HISTORIA DEL ANARQUISMO UNIVERSAL

Propaganda por el hecho.

La captura de Emile Henry, luego de detonar una bomba en el café Terminus, Paris

La llamada propaganda por el hecho o propaganda por el acto es una estrategia de propaganda anarquista basada en el supuesto de que el impacto de una acción genera más repercusiones, obtiene más relevancia y, por tanto, es mucho más eficaz que la simple palabra para despertar las energías rebeldes del pueblo.1​ Así pues, la propaganda por el hecho implica predicar con el ejemplo. Su puesta en práctica buscaba elevar un conflicto latente al grado de conflictividad explícita, generando un elevado grado de incertidumbre social que obligase a la mayoría a salir de su indiferencia y adoptar posturas distintas para resolver el conflicto.

La propaganda por el hecho incluye acciones que van desde la ocupación de un terreno o inmueble, hasta el tiranicidio o ataques contra quienes son considerados poderosos y/o represores. Este tipo de atentados violentos ha sido denominado generalmente como terrorismo anarquista, y por su relevancia y cantidad han terminado alterando el significado popular del término propaganda por el hecho hasta convertirlo en sinónimo de terrorismo y violencia.234567​ El famoso teórico anarquista Piotr Kropotkin apoyó la propaganda por el hecho, diciendo que «un acto puede, en unos pocos días, hacer más propaganda que miles de panfletos». Sin embargo, él y otros pensadores comenzaron a albergar dudas sobre la eficacia de las formas violentas de esta táctica a finales del siglo XIX. «Una estructura basada en siglos de historia no puede ser destruida con unos cuantos kilos de explosivos», publicó Kropotkin en “La Révolte”.8

Historia del concepto.

La propaganda por el hecho, en el ámbito del movimiento, fue formulada por primera vez en 1876 por los anarquistas italianos Errico Malatesta y Carlo Cafiero, en un artículo del Boletín de la Federación del Jura en el que decían: “El hecho insurreccional destinado a afirmar los principios socialistas mediante la acción es el medio de propaganda más efectivo y el único que sin engañar y corromper a las masas puede penetrar hasta las capas sociales más profundas y atraer las fuerzas vivas de la Humanidad a la lucha mantenida por la Internacional.

La idea vertida por Malatesta y Cafiero no contemplaba los atentados individuales, sino que hacía referencia a la alteración del orden colectivo: “manifestaciones, motines, e incluso, alzamientos”.[cita requerida] Lo esencial de esta propuesta era que solo la palabra no era suficiente para conmover al grupo, entendido este como la sociedad. Estas ideas dieron pie, sobre todo durante los últimos años del siglo pasado, a la realización de toda una serie de atentados que sí lograron sembrar el desasosiego, consiguiendo atraer la atención y evitando que su “desviación” se minimizara o descalificara.

El término fue popularizado por Paul Brousse (1844-1912), un joven médico francés, en un artículo titulado Propaganda por el hecho (Propagande par le fait, en el original) publicado en agosto de 1877, donde analiza el levantamiento obrero de la Comuna de París y otros movimientos revolucionarios como buenos ejemplos de lo que debe ser la acción revolucionaria basada en el principio de propaganda por el hecho.

Uno de los más fervientes defensores de dicha estrategia fue Johann Most, quien alababa estos actos debido a la gran resonancia que tenía entre las masas. Fue así como también se le denominó Dynamost, debido a su método preferido de atentado, la dinamita, si bien nunca estuvo claro si se involucró directamente en alguno.

Entre 1890 y 1900 tuvo lugar en todas partes un periodo de terrorismo anarquista. Muchos artistas y escritores compartían estos atentados ya que según ellos conmover, enfurecer y expresar la propia protesta era la única cosa que podía hacer cualquier hombre sensible y honrado. En España, los atentados se iniciaron tras la represión sufrida por las organizaciones anarquistas, cuya ilegalización y persecución forzó a sus militantes a actuar en la clandestinidad y les impulsó a llevar a cabo este tipo de actos violentos.9

En gran parte, la propaganda por el hecho se relaciona con la ola de atentados individuales realizados contra monarcas y demás jefes de Estado a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, a manera de magnicidio, regicidio o tiranicidio. En su tiempo estas acciones terroristas, que en un principio solo fueron formalmente desaconsejadas, llegaron finalmente a ser repudiadas por la gran mayoría del movimiento anarquista por los excesos que se llegaron a cometer; habiéndose dado en ocasiones asesinatos a personajes que no detentaban ni tenían relación con el máximo poder político, por la falta de proyección de las acciones cometidas, y porque obstruía el trabajo metódico de las organizaciones anarquistas siendo motivo para la represión de estas por parte de los Estados.

Regicidios y otros asesinatos.

Numerosos cabezas de estado fueron asesinados entre 1881 y 1914 por anarquistas, tanto en atentados individuales como provocando en ocasiones gran cantidad de víctimas inocentes. A saber:

  • 11 de mayo de 1878. Fallido intento de asesinato por parte de Max Hödel contra el Kaiser Guillermo I.
  • Agosto de 1878. Sergey Kravchinsky apuñaló hasta la muerte al general Nikolai Mezentsov, cabeza de la tercera sección de la caballería del zar como respuesta a la ejecución de Ivan Kovalsky.
  • 25 de octubre de 1878. Primer atentando contra Alfonso XII, rey de España, del que resultó ileso.
  • 17 de noviembre de 1878. Fallido intento de asesinato por parte de Giovanni Passannante contra el rey de Italia Humberto I.
  • Febrero de 1879. Grigori Goldenberg asesinó a tiros al gobernador de Járkov.
  • Abril de 1879. Alexander Soloviev disparó al zar Alejandro II, pero falló en su asesinato. Este fue el segundo atentado contra la vida del zar.
  • 30 de diciembre de 1879. Segundo atentado contra Alfonso XII, del que también salió ileso.
  • 1880. Stepan Khalturin detonó una bomba en el palacio de invierno, murieron ocho soldados y hubo cuarenta y cinco heridos. En referencias al invento de la dinamita unos años atrás en 1862, el historiador Benedict Andersen dijo: “Ahora el invento de Nobel ha hecho su entrada en la política”.
  • 1° de marzo (Calendario Juliano) de 1881. El Zar Alejandro II fue asesinado con una bomba por Narodnaya Volya, grupo político no anarquista.
  • 23 de julio de 1892Alexander Berkman intentó asesinar a Henry Clay Frick en reacción al asesinato de trabajadores por la Agencia de detectives Pinkerton durante un asalto.
  • 9 de diciembre de 1893Auguste Vaillant lanzó una bomba con metralla en la asamblea nacional francesa, sin lograr una sola muerte pero dejando un herido. Fue sentenciado a muerte y ejecutado en la guillotina el 4 de febrero de 1894. Sus últimas palabras fueron “¡Muerte a la sociedad burguesa y larga vida al anarquismo!”.
  • 12 de febrero de 1894Emile Henry colocó una bomba en el Café Terminus matando a una persona e hiriendo a veinte. Durante su juicio declaró: “No hay inocentes entre los burgueses”. Este acto es raro, ya que no se eligió como blanco de un ataque a una personalidad.
  • 24 de junio de 1894Sante Geronimo Caserio apuñaló a muerte al presidente francés Sadi Carnot como venganza por Auguste Vaillant y Emile Henry. Caserio fue ejecutado en la guillotina el 15 de agosto.
  • 3 de noviembre de 1896. En Patras, el zapatero anarquista Dimitris Matsalis atacó con un cuchillo a dos figuras prominentes de la ciudad, asesinando al banquero Dionysios Fragkopoulos e hiriendo gravemente al comerciante Andreas Kollas.
  • 8 de agosto de 1897Michele Angiolillo asesinó al primer ministro español Antonio Cánovas del Castillo, figura clave en la caída de la Primera República Española.
  • 10 de septiembre de 1898. Luigi Lucheni mató a puñaladas a Isabel de Baviera, emperatriz consorte de Austria y reina de Hungría por su matrimonio con el emperador Francisco José I.
  • 29 de julio de 1900Gaetano Bresci asesinó a Umberto I de un disparo.
  • 6 de septiembre de 1901Leon Czolgosz asesinó de un disparo a William McKinley, presidente de los Estados Unidos. Fue ejecutado en la silla eléctrica el 29 de octubre.
  • Octubre de 1902. Gennaro Rubino intentó asesinar a Leopoldo II.
  • 31 de mayo de 1906. El anarquista catalán Mateo Morral intentó asesinar a Alfonso XIII de España y Victoria Eugenia de Battenberg tras su boda, provocando la muerte de treinta víctimas inocentes.
  • 14 de noviembre de 1909. El ucraniano Simón Radowitzky asesinó al político y militar argentino Ramón Falcón con una bomba casera.
  • 14 de septiembre de 1911. Dmitri Bogrov disparó y asesinó al primer ministro ruso Pyotr Stolypin.
  • 12 de noviembre de 1912. El anarquista español Manuel Pardiñas asesinó al primer ministro español José Canalejas en Madrid.
  • 18 de marzo de 1913Aléxandros Schinás asesinó al rey Jorge I de Grecia.
  • 14 de diciembre de 1914.Antonio Ramón Ramón intento matar al general chileno Roberto Silva Renard apuñalándolo por la espalda para vengar a su medio-hermano que había muerto tras la Matanza de la Escuela Santa María de Iquique
  • 24 de noviembre de 1917 Atentado contra el Departamento de Policía de Milwaukee: nueve policías muertos.
  • Abril a junio de 1919; serie de sucesos en Estado Unidos:
    • 28 de abril – El alcalde de Seattle recibió una bomba casera por correo.
    • 29 de abril – Un sirviente del senador Thomas W. Hardwick perdió ambas manos y sufrió quemaduras junto con su esposa debido a un artefacto explosivo.
    • 30 de abril – Se descubrieron 16 bombas.
    • 2 de junio – Carlo Valdinoci intentó volar la casa del abogado Mitchell Palmer, pero se mató a sí mismo en el intento.
    • 3 de junio – Un vigilante nocturno, William Boehner, es asesinado en Nueva York por una bomba colocada en los juzgados.
  • 16 de septiembre de 1920. En el llamado Atentado de Wall Street murieron 38 personas y resultaron heridas 400. Anarquistas asociados con Luigi Galleani fueron señalados como responsables del acto.
  • 8 de marzo de 1921. Tres anarquistas asesinaron a tiros al político conservador Eduardo Dato Iradier desde una motocicleta en la Puerta de Alcalá, Madrid.
  • 1922. Gustave Bouvet intentó asesinar al presidente francés Alexandre Millerand.
  • 1926. Sholom Schwartzbard asesinó a Symon Petlura, cabeza del gobierno popular Ucraniano en el exilio en París.
  • 1926-1928. Varios bombardeos en Argentina fueron perpetrados por el anarquista italiano Severino Di Giovanni, como parte de una campaña internacional en apoyo a Sacco y Vanzetti y contra el gobierno fascista de Italia.

Notas.

  1.  Juan Avilés FarréFrancisco Ferrer y Guardia: pedagogo, anarquista y mártir, p.21
  2.  Juan Avilés FarréEl nacimiento del terrorismo en Occidente. Anarquía, nihilismo y violencia revolucionaria, p.1
  3.  Bruce HoffmanInside terrorism, p.5
  4.  Arthur H. Garrison. Terror: From Tyrannicide to Terrorism, “The Theory and Application of Terrorism”, p.28
  5.  Walter Laqueur. A history of terrorism, p.49
  6.  Gonzalo Zaragoza Rovira, Anarquismo argentino, 1876-1902, p.110
  7.  Roger Eatwell, Anthony Wright. contemporary Political Ideologies, p.141
  8.  Juan Avilés FarréEl nacimiento del terrorismo en Occidente. Anarquía, nihilismo y violencia revolucionaria, p.89
  9.  En 1881, se fundó la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), heredera de la anterior y que experimentó un rápido crecimiento. Pero la FTRE no tardaría mucho tiempo en verse obligada a pasar a la clandestinidad y en correr la misma suerte que su predecesora. La dura represión -especialmete en el campo andaluz- terminó por dividir a la Federación. Su heredera fue la Organización Anarquista de la Región Española (OARE) que actuó desde la clandestinidad y que inauguraría en España lo que sería conocido como la propaganda por el hecho. Este nuevo periodo de atentados anarquistas se prolongaría hasta finales del siglo XIX, momento en el que se iniciaría una reorganización sindical en el país. (Extraído de Historia de la CNT Archivado el 2 de febrero de 2013 en la Wayback Machine..

Véase también.

Enlaces externos.

Anarquismo y violencia. La propaganda por el hecho

Publicado el  por Polémica

Ignacio DE LLORENS

Sé que todos estamos tan fuertemente sometidos a la violencia que nos es muy difícil vencerla, pero haré sin embargo todo cuanto pueda para no favorecerla, para no ser su cómplice, y me esforzaré en no aprovecharme jamás de lo que fue adquirido y está defendido por la violencia (León Tolstoi)

Atentado con bomba en el Liceo de Barcelona

A finales del siglo XIX, coincidiendo con la derrota de La Commune y la masiva represión subsiguiente, así como con la desaparición de la I Internacional, y mientras estaba en estado embrionario el proyecto anarcosindicalista como forma de autoorganización popular, hizo su aparición el fenómeno conocido como «propaganda por el hecho», que consistía en atentar contra figuras representativas del orden burgués imperante con el doble propósito de derribar el régimen y dar ánimos a los oprimidos sembrando el pánico entre los opresores.

Aunque fundamentalmente se atentaba contra cabezas coronadas, manos ensortijadas y pechos condecorados, también se procedió a sembrar el pánico en escenarios emblemáticos de la burguesía, cafés selectos, teatros de Opera… La discriminación de las eventuales víctimas de los atentados no siempre era muy escrupulosa; por aplicar eufemismos de «rabiosa actualidad», podríamos decir que los camareros y trabajadores de esos escenarios acabaron siendo «víctimas colaterales».

Desde un punto de vista táctico podríamos establecer que la propaganda por el hecho fue un completo desastre que sirvió justo para lo contrario de lo supuesto por sus practicantes. Quienes hicieron propaganda de el hecho fueron los que dominaban los medios de comunicación, que acabaron creando el arquetipo universal del anarquista como psicópata con bomba, y de paso justificando el endurecimiento del código penal elaborando las llamadas «leyes histéricas», que tanto y tan bien sirvieron para reprimir con ferocidad al conjunto del movimiento libertario de la época, que en su mayoría condenaba los atentados y sufría sus consecuencias. Hasta tal punto fue interesante la propaganda por el hecho para el Estado, que la policía se sirvió con frecuencia de confidentes y agentes para incitar o cometer atentados y cargarlos a la cuenta de los anarquistas, con lo cual se abundaba en la difusión del arquetipo y en la represión de todo conato de asociacionismo libertario. Si no se hacían atentados era menester provocarlos. La acción de la propaganda por parte del Estado servía para neutralizar a sus oponentes más acérrimos y para justificar la existencia del orden represivo.

Desde un plano político, la propaganda por el hecho representaba una flagrante contradicción con la teoría anarquista. Según ésta, el ser humano no nace bueno ni malo, ni Rousseau ni Hobbes tenían razón, es la sociedad mediante sus instituciones y sus valores ideológicos la que convierte a los individuos en buenos o malos. Pensar que matando al malvado se acabará con el orden social mediante el cual dominan supone una completa confusión de las causas y los efectos. Cambiar un régimen social se consigue aboliendo las instituciones que lo establecen, mantienen y reproducen, no con las personas físicas a las que se supone susceptibles de liberarse de los roles que han asumido, y a la nueva sociedad de abolir las instituciones que ejercen el mal. Por otro lado, consustancial con el pensamiento libertario es la idea de que la liberación social se obtiene estableciendo unos valores políticos y morales de no dominación que sirven a la vez de referencia de acción, manteniendo la coherencia entre fines y medios, ya que a la postre vivimos entre acciones, no entre fines, y son los propios interesados en su liberación los protagonistas de la misma. Luego la extensión de esos valores y su puesta en marcha constituyen la «política» libertaria, no los actos de vanguardias armadas redentoras y justicieras.

Y desde un registro moral, la idea de ejecutar a los representantes y responsables de la represión estatal se mueve dentro del ámbito de la venganza. Contra la venganza, que es la disolución no de un orden social dado, sino de lo social como tal, se han levantado los valores que permiten la existencia de la vida comunitaria, arrumbando la venganza y orientando las acciones según la justicia. Donde hay venganza no hay justicia, y viceversa. Luego la aspiración a una sociedad justa no puede contemplar los sentimientos de venganza y sus diversos alimentos: odio, rencor y rabia. La lucha contra un orden social determinado cobrará sentido, precisamente, por el afán de establecer una relación justa más allá del odio y sus servidumbres siniestras.

De modo que la propaganda por el hecho fue una suerte de versión laica del precepto bíblico «por sus obras los conoceréis». Nada podía convenir tanto al orden imperante como dar a conocer a sus detractores mediante esas acciones, y desde entonces el movimiento anarquista ha tenido que enfrentar siempre ese arquetipo de la propaganda estatal, así como el lamentable eco que el mismo pudo tener en las propias filas anarquistas y del que con razón se quejaba Luigi Fabbri«entre los anarquistas, los hay que aprecian mucho más al que mata en un momento de rebelión violenta que al oscuro militante que con toda una vida de obras constantes determina cambios mucho más radicales en las conciencias y en los hechos»

Lo opuesto a la práctica violenta suele entenderse que es el pacifismo, cuya formulación encontramos también en los evangelios y consiste en ofrecer la otra mejilla al que nos ha golpeado la primera. Hay que advertir, no obstante, que los pacifistas suelen creer en la otra vida, véanse Tolstoi, Gandhi, Luther King… Ya Orwell tuvo que criticar a Gandhi cuando éste recomendó a los judíos alemanes que se entregaran sin ofrecer resistencia a los nazis. El desprecio a esta vida del pacifista queda compensado por el venturoso más allá, donde no duelen las mejillas tumefactas del más acá. Ofrecer la otra mejilla como argumento disuasorio, sin creer en la vida ultramundana, no es signo de bondad moral, sino de vocación de martirio.

Muy distinta de la propaganda por el hecho y del pacifismo es el derecho a la defensa. Claro que ahora que los ministerios de la Guerra han pasado a denominarse de Defensa, no hay guerra que no sea defensiva, y hasta los estallidos bélicos más arbitrarios y caprichosos se hacen como «preventivos», pues hay que afinar mucho en el uso de este derecho. Se puede hablar con propiedad de defensa cuando se produce una agresión real. La agresión real es algo fácil de precisar, pues se impone con cruel evidencia y ante ella no caben dudas. Como el enamoramiento, quien lo «padece» no lo duda, y como en el soneto de Lope, quien lo ha «sufrido» lo sabe. Si alguien llama agresión, para deducir de ella su defensa violenta, al hecho de que suene el despertador antes de que haya acabado su sueño reparador, o a estar expuesto a la agresiva publicidad, y por lo tanto se arroga el derecho de liarse a bombazos, pues está haciendo trampa. Ahora bien, cuando los militantes de la CNT eran ejecutados por la calle por los pistoleros a sueldo de la patronal o se les aplicaba la «ley de fugas», pues evidentemente se trataba de una agresión formal y «con todas las de la ley», y ante la cual era poco recomendable ofrecer la otra mejilla al pistolero o policía que hubiera fallado el blanco. Del mismo modo, resistirse al golpe militar franquista y luchar en los campos de batalla en defensa de la libertad y la revolución, pues parece más correcto, y es desde luego legítimo como defensa, que aplicar el consejo gandiano y entregarse a Franco. Ya luego, los que fueron capturados tras la victoria pudieron conocer el valor disuasorio del ejemplo pacifista.

Cuando es el enemigo el que elige la acción y ésta condiciona la respuesta hasta un límite donde es inevitable sufrir la agresión, y el que la ve venir nota como su fe otrora inquebrantable en el más allá empieza a flaquear, pues digo yo, y creo que convendrá conmigo el común de los mortales, y nunca mejor dicho, que tiene derecho a repeler la agresión. Lo cual no significa que cualquier forma de defensa sea válida. Incluso para estas ocasiones hay un código de honor que bien sabían aplicar los caballeros medievales y que consiste en evitar el ensañamiento. De forma que aquello tan castizo y chulesco de «te voy a dar dos hostias» no es lícito. Primero habrá que ver el efecto que causa el primer impacto, porque a lo mejor resulta que el agresor agredido reacciona de pronto de manera evangélica y ofrece la segunda mejilla. Pues bien, en ese caso la segunda hostia sobra, como sobra también si con la primera se neutraliza ya la amenaza de agresión. Quiere decirse con eso que incluso en el límite donde la acción queda condicionada de forma casi absoluta por la elección del medio del enemigo, también es posible actuar según unos valores distintos de los utilizados por el enemigo en situaciones parecidas. Buen ejemplo de ello nos ofrecieron las tropas de Majno durante los años de la revolución rusa, cuando a los prisioneros se les ofrecía la posibilidad de unirse a la guerrilla o bien ser puestos en libertad bajo la promesa de que no volvieran a atacarles. Para escándalo de la mentalidad propia de los funcionarios de prisiones de todos los tiempos, muchos se pasaban a la guerrilla y los que optaban por quedar en libertad no volvían a incorporarse a las filas enemigas.

La crítica libertaria al Estado es la crítica a la institucionalización de la violencia, luego la violencia no puede ser una forma de liberación antiestatal. Como bien advirtió Tolstoi, conviene liberarse de la violencia para aspirar a ser un ser humano digno. Es el Estado quien administra la vida y la muerte de sus súbditos. Sólo alguien que se crea Estado y luche por hacerse con el poder puede ser partidario de la violencia como forma de lucha política. Distinguirse de los partidarios del estatismo será, pues, poner por obra las formas políticas y morales libertarias basadas en el respeto y el reconocimiento al otro, y en el desarme y «desviolentación» de las formas de relación social. Este es el hecho que merece ser propagado.

Publicado en Polémica, n.º 83, enero 2005

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