HISTORIA DEL ANARQUISMO EN ESPAÑA

La Revolución de diciembre de 1933

Texto realizado por Yelin.

Año 1933. II República española. Bienio reformista, presidido por Manuel Azaña. La esperanzas que tenía el pueblo de mejorar sus condiciones de vida con la instauración de la República se van desvaneciendo: las reformas impulsadas por el gobierno de Azaña fracasan. Además, los efectos de la crisis económica mundial empiezan a notarse cada vez más en la sociedad española, y el paro aumenta cada día, llegando a casi 700.000 personas sin trabajo. La oposición, encabezada por el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, va presionando al presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, para que retire su apoyo al gobierno de Azaña, el catolicismo se organiza en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), y las protestas de los patronos se generalizan. Pero la gota que colma el vaso va a ser los sucesos de Casas Viejas en enero de 1933 (con los precedentes de Castilblanco en diciembre de 1931, y Arnedo en enero de 1932), donde se produce una matanza por parte del gobierno republicano. Todo esto hace que Manuel Azaña se quede prácticamente sin apoyos, y en septiembre de 1933 dimite. Alcalá Zamora encarga formar gobierno a Lerroux, pero solo dura tres semanas por falta de apoyo parlamentario, y entonces, disuelve las Cortes a principios de octubre y encarga a Martínez Barrio convocar unas elecciones para el 19 de noviembre.

De cara a dichas elecciones, la derecha no simpatizante con la República formó una coalición integrada por, entre otros, la CEDA, el Partido Agrario, Renovación Española y carlistas. Cercano a éstos, están la derecha republicana: el Partido Republicano Radical, el Partido Republicano Liberal Demócrata y el Partido Republicano Progresista. Así pues, la derecha se presenta como una unidad sólida, e incluso hay pactos entre los radicales de Lerroux y la CEDA. Todo lo contrario que en la izquierda, ya que a diferencia de las anteriores elecciones de 1931, hay divisiones entre ellos, y el PSOE rompe completamente las relaciones con los republicanos de izquierda.

Por su parte, la CNT, que sufre una dura represión a lo largo de la II República, desarrolla una campaña de abstencionismo, siguiendo sus principios básicos de no presentar ninguna candidatura a las elecciones. El 20 de octubre de 1933, se celebra un pleno en Madrid en donde se ratifica la campaña antielectoral. Conscientes de que dicha campaña pueda favorecer el triunfo de la derecha, se establece que en dicho caso, la Confederación tiene el deber de impulsar la revolución social para implantar el comunismo libertario, y basta que una regional comience la acción para que las demás la secunden automáticamente. En las siguientes semanas, se lleva a la práctica dicha campaña, que culmina con un mitin en Barcelona ante más de 100.000 trabajadores, con el lema “Frente a las urnas, la revolución social”, en donde Buenaventura Durruti acusa a la República de encarcelar a 9.000 obreros en dos años; y Valeriano Orobón Fernández apela a los sucesos en Alemania, donde Hitler había llegado al poder por medio de las elecciones, para advertir a los y las asistentes.

El 19 de noviembre, día de las elecciones, se sucede con tranquilidad. Por primera vez en la historia de España, la mujer ejerce su derecho al voto. La campaña abstencionista de la CNT resulta un éxito, ya que sus afiliados y simpatizantes no participan (hay un total de cuatro millones de abstenciones). Esto se nota sobre todo en zonas en donde el anarquismo ejerce una gran influencia, véase Barcelona, Sevilla, Málaga o Cádiz. Pero esta campaña resta votos a la izquierda y, como era de esperar, la derecha sale vencedora en las elecciones (influye otros factores también, como la desunión de la izquierda, o el hecho de que la gran mayoría de las mujeres, muy influenciadas por la Iglesia, voten a la derecha). Rápidamente se vuelve a celebrar en Madrid un nuevo pleno de regionales el 26 de noviembre de 1933, y se discute la posibilidad de desencadenar una insurrección y sus probabilidades de éxito. Hay quienes optan por una preparación más cuidadoso y largo, y otros se inclinan por iniciar inmediatamente la acción, convencidos del apoyo que prestarán los trabajadores de la UGT. Se acuerda la segunda opción, y se nombra un Comité Revolucionario, entre los que están Buenaventura Durrutii, Cipriano Mera o Joaquín Ascaso, que fijan la residencia en Zaragoza.

El 2 de diciembre se celebra la segunda jornada de las elecciones, en donde la derecha sale de nuevo vencedora, aunque con resultados más igualados. Días después, se declara el Estado de Prevención, ante una más que posible insurrección anarquista. Así las cosas, se llega al 8 de diciembre, día en el que se abren las nuevas Cortes. Al término de las mismas, se declara en toda España el Estado de Alarma, y en Zaragoza, se ordena cerrar los locales de la CNT y desplegar las fuerzas de seguridad del Estado. Pero esto no evita que el pueblo se levante en armas, y la región de Aragón, La Rioja y Navarra desencadenan la insurrección, que es secundada por una huelga general en todo el país. Se producen cortes de comunicaciones, asaltos a cuarteles de la Guardia Civil y tiroteos en varias ciudades. En una semana, en el Este de la península se consigue dominar varias poblaciones; se producen constantes paros y huelgas en Madrid, Galicia, Asturias, León y Andalucía; y en diversas localidades de Aragón y La Rioja se proclama el comunismo libertario. Además, en Villanueva de la Serena, una pueblo de Extremadura, el sargento Pío Sopena y varios militantes de la CNT se adueñan de la localidad, donde resisten dos días antes de ser bombardeados por las fuerzas de la República.

El 14 de diciembre, se declara el Estado de Guerra y el Ejército español interviene, sofocando la rebelión en todos los puntos del país, por lo que, al igual que en enero de 1933 y en Alto Llobregat en enero de 1932, la insurrección fracasa. Algunos motivos son la falta de armamento y preparación, y la no participación de la UGT como se esperaba. Esta semana de lucha deja un total de casi 90 muertos, cerca de un centenar de heridos y más de un millar de detenidos, entre ellos, los miembros del Comité Revolucionario. Habrá que esperar más, concretamente hasta el 19 de julio de 1936, para que la revolución socia triunfe y se instaure el comunismo libertario en las colectividades de Cataluña y Aragón

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