deben ir unidos. Por este motivo, el anarcosindicalismo defiende la acción directa consistente en el tratamiento de los conflictos laborales entre empleador y trabajadores, sin que participen terceras personas (como los jueces) que pudieran obstruir a los trabajadores. No obstante, hay que aclarar que por diversos motivos no siempre se pone en práctica este principio.3

Internamente, el anarcosindicalismo promueve que los sindicatos se organicen basándose en los principios anarquistas del asamblearismo, federalismo, apoyo mutuo e internacionalismo. Una organización sindical organizada de esta forma es en sí misma un embrión del sistema político-económico al que aspira el anarcosindicalismo. Además, se rechaza la participación en todas aquellas estructuras políticas y sociales que no sean afines al asamblearismo, promoviendo alternativas horizontales a las mismas. Otros principios básicos son el antiestatismo y la autogestión. En esta última se suele poner mucho énfasis, para garantizar la independencia del sindicato frente a poderes externos que pudieran perjudicarlo. De ahí que se suelan rechazar las subvenciones estatales o de empresas privadas, manteniéndose únicamente mediante sus propios medios.

Manifestación del 1 de mayo de la CNT en Madrid.
Manifestación del 1 de mayo de la CNT en Madrid.
Dentro del anarcosindicalismo, cada organización adopta con mayor o menor firmeza los principios básicos del mismo, existiendo algunas que los tratan con mayor flexibilidad por diversos motivos. Es por esto que existen serias diferencias entre unos y otros partidarios del anarcosindicalismo, según la importancia que se le da a la aplicación de dichos principios. Por ejemplo, en España la Confederación General del Trabajo o CGT es una federación de sindicatos que se considera anarcosindicalista y que aplica buena parte de los principios del anarcosindicalismo (federalismo, asamblearismo, apoyo mutuo, etc.) pero recibe subvenciones del Estado4y participa en las elecciones sindicales, motivo por el no se la puede calificar de organización anarcosindicalista.

Historia.

Deriva de los postulados originales de la Primera Internacional, tomando el sindicato como el medio de lucha de la clase obrera. Ha tenido un papel importante en Argentina, Italia, Estados Unidos, Uruguay, Francia, Rusia, Corea y España, lugar este último donde tuvo una gran importancia en la Revolución Española de 1936. Actualmente, el anarcosindicalismo tiene un carácter minoritario aunque siempre potencialmente significativo y extendido por los cinco continentes, siendo la organización que más lo impulsa la Asociación Internacional de los Trabajadores [AIT), organización fundada en Berlín en 1922 y que pretende ser la continuadora de la Primera Internacional.

La teoría sindicalista se desarrolló en Francia como un unionismo sindical revolucionario, que giraba alrededor de la guerra de clases, y que a base de huelgas, boicots, sabotaje y, donde fuese necesario, violencia personal, luchaba por mejores condiciones y preparar a los trabajadores para la huelga general revolucionaria que finalmente acabaría con el capitalismo. Desconfiaban de los partidos políticos, y veían que la emancipación de la clase trabajadora debía ser alcanzada por la propia clase trabajadora y sus propias instituciones.5​ Tanto Proudhon como Bakunin Kropotkin coincidían en que la revolución anarquista debería ser espontánea y fluir «de abajo arriba», y no estar sujeta a ningún tipo de liderazgo susceptible de evolucionar en un nuevo gobierno. Enfrentados a la represión continua, algunos anarquistas adoptaron la estrategia sindicalista para despertar el espíritu revolucionario;6​ Los anarcosindicalistas contemplaban el movimiento sindical al mismo tiempo como un medio para organizar al proletariado para la revolución, y un armazón alrededor del cual se podía construir la subsiguiente sociedad.78

Un local de la CNT española en Barcelona.
Un local de la CNT española en Barcelona.
Algunas de las primeras muestras de anarcosindicalismo, si bien todavía no se le llamaba de esta forma, fueron los movimientos obreros que tuvieron lugar durante la segunda mitad del siglo XIX en varios países adoptando principios e ideas anarquistas. Uno de los hechos más conocidos al respecto fue la famosa huelga por la jornada laboral de ocho horas del 1 de mayo de 1886 que llevó tres días más tarde a la revuelta de Haymarket y a la muerte de los llamados martires de Chicago (1886-87), escalera de acontecimientos que dio origen a la actual celebración del 1 de mayo como Día Internacional de los Trabajadores. Sería más adelante cuando se daría el paso definitivo de enlazar, directa e inequívocamente, el sindicalismo y el anarquismo como una única cosa.

En Francia, puede considerarse a Émile Pouget un antecedente del anarcosindicalismo desde la década de 1880, así como lo fue también en la siguiente década el periodista Fernand Pelloutier, líder de la Federación de Bolsas de Trabajo, una federación de grupos sindicales que se fusionaron en 1902 con la Confederación General del Trabajo (CGT), fundada en 1895 y que en aquel momento acogía toda la vida revolucionaria de los sindicatos.9​ Pelloutier rechazaba el anarquismo individualista y el terrorismo,10​ y en L’Organisation corporative et l’Anarchie (1896), planteó la asociación voluntaria y libre de productores como la primera y transitoria form de la futura sociedad anarquista. También Paul Delesalle apoyó esta teoría, y Pouget, secretario adjunto de la CGT de 1901 a 1908, planteaba el mismo concepto «embrionario» del anarcosindicalismo; en el Congreso de Amiens en 1906 fue presentada la resolución conocida como la Charte d’Amiens, que planteaba el papel embrionario de los sindicatos como base de la reconstrucción social, en tanto grupo de producción y distribución. En la línea del anarquismo sin adjetivos, planteaban también que la acción económica directa contra la patronal era lo único importante, y que las distintas tendencias políticas y filosóficas de los trabajadores podían desarrollarse al margen del sindicato. De ese modo, pretendían impedir la injerencia ideológica del socialismo en los sindicatos, sin que hubiera por ello impedimento a que, como trabajadores, pudieran entrar en los mismos. Kropotkin y Malatesta, que se oponían al ilegalismo y el terrorismo, aplaudieron esta idea que terminó convirtiéndose en la forma de organización sindical preferida por casi todas las corrientes anarquistas.

Manifestación de la CNT francesa del Primero de Mayo en París.
Manifestación de la CNT francesa del Primero de Mayo en París.
En España, el terror e ilegalismo y las acciones individualistas fueron perdiendo peso en favor del sindicalismo revolucionario a partir de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La opinión de que la huelga general era la mejor forma de iniciar la revolución cobraba cada vez más fuerza. En el congreso anarquista que se celebró en Ámsterdam en 1907 salió reforzada la idea de la participación anarquista en los sindicatos. En 1907 se creó el sindicato Solidaridad Obrera en Cataluña, y en 1910 se extendió dicho sindicato a toda España creándose la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Si bien comenzó siendo pequeña, creció rápidamente debido sobre todo a su actividad durante la Huelga General en España de 1917. Uno de sus principales logros históricos, que también es uno de los mayores logros del anarcosindicalismo, fue la jornada laboral de ocho horas que se logró tras la Huelga de La Canadiense en 1919. Pocos años después la CNT se unía a la AIT. Sin embargo, la dictadura de Primo de Rivera obligó a la CNT a pasar a la clandestinidad hasta la llegada de la República.

Una de las grandes dificultades a las que se ha enfrentado históricamente el anarcosindicalismo ha sido sus divisiones internas. La síntesis ideológica resultante entre el anarquismo y el sindicalismo revolucionario conlleva tensiones entre partidarios más inclinados hacia una u otra tendencia, lo que ha provocado y provoca divisiones en los senos de las organizaciones anarcosindicales. En España, durante el período de la Segunda República hubo dos escisiones al respecto. La primera escisión, surge de una reacción por parte de sindicalistas ante el predominio de las ideas que defendía la Federación Anarquista Ibérica (FAI) con respecto a la CNT. El primer paso, fue la redacción de un manifiesto reclamando la independencia de la CNT de cualquier injerencia externa (en clara alusión a la FAI). Este manifiesto, fue firmado por 30 adherentes, por lo que fue conocido como “Manifiesto de los 30” y quienes lo utilizaron como arma dentro de la CNT, trentistas. Estos trentistas, más inclinados a defender un sindicalismo “puro” (es decir, no influidos por las ideas y prácticas anarquistas), contaron con poco respaldo en general dentro de la organización sindical, por lo que se escindieron formando los llamados “Sindicatos de oposición” (con cierta influencia del partido marxista BOC). Aún con todo, estos sindicatos de oposición se negaron a ir más allá, por lo que sufrieron la escisión, liderada por Ángel Pestaña, del Partido Sindicalista, que apenas congregó a un reducidísimo grupo de exmilitantes cenetistas (comparando con las cifras de afiliación y militancia de la época), a los que conminó a regresar a la organizar tras el Congreso de Zaragoza de la CNT (1936), en que se reintegraron los sindicatos de oposición y el estallido de la Revolución social, en lo que algunos interpretan como un acto de redención del que fuera Secretario General de la CNT en la clandestinidad de la dictadura de Primo de Rivera.

La CNT mantuvo una relación bastante tensa con el Estado durante la República, debido a que sus militantes consideraban insuficientes las reformas que se estaban llevando a cabo. Convencidos de que la revolución era necesaria y sólo podría llegar a través de sus propios medios, comenzaron a llevar a cabo ocupaciones de tierras y huelgas continuas. Los sucesos de Casas Viejas firmaron la ruptura definitiva entre el gobierno republicano y la CNT, aunque un número considerable de sus militantes terminarían votando al Frente Popular en 1936 debido a la represión llevada a cabo por la derecha. Con la Guerra Civil Española tuvo lugar uno de los mayores logros históricos de la CNT y del anarcosindicalismo en todo el mundo: la revolución española, mediante la cual los anarcosindicalistas se apoderaron de medios de producción en Cataluña y Aragón y llevaron a cabo las transformaciones sociales a las que aspiraban en una auténtica puesta en práctica de la anarquía.11​ Sin embargo, los enfrentamientos con las autoridades comunistas y la posterior victoria del bando nacional en la guerra marcaron la práctica desaparición del anarcosindicalismo en España, que apenas pudo operar en la clandestinidad desde el exterior. Este hecho puso punto final también al declive del anarcosindicalismo en todo el mundo, ya que España era uno de los pocos países donde las ideas anarquistas y anarcosindicalistas habían prevalecido sobre el comunismo que era ya dominante.

Pintada de la FORA en Buenos Aires.
Pintada de la FORA en Buenos Aires.
A partir de los años 40-50, el sindicalismo empieza a ser cuestionado por un mayor número de grupos cada vez, siendo las más importantes las críticas realizadas por el marxista holandés Anton Pannekoek. Poco a poco, estas ideas críticas con el sindicalismo se extienden también al anarcosindicalismo y en los años 60 se producirán los primeros focos de ruptura con las organizaciones anarcosindicalistas y que encontrarán en el mayo francés un auténtico punto de ruptura con las organizaciones tradicionales apostando fuertemente por la Autonomía obrera que pronto se extenderá a otros ámbitos de lucha de tipo más social.

En la actualidad, el anarcosindicalismo en el Estado español sigue representado por la CNTAIT, que propugna un sindicalismo basado en la acción directa de sus secciones sindicales frente al modelo sindical español basado en los Comités de Empresa, órganos de mediación entre patronal y trabajadores. Por otro lado, hay otras organizaciones que se reivindican anarcosindicalistas pero no lo son dado a sus estrcturas como la CGT (escisión de la CNT-AIT) o la Confederación Sindical Solidaridad Obrera (escisión de CGT), organizaciones que sí aceptan el modelo sindical oficial, aunque con vistas a superarlo.

En la misma línea que en el Estado español, en el Estado francés es la Confédération Nationale du Travail (CNT-AIT), que en 1993 sufrió una escisión por quienes querían participar en las elecciones sindicales. Esta decisión conllevó el abandono de la mayoría de militantes separándose de la AIT, y paso a denominarse CNT-Vignoles (CNT-f), la cuál, a su vez, sufrió en su último congreso la escisión de CNT-Solidarité Ouvrière (CNT-Solidaridad Obrera).

En la región argentina, recupera implantación la histórica Federación Obrera Regional Argentina (FORA-AIT) que siempre ha reivindicado una línea muy particular dentro del anarquismo y su inserción en el mundo laboral, al apostar por las sociedades de resistencia, considerando que dichas sociedades deben estar compuestas por trabajadores más allá de su ideología. También aceptan la doble afiliación, que quiere decir que además de la militancia dentro de las sociedades, tienen militancia dentro de los sindicatos.

En el Estado sueco, la organización más grande que se reclama anarcosindicalista es la Sveriges Arbetares Centralorganisation (SAC), en castellano Organización Central de Trabajadores de Suecia, que en 1956 se retiró de la AIT.

Libertarios sindicalistas.

Posiblemente el teórico del anarcosindicalismo más conocido sea el alemán Rudolf Rocker, miembro de la FAUD (sección alemana y fundadora de la actual AIT, hasta que fue ilegalizada por los nazis).

Federica Montsenycenetista catalana, fue la primera mujer en la historia española que fue ministra del gobierno. Fue ministra de Sanidad. Su participación como miembro de un Gobierno es objeto de polémica en medios anarquistas y anarcosindicalistas.

Juan García Oliver representó la línea faísta (Federación Anarquista Ibérica (FAI)), más anarquista, de la CNTBuenaventura Durruti se convirtió en un mito debido a su compromiso militante durante la clandestinidad y le llevó a convertirse en el responsable de la columna más significativa de milicianos durante la Guerra Civil, la Columna Durruti, la cuál se opuso a la militarización de las milicias y criticó duramente la entrada de los anarquistas en el gobierno de la República.

En Estados Unidos un anarcosindicalista destacado fue Sam Dolgoff quien creó la revista “Anarcho-Syndicalist Review”.

Referencias.

  1. Rudolf RockerAnarcho-syndicalism: theory and practice, p.54
  2. En el prefacio de Anarcho-syndicalism: theory and practice, de Rudolf RockerNoam Chomsky dice: “En la radicalmente diferente concepción de Rocker, la gente debe tomar sus vidas y su trabajo en sus propias manos. Solo a través de su propia lucha por la liberación llegará la gente corriente a comprender su verdadera naturaleza, suprimida y distorsionada dentro de estructuras institucionales diseñadas para asegurar su obediencia y subordinación.
  3. Asociaciones sindicales como CGT o incluso CNT, consideradas anarcosindicalistas, han llevado a cabo acciones judiciales para defender los intereses de sus afiliados (ejemplo).
  4.  [1]
  5. Adams, 1995p.162-165
  6. Outhwaite, 2003p.13
  7. Miller y Coleman, 1991«anarchism», pp.10-14
  8. Honderich y García Trevijano, 2001«anarquismo», pp.57-58
  9. Nettlau, 1935«El sindicalismo revolucionario en Francia; Fernand Pelloutier; Emilio Pouget. Kropotkin, Malatesta y el sindicalismo (1895 – 1914).»
  10. A. T. Lane, Biographical dictionary of European labor leaders, Volume 2, p.742
  11. Ver el documental ‘Vivir la utopía’, enlazado en este mismo artículo

Véase también.

Enlaces externos.

 

Anarcosindicalismo: Definición y práctica.

Entendemos el anarcosindicalismo como la síntesis de la teoría y práctica del anarquismo actuando sobre y en todo tipo de asociacionismo obrero que confluye en un sindicato. Se trata en rigor de una síntesis del anarquismo y el sindicalismo revolucionario para impulsar el cambio de sociedad actual desde el mundo del trabajo. El anarquismo ha sido la fuente de inspiración del sindicalismo revolucionario nacido en Francia en el siglo pasado, por lo que se le puede decir, según hace actualmente la AIT como sinónimo de anarcosindicalismo.
Es preciso establecer una diferenciación en los contenidos esenciales que caracterizan la acción del sindicalismo revolucionario que propugna y practica el anarcosindicalismo y el que propugnan ciertos grupos y sectores bastante alejados del movimiento libertario, a pesar de que emplean, desvirtuando su contenido, la frase de «sindicalismo revolucionario». No entendemos por sindicalismo revolucionario más que aquel movimiento que, surgido de entre las clases explotadas y oprimidas, aspira a la destrucción del sistema establecido para, por medio de una acción directa y antiautoritaria, desmontar los mecanismos de dominación poniendo todos los medios de producción al servicio de los trabajadores, los cuales tomarán en cualquier circunstancia las decisiones que crean convenientes sin conocer ningún otro tipo de mediación, imposición o poder que no sea el dimanado de los propios trabajadores.
Ahondando en lo anterior, ratificamos los acuerdos adoptados por el Congreso Constitutivo de la Asociación Internacional de Trabajadores celebrado en Berlín en diciembre de 1922 y modificados en el IV Congreso de Madrid de 1931 y en el V Congreso de París de 1935.

1.1. Principios y Finalidades

El anarcosindicalismo es en realidad, desde el punto de vista de los principios, una visión determinada del mundo que se corresponde con la filosofía antiautoritaria y emancipadora del anarquismo y por ello exterioriza su oposición a toda explotación tanto económica como política y a toda alienación religiosa siendo su objetivo fundamental y prioritario el de propagar esas ideas al mundo del trabajo por medio del sindicato. Actúa en el campo sindical, porque donde realmente el individuo siente la explotación es en el campo de lo económico, donde la lucha de clases se da con más claridad y es asumida por la mayoría de los trabajadores. Hay que pensar, y la historia lo viene demostrando, que las revueltas e intentos revolucionarios se quedan en nada, si en los países donde se dan no existe una organización sindical revolucionaria.

Hay que resaltar que esta actitud de oposición a toda explotación no puede calificarse de mera ideología o producto de laboratorio sino que responde a una constante del ser humano a lo largo de la historia, en su lucha sin tregua contra todo tipo de opresión. Esa lucha constituye la reivindicación del derecho a ser y a disponer libremente del propio destino, junto al deseo solidario de que todas las personas, de un modo colectivo, alcancemos ese derecho. No habrá verdadera libertad mientras una sola persona permanezca sometida a otros semejantes. El mérito del pensamiento libertario reside tan solo en el esclarecimiento de este hecho ante la conciencia de la persona.

Frente al mundo de opresión constante y en múltiples sentidos que padecemos, el anarquista opone su rebelión. Su visión parte de una ruptura total con los valores políticos, económicos y culturales establecidos por las clases dominantes a través de la historia. Para el anarcosindicalismo la evolución histórica, si tiene un sentido debe culminar en una ética de la responsabilidad personal e intransferible, opuesta de modo radical a la constante histórica de dominación. Esta ruptura supone el que el anarcosindicalismo contraponga a los valores de la sociedad establecida sus propios valores. Mediante éstos los trabajadores se convierten en agentes soberanos y activos de la transformación social. Para llevar a cabo esta transformación en profundidad, el anarcosindicalismo se materializa en la forma organizativa concreta que denominamos C.N.T. (Confederación Nacional del Trabajo).

1.2. Anticapitalismo

El anarcosindicalismo se opone de modo radical al sistema establecido por el capitalismo liberal o por el capitalismo de Estado en todas sus variantes. El capitalismo, independientemente de sus transformaciones presentes o futuras, representa la explotación económica derivada de la propiedad privada de los medios de producción y la subsiguiente capitalización de éstos por unos pocos, sin importar que los explotadores se representen individualizados o de modo anónimo o colectivo. El capitalismo de Estado por su parte, se apropia de la propiedad en beneficio de un sector privilegiado integrado en el Estado. Tanto en uno como en otro sistema, el individuo, el trabajador, no es dueño de su trabajo, ni de sus decisiones. En una parte se aduce la necesidad de la economía (dominada por los grandes propietarios y financieros amparados por el Estado), en la otra se sacrifica a la clase trabajadora en nombre de un falso «bien común» impuesto por el Estado. Ambos sistemas desarrollan sus instituciones (medios de represión) a través de la clase gobernante: leyes, organismos de justicia, cárceles, policía, ejército etc. para dominar a los gobernados e imponer la cultura propia del sistema.

1.3. Antiestatismo

Según lo antes expuesto, resulta evidente que una de las finalidades del anarcosindicalismo es la destrucción del Estado, realidad político-jurídica que sostiene y sacraliza por medio de su diversos estamentos y leyes, parlamentos, senados, constituciones, organismos arbitradores, cuerpos policiales y represivos de todas clases y en último lugar, el ejército, las formas económicas de explotación. Es obvio que el Estado constituye la representación de la clase dominante, sosteniendo, en el caso de la llamada sociedad occidental en que vivimos, la propiedad privada de los medios de producción y la economía de mercado. Esto conlleva la tradicional minoría de edad del ciudadano y el mantenimiento del actual sistema por medio de la represión y del terrorismo institucionalizado. Frente a ello, el anarcosindicalismo opone al Estado la libre federación de comunas autónomas libertarias.

1.4. Antimilitarismo e Internacionalismo

Estas dos definiciones, conexas entre sí, forman parte de las convicciones profundas de la C.N.T., y se relacionan con la necesidad de superar los Estados nacionales y las amenazadoras concentraciones de poder que ellos representan. Al mismo tiempo, ello nos lleva a la necesidad de articular una actividad en el plano internacional junto con las organizaciones afines del anarco sindicalismo de otros países al objeto de mantener mancomunadamente una lucha en este frente

1.5 Antisexismo

El anarcosindicalismo, en su lucha por alcanzar una sociedad libre, justa e igualitaria, tiene entre sus finalidades la destrucción del patriarcado y el fin del sexismo y de cualquier discriminación por razón de sexo u orientación sexual. No deben existir jerarquías entre las personas en función de su sexo, y rechazamos con firmeza cualquier imposición social o cultural de una conducta o rol según se nazca. Cada individuo ha de desarrollar su personalidad en plenitud sin importar su sexo o sexualidad, huyendo de los convencionalismos que nos fijan un camino a seguir o una manera de ser femenina o masculina.

No nos olvidamos de que el sexismo y las formas de dominación propias del patriarcado siguen muy vigentes y aunque no sean tan explícitas como antaño, ello no quiere decir que hayan desaparecido. Es más, sus manifestaciones son cada vez más sutiles, y en ello reside su peligro y su capacidad alienante. El sexismo está muy presente en nuestra sociedad, y va calando en las personas desde la más tierna infancia, por ello a menudo su presencia pasa desapercibida. Es por ello que debemos incidir en la educación y los valores que nos transmitimos de unas personas a otras, buscando siempre ir a la raíz de los problemas.

Las y los anarcosindicalistas luchamos por una sociedad en la que cualquier forma de autoridad sea abolida. Queremos que todas las personas, independientemente de nuestro sexo, podamos vivir, desarrollarnos y relacionarnos entre nosotras en pie de igualdad y de libertad.

1.6. Otras formas de poder

Consecuentes con la idea de que la teología está en la raíz de todo gobierno político, el anarco sindicalismo se manifiesta contrario a todas las religiones e iglesias así como a las formas filosóficas e ideológicas que se opongan al desarrollo crítico del individuo.

La culminación de las luchas transformadoras contra el capitalismo y el Estado constituyen la finalidad esencial del anarco sindicalismo y por tanto de la C.N.T. Aquellos dos frentes fundamentales de lucha contienen todos los demás frentes posibles. Por ello la C.N.T. prestará suma atención y apoyara la acción contra las realidades derivadas de la actuación corruptora del Estado y del productivismo capitalista, la cual atenta contra la naturaleza y degrada, afectando con ello al equilibrio mismo del hombre en su entorno. Por ejemplo, la lucha ciudadana y otras, se deben realizar en base a la militancia, deseable y voluntaria, de los cenetistas a través de las organizaciones de barrio.

De todo lo expuesto se deduce que las profundas transformaciones económicas y político-sociales apuntadas como aspiraciones del anarco sindicalismo y de la C.N.T. sólo podrán plasmarse finalmente con la consecución del comunismo libertario, siendo éste, en realidad, la materialización de aquéllas.

1.7. El Federalismo

Por ser la federación la base de la sociedad futura, la C.N.T. proclama el federalismo como el nexo de articulación libre y solidaria, sin autoritarismo ni coacción, de todos los grupos económicos y de relación humana general, que cumplirán en la nueva convivencia las funciones básicas de la vida social en todos sus aspectos. El federalismo constituye hoy también el principio esencial que rige las actividades de la C.N.T. en el plano estructural y en el del funcionamiento interno de la misma, garantizando de este modo la libertad y la igualdad decisoria de los individuos y los sindicatos integrados en la organización. Dada su estructura no jerárquica y sus contenidos federalistas, la C.N.T. rechaza cualquier tipo de función dirigente, así como la figura de líderes o jefes carismáticos. El federalismo de C.N.T. no es una descentralización de un poder central, en diferentes poderes a más bajo nivel.

Quiere decir lo anterior, en uno de sus aspectos, que tomamos postura decidida contra todo tipo de centralismo.

Afirmamos por ello que en su organización y funcionamiento interno la C.N.T. prefigura el tipo de sociedad a que aspiramos, dado que el futuro, para realizarse, debe estar contenido ya como germen en el presente.

1.8. Solidaridad y Apoyo Mutuo

En la construcción de la nueva sociedad y en la lucha diaria en defensa de los intereses propios de los trabajadores, ambos conceptos son el aglutinante de la acción colectiva en la persecución del bien común de toda la sociedad.

1.9. Las Tácticas: La Acción Directa

Éstos son los procedimientos o medios que la C.N.T. pone en práctica cotidianamente para reafirmar los principios que la animan y crear las condiciones que facilitarán en su día el logro de las finalidades. En este punto fa C.N.T. y el Anarcosindicalismo se juegan toda su credibilidad ante los trabajadores, y por ende las posibilidades ulteriores de un crecimiento que le permita extenderse a todos los sectores como alternativa revolucionaria decisiva.

Afirmamos que el problema de los fines y los medios constituye hoy el punto clave con el que se enfrenta, genéricamente hablando, el socialismo. Dentro de este campo solo ganarán la credibilidad final del pueblo aquellos sectores que presenten una coherencia total entre los fines propuestos y los medios puestos en juego para lograrlos. Esto quiere decir que los medios o tácticas o prácticas utilizadas, nunca deberán entrar en contradicción con los principios y finalidades, so pena de invalidar a estos últimos por completo. El testimonio histórico es claro: los que trataron de hacer compatible el logro de la sociedad sin Estado y sin Clases con la conquista revolucionaria del poder político y la creación de un Estado provisional o transitorio derivaron finalmente hacia el Estado totalitario que hoy oprime a estos pueblos y silencia y tortura a los disidentes. Por otra parte, los que, reclamándose de iguales principios y fines, pusieron toda su confianza en la conquista de ese mismo poder político mediante el voto popular, acabaron siendo absorbidos por la democracia burguesa, de la que se constituyeron en fieles administradores. De este modo las aspiraciones revolucionarias de la clase trabajadora han sufrido un evidente revés. Los trabajadores han perdido en gran parte sus objetivos como consecuencia de las manipulaciones de partidos y sindicatos que, en la mayoría de los casos, apuntan a un reformismo corporativista, que lleva a la perduración indefinida del sistema de explotación que padecemos.

La C.N.T., el anarcosindicalismo, lucha, para, por una parte, no ser asimilado por el sistema y, por otra obtener nuevas vías de penetración que permitan acercamos a la revolución y al tipo de sociedad futura a la que aspiramos.

La C.N.T. debe conseguir a través de sus tácticas, entiéndase sus medios o prácticas, acercarse cada día más a los fines propuestos por lenta que esta aproximación pueda parecer. Para ello debemos evitar el tipo de contradicciones sufridas por otras organizaciones llamadas revolucionaras, si queremos preservar nuestra identidad. El anarcosindicalismo, sin embargo, precisa hoy de una evolución imaginativa y combativa, si pretendemos enfrentarnos a la fuerte oposición que ejerce en fa actualidad el sistema en todos los órdenes de nuestra vida tanto en el aspecto laboral como social y cultural. Sin este esfuerzo, en todos y cada uno de los puntos en que somos explotados y oprimidos, nuestras pretensiones revolucionarias quedarán inevitablemente ahogadas. Nuestras tácticas o medios se resumen en lo que llamamos acción directa. Esta deriva naturalmente de los análisis realizados al definir los principios y finalidades y las nociones de anticapitalismo, antiestatismo y federalismo En realidad, la acción directa, que a ojos del observador superficial puede parecer como acción violenta y desnuda, es otra cosa muy distinta, aunque asuma o pueda asumir llegado el momento, la violencia revolucionaria. Se trata de una metodología que resume la visión global del mundo que profesan los/as anarcosindicalistas y en la que se funden armoniosamente los planteamientos teóricos con la acción práctica encaminada a realizarlos, sin fracturas ni contradicciones.

La acción directa es la única asumible por nuestra militancia y viene prefigurada en todas las aspiraciones enunciadas. La visión antiautoritaria de la historia, la nueva ética de la responsabilidad personal e intransferible, el carácter soberano que adscribimos a la persona humana para determinar su destino, nos lleva a rechazar cualquier forma de mediación o de renuncia de la libertad y de la iniciativa individual y colectiva en segundos o terceros, no importa quiénes sean dejando en sus manos TODO el poder de decisión. ESTA RENUNCIA ES EL HECHO CLAVE, la pendiente por la que se deslizan hacia su ruina las diversas escuelas del socialismo que exigen la dependencia del ciudadano. Pero queremos dejar bien sentado que la acción directa no presupone la acción individual y aislada de la persona, sino la actuación colectiva y solidaria de todos los trabajadores y trabajadoras para resolver sus problemas en el momento histórico que vivimos, frente a los individuos que detentan el poder o sus intermediarios. Y será ese colectivo de trabajadores el encargado en todo momento de arbitrar los medios para aplicar esa acción directa del modo que el conjunto o asamblea considere más oportuno en cada caso, siempre que no se vaya contra la esencia misma de la C.N.T. La defensa de los trabajadores es un derecho y un deber ineludible para lo cual pueden utilizarse métodos variados y que van desde el label, censura sindical, trabajo lento, boicot… hasta la huelga de solidaridad y la huelga general revolucionaria.

Esta acción directa en definitiva nos lleva a rechazar parlamentos, elecciones parlamentarias y referendos, instituciones todas que son la clave de la intermediación. En el terreno económico reivindicativo y por las mismas razones, rechazamos todo tipo de entidades arbitrales entre el capital y el trabajo, como jurados mixtos, comisiones de arbitraje etc., manifestándonos en favor de la confrontación libre y directa del capital y el trabajo. Es por todo lo dicho, en suma, por lo que rechazamos el Estado en todas sus formas.

5 comentarios en “Historia del anarcosindicalismo”

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