HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA DE 1936

Revolución social española de 1936 y documentales.

milicianos-anarquistas

 

La revolución social española de 1936, comúnmente conocida como revolución española1 fue un proceso revolucionario que se dio tras el intento de golpe de Estado del 17 de julio de 1936 que desembocó en la Guerra Civil Española. Su principal base ideológica fue el anarcosindicalismo y el comunismo libertario de la CNTFAI, con un componente marxista revolucionario, caracterizado por el POUM y el ala caballerista del PSOE y UGT. Se caracterizó, entre otras cosas: por su anticlericalismo en lo religioso, su cantonalismo y horizontalismo en lo administrativo, su racionalismo en la educación y el colectivismo autogestionario en lo económico.

Fases de la revolución

El 17 de julio de 1936, se inició el golpe de Estado militar. El 18 de julio, mientras los militares golpistas prosiguen su sublevación, se produce el vacío de poder por parte del colapsado Estado republicano (se suceden cuatro gobiernos en un solo día) que da lugar a que las estructuras coercitivas del Estado se disuelvan o paralicen allí donde los golpistas no se hacen con el poder. Para entonces, la CNT cuenta con aproximadamente 1.577.000 militantes y la UGT con 1.447.000 militantes. El 19 de julio la sublevación llega a Cataluña, donde los obreros tomando las armas asaltan los cuarteles, levantando barricadas y frenando a los insurrectos.

Primera fase de la revolución (julio-septiembre de 1936): El verano de la anarquía

Los sindicatos CNT y UGT convocan una huelga general del 19 al 23 de julio como respuesta tanto a la sublevación militar como a la aparente apatía del Estado frente al mismo. Pese a que ya existían antecedentes puntuales en días anteriores de distribución de armas entre sectores civiles, es durante la Huelga General cuando grupos de sindicalistas vinculados a los sindicatos convocantes y a grupos menores, asaltan muchos de los depósitos de armas de las fuerzas del orden, independientemente de que estén sublevados contra el Gobierno o no.

Ya en estas primeras semanas, se establecen dos matices entre los sectores revolucionarios anarcosindicalistas: el grupo radical, vinculado fundamentalmente a la FAI y a través de ella a la CNT, aunque también participen otras organizaciones menores, que entiende el fenómeno del que participa como una revolución a la usanza tradicional; y el grupo posibilista, formado también por miembros de otro sector de la CNT (y otros grupos revolucionarios más moderados), que expresa la conveniencia de participar en un frente más amplio, el posteriormente llamado Frente Popular Antifascista (FPA), resultado de sumar los sindicatos a la coalición electoral Frente Popular.

Paralelamente, surge la formación de estructuras administrativas al margen del Estado, la mayoría de las cuales tendrán carácter local o comarcal, sobrepasando en casos puntuales estos límites; algunas de las más importantes serán:
  • Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña
  • Comité Ejecutivo Popular de Valencia
  • Consejo Regional de Defensa de Aragón
  • Comité de Salud Pública de Málaga
  • Comité de Guerra de Gijón
  • Comité Popular de Sama de Langreo
  • Consejo de la Cerdaña
  • Comité Antifascista de Ibiza

En todas estas estructuras queda reflejada la distinción anteriormente citada entre las dos sensibilidades revolucionarias. En manos de los revolucionarios quedarán los Comités de Guerra y de Defensa, de progresivamente menor importancia, en manos de los posibilistas, el resto.

 Emblema de la CNT.

En pocos días se articulan los frentes de la Guerra Civil, de los cuales uno de los principales en el contexto de la revolución es el de Aragón. El 24 de julio de 1936 parte la primera milicia voluntaria de Barcelona en dirección a Aragón. Es la Columna Durruti, de alrededor de 3.000 personas, en su mayoría trabajadores coordinados por Buenaventura Durruti, que van implantando el comunismo libertario por los municipios por los que van pasando. Además, se formarán otras de estas estructuras militares de carácter popular como la Columna de Hierro o la Columna Rojo y Negro que parten también hacia Aragón. Todo este movimiento dará lugar a una extraordinaria concentración de anarquistas en la parte no tomada por los militares alzados. La llegada, por una parte, de los millares de milicianos anarquistas de Cataluña y Valencia y la existencia, por otra, de una gran base popular rural aragonesa de filiación anarcosindicalista permitirán el desarrollo progresivo de la mayor experiencia colectivista de la revolución.

Durante esta primera fase la mayor parte de la economía española fue puesta bajo el control de los trabajadores organizados por los sindicatos; principalmente en áreas anarquistas como Cataluña, este fenómeno llegó al 75% del total de la industria,2 pero en las áreas de influencia socialista la tasa fue bastante menor. Las fábricas fueron organizadas por comités de trabajadores, las áreas agrícolas llegaron a colectivizarse y funcionar como comunas libertarias. Incluso lugares como hoteles, peluquerías, medios de transporte y restaurantes fueron colectivizados y manejados por sus propios trabajadores.

..se desarrollaron nuevas estructuras que configuran las bases económicas y sociales de ése contrapoder que se ha visto emerger en los debates municipales y que le otorgan a esta fase de la Guerra Civil el carácter de Revolución Social, por lo menos hasta los hechos de mayo de 1937 en Barcelona.3

George Orwell describe una escena de Aragón durante este periodo, en el cual participó como parte de la División Lenin del POUM, en su célebre libro Homenaje a Cataluña”:

Yo estaba integrando, más o menos por azar, la única comunidad de Europa occidental donde la conciencia revolucionaria y el rechazo del capitalismo eran más normales que su contrario. En Aragón se estaba entre decenas de miles de personas de origen proletario en su mayoría, todas ellas vivían y se trataban en términos de igualdad. En teoría, era una igualdad perfecta, y en la práctica no estaba muy lejos de serlo. En algunos aspectos, se experimentaba un pregusto de socialismo, por lo cual entiendo que la actitud mental prevaleciente fuera de índole socialista. Muchas de las motivaciones corrientes en la vida civilizada —ostentación, afán de lucro, temor a los patrones, etcétera— simplemente habían dejado de existir. La división de clases desapareció hasta un punto que resulta casi inconcebible en la atmósfera mercantil de Inglaterra; allí sólo estábamos los campesinos y nosotros, y nadie era amo de nadie.

Las comunas fueron usadas de acuerdo al principio básico de «De cada uno de acuerdo a su habilidad, a cada uno de acuerdo a su necesidad». En algunos lugares, el dinero fue totalmente eliminado, para ser reemplazado por vales. Bajo este sistema, el costo de los bienes era con frecuencia un poco más de un cuarto del costo anterior. Las áreas rurales expropiadas durante la revolución son del 70% en Cataluña, cerca del 70% en el Aragón reconquistado,4 el 91% de la Extremadura que quedaba en la República, el 58% en Castilla-La Mancha, el 53% en la Andalucía no sometida a los militares insurrectos,5 el 25% para Madrid,6 el 24% para Murcia7 y el 13% en la actual Comunidad Valenciana. En tanto a la colectivización de estas tierras expropiadas, el total supone un 54% de la superficie expropiada de la España republicana, según datos del IRA.8 9 Sin embargo, dado que el Ministerio de Agricultura, y por extensión el IRA, estaban bajo control del Partido Comunista, hostil a la colectivización, los datos podrían ser mayores. Las provincias donde adquirieron mayor importancia las colectividades rurales, fueron las de Ciudad Real -donde estaban colectivizadas en 1938, 1.002.615 has, el 98,9% de la superficie cultivada en 1935- y Jaén -con 685.000 has y el 76,3%-, quedando a mucha distancia el resto de las provincias republicanas.10 Muchas colectividades aguantarían hasta el final de la guerra.

En el Aragón en el que se proclama el comunismo libertario al paso de las columnas de milicias libertarias, se forman aproximadamente 450 colectividades rurales, la práctica totalidad de ellas en manos de la CNT. con un número que rondará las 20 a cargo de la UGT.11

En el área valenciana se constituirán 353 colectividades, 264 dirigidas por la CNT, 69 por la UGT y 20 de manera mixta CNT-UGT. Unos de sus principales desarrollos serán el Consejo Levantino Unificado de Exportación de Agrios (conocido por sus iniciales, CLUEA) y la total socialización de las industrias y servicios de la ciudad de Alcoy.12

En la industria catalana los sindicatos obreros de la CNT se hicieron con numerosas fábricas textiles, organizaron los tranvías y los autobuses de Barcelona, implantaron empresas colectivas en la pesca, en la industria del calzado e incluso se extendió a los pequeños comercios al por menor y a los espectáculos públicos. En pocos días el 70% de las empresas industriales y comerciales habían pasado a ser propiedad de los trabajadores en aquella Cataluña que concentraba, por sí sola, dos tercios de la industria de España.

A pesar de las críticas que clamaban por la máxima eficiencia, las comunas anarquistas producían más que antes de ser colectivizadas.13 14 Las zonas liberadas recientemente trabajaron sobre los principios libertarios: las decisiones eran tomadas a través de concilios de ciudadanos comunes sin ningún tipo de burocracia (cabe mencionar que el liderazgo de la CNTFAI en este periodo no fue tan radical como los miembros responsables de estos drásticos cambios).

Sumado a la revolución económica, existió un espíritu de revolución cultural y moral: los ateneos libertarios se convirtieron en lugares de encuentro y auténticos centros culturales de formación ideológica, en los cuales se organizaban: desde clases de alfabetización, a charlas sobre sanidad, excursiones al campo, bibliotecas de acceso público, representaciones teatrales, tertulias políticas o talleres de costura. Se fundaron numerosas escuelas racionalistas, que ampliaron la oferta ya existente en ateneos y centros sindicales, en las cuales se llevaban a cabo los postulados educativos de Ferrer y Guardia, Mella, Tolstoi o Montessori. Igualmente, en el terreno social algunas tradiciones eran consideradas como tipos de opresión, e igualmente la moral burguesa era vista como deshumanizante e individualista. Los principios anarquistas defienden la libertad consciente del individuo y el deber natural de solidaridad entre los seres humanos como herramienta innata de progreso de las sociedades. Así durante la revolución por ejemplo, a las mujeres se les permitió abortar en Cataluña, la idea del amor libre consensuado se hizo popular y hubo un auge del naturismo. De alguna manera, la liberación fue similar a la de los movimientos de la «Nueva Izquierda» de la década de 1960[cita requerida] con la diferencia que esta moralidad fue hegemónica, la siguiente máxima podía indicar lo vivido en este periodo: “La utopía libertaria se hizo realidad”.

El orden público también varía sustancialmente, llegando prescindir de las fuerzas de orden público clásicas (Policía, Guardia Civil, Juzgados y ejército) suplantadas por las Patrullas de Control formadas por voluntarios, las milicias populares y las asambleas de barrio en las cuales se pretendían resolver los problemas que pudieran surgir. Las puertas de muchas prisiones fueron abiertas liberando a los presos entre los cuales había muchos políticos pero también delicuentes comunes, siendo algunas prisiones derribadas.

Pese a la situación de descomposición de facto del poder estatal, para el 2 de agosto el gobierno toma una de las primeras medidas al objeto de recuperar el control frente a la revolución, la creación de los Batallones de Voluntarios, embrión del Ejército Popular de la República. También promulgará algunos decretos, más simbólicos que reales, desbordado por el fenómeno revolucionario:

  • Decreto del Gobierno de la República del 18 de julio declarando cesantes a los militares que participen en el golpe.
  • Decreto declarando cesantes a los empleados del Gobierno que simpaticen con los golpistas del 25 de julio.
  • Decreto de intervención de la industria del Gobierno del 25 de julio.
  • Decreto de incautación de los ferrocarriles del Gobierno del 3 de agosto.
  • Decreto de intervención en los precios de venta de alimentación y ropa del Gobierno del 3 de agosto.
  • Decreto de incautación de fincas rústicas del Gobierno del 8 de agosto.
  • Decreto de clausura de instituciones religiosas del Gobierno del 13 de agosto.
  • Decreto de socialización y sindicalización de la economía del Gobierno autonómico catalán del 19 de agosto.
  • Decreto de creación de los Tribunales Populares del Gobierno del 23 de agosto.

Surgen también ya las primeras tensiones entre la estrategia de la CNT (y el conjunto del Movimiento anárquico) y la política del Partido Comunista y su extensión en Cataluña, el PSUC, y el 6 de agosto salen los miembros del PSUC del gobierno autonómico catalán por las presiones anarcosindicalistas.

Segunda fase de la Revolución (septiembre-noviembre de 1936): Primer Gobierno de la Victoria

Escudo del Consejo Regional de Defensa de Aragón
Tanto en esta etapa como en la anterior, las estructuras del Estado se limitan a legislar sobre una política de hechos consumados por la Revolución, aunque debido al crecimiento de la escalada bélica contra los militares sublevados, los sindicatos empiezan a ceder circunstancialmente el control de las columnas al Estado para la Defensa de Madrid de octubre-noviembre, que fue dirigida por un organismo semiindependiente, en el que estaban representados todos los partidos del Frente Popular además de los anarquistas, la Junta de Defensa de Madrid, luego llamada Junta Delegada de Defensa de Madrid”. El inicio de todo este progresivamente mayor acuerdo y acercamiento entre los partidos del Frente Popular y los sindicatos se plasma en la formación del primer Gobierno de la Victoria (4 de septiembre) de Largo Caballero.

Entre las medidas destinadas a absorber o intentar legislar la actividad de los revolucionarios destacan:

  • Decreto de incautación de fincas de condenados por los Tribunales Populares del Gobierno del 17 de septiembre.
  • Decreto de creación de los Jurados de Urgencia del Gobierno del 10 de octubre.
  • Decreto de colectivizaciones y control obrero del Gobierno autonómico catalán del 22 de octubre.

A pesar de este aparente consentimiento a los revolucionarios, no interviene activamente en el desarrollo de la revolución y su principal objetivo será potenciar y fortalecer el Ejército como piedra base del Estado, a través de distintas medidas, entre las que destacan, aparte de los intentos reiterados de disolución de los Comités de Defensa y Comités de Guerra, los más radicales:

  • Constitución de la Milicia de Vigilancia de Retaguardia (16 de septiembre) con las que el gobierno controla a las milicias de retaguardia, hasta ese momento independientes.
  • Decreto de transvase voluntario de jefes y oficiales de las milicias populares al Ejército (28 de septiembre).
  • Decreto de aplicación del Código de Justicia militar a las milicias populares (29 de septiembre).

“Cuando la guerra se empieza a prolongar, el espíritu de los primeros días de revolución afloja y comienza la fricción entre los muy diversos integrantes del Frente Popular, en parte debida a las políticas del Partido Comunista de España (PCE), las cuales eran establecidas desde el ministerio del exterior de la Unión Soviética estalinista,15 16 la mayor fuente de ayuda extranjera a la República”.

El PCE defendía la idea de que la Guerra Civil en desarrollo hacía necesario posponer la revolución social en curso (que se desató tras la derrota de los militares sublevados en varias ciudades) hasta que no se ganase la guerra, una vez derrotadas de las fuerzas del General Franco.

El PCE abogaba por no enemistarse con las clases medias, las bases de los partidos republicanos, que podrían verse afectadas y perjudicadas por la revolución y volverse hacia el enemigo. En el Frente Popular en el gobierno desde las elecciones de febrero de 1936, se encontraban partidos como Izquierda Republicana, Unión Republicana o ERC, sustentados en el voto e intereses de la clase media (funcionarios, profesionales liberales, pequeños comerciantes y campesinos con tierra -sin llegar a ser terratenientes).

Los anarquistas y los poumistas (comunistas de izquierda) estaban en desacuerdo con esta opinión, al entender que la guerra y la revolución eran lo mismo en el contexto español, una prolongación la una de la otra. Creían que la guerra era una prolongación de la lucha de clases, y que el proletariado había derrotado a los militares precisamente por este impulso revolucionario que traían desde hacía años y no por defender una república burguesa. Los sublevados representaban precisamente la clase a la que combatían estos revolucionarios: los grandes capitalistas, los terratenientes, la Iglesia, la Guardia Civil y el ejército colonial.

A las milicias de los partidos y grupos que se situaron en contra de la posición del gobierno del Frente Popular pronto se les obstaculizó la ayuda y recursos, viendo así éstos reducida su capacidad de actuación, a causa de lo cual en la mayoría de las áreas republicanas comenzaron lentamente a revertirse los recientes cambios realizados. Durante este período algunas estructuras revolucionarias aprueban nuevos programas de acción que los subordinan al Gobierno, lo que da lugar a la disolución o inicio de absorción, apropiación e intervención de las estructuras revolucionarias por parte del gobierno estatal republicano.

Una excepción la constituirá la consolidación del proceso colectivista en Aragón, a donde llegarán miles de milicianos libertarios de Valencia y Cataluña, y en donde ya antes del inicio de la Guerra Civil existía la más importante base obrera anarcosindicalista afiliada a la CNT de toda España. La asamblea convocada en Bujaraloz en las semanas finales de septiembre de 1936 por el Comité Regional de la CNT de Aragón, con delegaciones de los pueblos y las columnas confederales, siguiendo las directivas propuestas del 15 de septiembre de 1936 en Madrid por el Pleno Nacional de Regionales de la CNT, de proponer a todos los sectores políticos y sindicales la formación de Consejos Regionales de Defensa vinculados federativamente a un Consejo Nacional de Defensa que haría las funciones del gobierno central, acuerda la creación del Consejo Regional de Defensa de Aragón, que celebra su primera asamblea el 15 de octubre del mismo año.17

A pesar de ello, el 26 de septiembre los sectores más radicales y anarquistas (CNTFAI) de Cataluña, finalmente dominados por los posibilistas, inician una política de colaboración con el Estado, integrándose en el gobierno autonómico de la Generalidad de Cataluña, que renace frente al Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, autodisuelto el 1 de octubre. Por otra parte el Consejo Regional de Defensa de Aragón es legalizado y regulado el 6 de octubre por decreto (aunque puede decirse que este se mantuvo siempre “al margen de la legalidad republicana”, siendo ésta quien lo aceptará). También se regulará el propuesto Consejo Nacional de Defensa, abortando su desarrollo. Frente a esta aparente tolerancia, un decreto de la Generalidad ilegaliza el 9 de octubre todos los Comités locales en Cataluña, sustituyéndolos formalmente por Consejos Municipales del FPA. Todas estas concesiones a las instituciones fueron considerados por algunos como una traición a los principios clásicos del anarquismo,18 y coartada para recibir duras críticas por parte de compañeros, debates y reflexiones que marcarían el devenir de la Revolución.

Tercera fase de la Revolución (noviembre de 1936-enero de 1937): Segundo Gobierno de la Victoria.

El 2 de noviembre el Comité Ejecutivo Popular de Valencia aprueba un nuevo programa de acción que le subordina a la política del Gobierno de la República (segundo gabinete de Largo Caballero el 4 de noviembre), en el que se integran como ministros Juan García Oliver, Juan López Sánchez, Federica Montseny y Juan Peiró, miembros destacados de la CNT. Durante este mes, la Columna de Hierro decide tomar brevemente Valencia, en protesta por la escasez de aprovisionamientos que le proporciona el Comité Ejecutivo Popular, en manos de los posibilistas, produciéndose posteriormente enfrentamientos por las calles de la ciudad entre milicias libertarias y grupos comunistas, con un saldo de más de 30 muertos.

El día 14 de noviembre, la Columna Durruti llega a Madrid, después de ceder ante la presión de los posibilistas, que exigen la colaboración con el Estado.

El 20 de noviembre muere en extrañas circunstancias Buenaventura Durruti combatiendo en la batalla de Madrid, a donde había llegado con más de mil milicianos desde el Frente de Aragón.

El 17 de diciembre el diario soviético Pravda” de Moscú publica un editorial donde se lee: «Ya ha comenzado en Cataluña la depuración de trotskistas y anarcosindicalistas; se ha llevado a cabo con la misma energía que en la Unión Soviética».19 La liquidación realizada por los comunistas fieles a Stalin de numerosos antifascistas y de colectivizaciones y otras estructuras surgidas espontáneamente desde abajo en consonancia con la Revolución que no se sometiesen a las directrices de Moscú ya había empezado.

Por su lado, otra de las estructuras radicales, el Comité de Guerra de Gijón es trasformado por decreto del 23 de diciembre en el Consejo Interprovincial de Asturias y León, regulado por las autoridades gubernamentales de la República y más moderado en sus políticas, al tiempo que reconoce oficialmente la formación del Comité de Defensa Nacional. El 8 de enero de 1937 se disuelve el Comité Ejecutivo Popular de Valencia.

Durante esta etapa el Gobierno pasa a controlar definitivamente las milicias populares anarquistas, disolviéndolas para que se integren obligatoriamente en el Ejército Popular, estructurado y jerarquizado bajo mando de oficiales profesionales. La revolución no sobrevivirá como poder independiente tras el segundo gobierno de Largo Caballero.

El fin de la revolución (enero de 1937-mayo de 1937)

El 27 de febrero de 1937, el gobierno prohíbe el periódico de la FAI, Nosotros” (iniciando así el período durante el que la mayor parte de las publicaciones críticas con el gobierno pasan a sufrir censura), al día siguiente prohíbe a los policías pertenecer a partidos políticos o sindicatos, medida adoptada por el gobierno autonómico catalán el 2 de marzo. El 12 del mismo mes, la Generalidad aprueba una orden exigiendo la entrega de todas las armas largas y materias explosivas a los grupos que no estén militarizados. Empiezan más enfrentamientos entre los sectores del FPA, y el día 27 se produce la dimisión de los consejeros anarquistas del gobierno autónomo catalán. Durante el mes de marzo se completará la militarización de las milicias, transvasadas a un Ejército regular y sujetas a los regímenes de disciplina y jerarquía de éste, contra lo que se alzarán muchas voces del anarquismo.

El 17 de abril, al día siguiente de que los ministros de la CNT volvieran a la Generalidad, una fuerza de carabineros en Puigcerdá pide a las patrullas obreras de la CNT que les entreguen el control de las aduanas de la frontera con Francia; en simultáneo la Guardia Civil y de Asalto es enviada a Figueras y otras localidades por toda la provincia de Gerona a quitarles a las organizaciones obreras el control de la policía, disolviendo el Consejo de la Cerdaña, uno de los más autónomos. Simultáneamente, en Barcelona, la Guardia de Asalto procede a desarmar a los obreros a la vista del público, en las calles.

Durante el mes de mayo se agudizan los enfrentamientos entre los partidarios de la revolución y los contrarios a ella. El 13 de ese mes de 1937, tras los sucesos de las Jornadas de Mayo de Barcelona, los dos ministros comunistas, Jesús Hernández y Vicente Uribe, proponen al Gobierno que se castigue a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), iniciándose en la práctica la represión contra este último partido. El 16 de mayo dimite Largo Caballero, a lo que sigue la formación del gobierno del socialista Juan Negrín (aparentemente un hombre de Prieto) pero sin apoyo de anarquistas ni de revolucionarios. La FAI es declarada ilegal.

Sucesos posteriores relacionados

El día 25 queda excluida la FAI de los Tribunales Populares. El 8 de junio de 1937, el gobierno (trasladado a Valencia), lanza un decreto por el que ilegalizaba temporalmente las colectividades rurales que aún no habían sido disueltas. El 14 de junio, se forma un nuevo gobierno de la Generalidad, también sin los anarquistas y los revolucionarios. El 15 es ilegalizado el POUM y su comité ejecutivo es detenido. El 16 se disuelve la 29.ª División (Ex División Lenin, del POUM).

En agosto, se prohíbe por medio de una circular del gobierno las críticas a la URSS.[cita requerida] En este mes también el gobierno central dispone la disolución del Consejo de Defensa de Aragón, prácticamente el último órgano de poder revolucionario que quedaba, el cual es ocupado militarmente por tropas del Ejército republicano el día 10. Joaquín Ascaso, su presidente, es detenido. Asimismo, la undécima división comunista arremete contra diversos comités del pueblo aragoneses y disuelve la producción agrícola colectiva, que poco después se reorganiza en muchos casos. El día 7, el gobierno reautoriza el culto religioso en privado, una de sus muchas medidas intentando restablecer el poder del Gobierno en la zona republicana, al tiempo que en Barcelona se producen manifestaciones contra la suspensión de la publicación anarcosindicalista Solidaridad Obrera”, disueltas con gran violencia. El día 16 se prohíben en Barcelona los mítines políticos. El 26 del mismo mes, el Consejo asturiano se proclama Consejo Soberano de Asturias y León, ente soberano e independiente de la República.

El 21 de octubre, se produce una manifestación de la CNT y de los militantes socialistas ante la prisión de San Miguel de los Reyes de Valencia, amenazando con echar las puertas abajo si no se liberaba a los presos. El 12 de noviembre, la CNT se retira de los comités del FPA.

 

 

 

Algunos de los billetes que circulaban por las diferentes colectividades, que fueron prohibidos por el gobierno de Juan Negrin.
Algunos de los billetes que circulaban por las diferentes colectividades, que fueron prohibidos por el gobierno de Juan Negrin.

 

El 6 de enero de 1938, el Gobierno publica un decreto por el que se prohíbe toda nueva emisión de billetes y monedas de comités, ayuntamientos, corporaciones, etc. y se da un plazo de un mes para que sean retirados de la circulación, intentando acabar con los últimos restos de la Revolución. Durante ese año regresan muchos de los grandes terratenientes y exigen la devolución de sus bienes.[cita requerida]La colectivización es anulada progresivamente pese a la gran oposición popular que suponía.

La Revolución en diferentes aspectos

Económicos

La revolución tuvo como objetivo principal subertir los esquemas tradicionales y capitalistas de la economía. Los elementos más importantes fueron los relacionados con la propiedad y desarrollo de la economía en todas sus fases: gestión, producción y distribución. Por ello se llevaron a cabo numerosas experiencias de gestión y control obreros y colectivizaciones agrarias en todo el territorio en manos de la República. En algunas localidades y ciudades las transformaciones fueron espontáneas y tomaron caminos diversos, sin embargo en un gran número de casos el primer paso se dio en Barcelona y en el resto de España se imitó.[cita requerida]

La industria socializada.

Tras el golpe de estado y el comienzo de la guerra civil muchos propietarios de la zona republicana son asesinados, hechos presos o se marchan; de esta manera en toda la zona leal quedan multitud de empresas y fábricas sin dirección.20 Esta situación lleva a la toma de fábricas, empresas e industrias enteras por parte de los sindicatos.21 Dentro del ámbito industrial la revolución fue llevada a cabo de diferentes maneras. Estas diferencias radiaban de numerosos factores: la desaparición del propietario, la fuerza y orientación política de las organizaciones obreras, la existencia de capital extranjero en la propia empresa o incluso la destinación de sus producto. Ante esta situación se dieron tres orientaciones mayoritarias: control obrero, nacionalización o socialización. Las diferencias fundamentales fueron: en cuanto al control obrero la existencia de capital extranjero, lo que limitaba la capacidad revolucionaria de los obreros; la nacionalización se dio en empresas con dirección afecta al comunismo soviético y más adelante en todas las industrias de guerra; por último la socialización se dio en aquellas industrias que no tenían un gran volumen de capital extranjero y la filiación política se acercaba o defendía los postulados de la CNTFAI.22 Cataluña tenía al inicio de la guerra alrededor del 70% de la industria de toda España23 , lo que, si añadimos que era el centro neurálgico de la CNT y el anarquismo español, da una idea de la importancia que tuvo dentro del proceso revolucionario siendo uno de los lugares donde se dieron unas de las mayores y más interesantes experiencias revolucionarias.24

Modelos

En todos los lugares donde se llevaron a cabo medidas en la industria hay que fijarse en ciertos factores, como el tipo de industria o la implantación de las diferentes organizaciones obreras y partidos políticos, especialmente en el inicio de la revolución, cuando las acciones fueron más amplias, tuvieron mayor libertad de movimiento y el estado no tenía capacidad para oponerse.25

Socialización

Esta medida consistía en la gestión de la industria por los propios obreros. En el plano práctico se tradujo en la abolición de la propiedad privada por la gestión y propiedad colectiva, basada en los principios de acción directa y antiautoritarismo del anarquismo.26 En este caso la gestión recaía sobre un consejo de administración compuesto por menos de quince personas en las que estaban involucrados todos los niveles productivo y de servicios de la empresa y en los que las centrales sindicales debían estar representadas proporcionalmente. Este consejo era elegido en asamblea obrera ante la que eran responsables.27 Los beneficios se repartían entre: trabajadores, empresa y fines sociales. Dentro de la empresa como fondo de reserva, entre los trabajadores como una cantidad ante la cual la asamblea decidía su uso y a fines sociales como aportaciones a cajas de crédito regionales, a desempleados o inversiones en educación y sanidad. 28 29 30

Nacionalización

Esta medida consistía en la gestión de la industria por el estado. Se tradujo en la abolición de la propiedad privada por la gestión y propiedad estatal.31 Los consejos directivos estaban controlados por el estado y los beneficios quedaban reducidos al estado y a la propia empresa.

Control Obrero

Esta medida consistía en la creación de un Comité Obrero que se encargase de controlar las condiciones de trabajo, los movimientos de caja de las empresas y el control de la producción en todas aquellas empresas en las que la propiedad siguiese siendo privada,32 exceptuándose únicamente las que no reuniesen suficiente personal que cumpliera las condiciones para pertenecer al comité. Estos comités no podían tener menos de tres miembros ni más de nueve, estaban compuestos por representantes de las dos sindicales de manera proporcional y procurando representar a todos los servicios o industrias que tratase la empresa. Estos representantes se elegían en una asamblea del centro, asamblea en la que se decidía si el comité también tenía el derecho de firmar los movimientos de fondos, la frecuencia de reunión entre comité y patrón y la frecuencia de las reuniones entre estos. Los cargos no eran retibuidos, duraban dos años reelegibles y respondían de su gestión a la asamblea de la empresa y ante el Consejo General de la Industria. El comité aprobaba el horario, los aumentos y disminuciones de sueldos, cambios de categorías o lugar de trabajo y las notificaciones de faltas a los trabajadores. El comité debía reunirse una vez a la semana para debatir las propuestas patronales y para velar por el cumplimiento de las disposiciones oficiales. La representación patronal seguía en poder de la representación legal de la empresa, el poder de contratar, la custodia de la caja y la firma y la fijación de su retribución. Si la empresa tenía como figura legal una sociedad anónima u otro modelo mercantil un miembro del comité debía asistir a las reuniones del consejo con voz pero sin voto. 33

Sueldo

La remuneración del trabajo fue uno de los puntos de fricción entre las visiones anarquistas y las marxistas durante la etapa revolucionaria. Mientras las organizaciones anarquistas defendían un salario único familiar, las organizaciones marxistas defendían un salario escalonado según el tipo de trabajo que se realizase. 34 Estas diferencias estarían motivadas por las concepciones que tienen estas dos visiones del indiviuo y por la motivación del individuo como productor. En primer lugar, mientras el anarquismo entiende el individuo como un sujeto con unas necesidades que deben ser cubiertas, el marxismo entiende el individuo como un productor.35 El segundo lugar, el anarquismo defiende que el trabajador se esforzará por producir y mejorar el proceso mientras controle la acividad productiva, el marxismo en cambio entiende que el trabajador se esforzará más a cambio de recibir una retribución mayor.36

Ejemplos de industrias colectivizadas

Industria cinematográfica

El Sindicato Único de Espectáculos de la CNT fue en cierto modo un modelo de organización y funcionamiento en los medios confederales. Resulta significativo que fueran las salas de cine y teatro de Barcelona unas de las primeras y más rotundas ocupaciones de los militantes cenetistas barceloneses entre el 20 y el 25 de julio.

No cabe duda del contexto de confusión que envolvía esta situación revolucionaria, pero el 26 de julio se nombra una “Comisión de Técnicos” encargada de preparar un proyecto que defina el nuevo marco de trabajo en las salas de cine y de teatro. Ese mismo día, la Generalitat catalana, desbordada por los acontecimientos, crea la “Comisaría d’Espectacles de Catalunya” que no llegó a funcionar en la práctica, acaparando por completo la producción los trabajadores y trabajadoras organizados a través del sindicato cenetista.

El entusiasmo revolucionario organizó y dinamizó todas las actividades cinematográficas y teatrales de Barcelona desde el 6 de agosto hasta mayo de 1937. El proyecto arrancaba uniformando los salarios para todas las características de trabajo de las ramas de la industria del cine. Se estableció con carácter permanente el subsidio de enfermedad, invalidez, vejez y paro forzoso. Todo este sistema permitió dar trabajo a unas seis mil personas y sostuvo durante ese período 114 salas de cine, 12 salas de teatro y 10 “music-halls”. Incluso se creó una compañía de ópera en el teatro Tívoli, en un intento de acercar el género grande al gran público.

Se puede decir que fue uno de los sectores que mejor funcionó a nivel económico, construyéndose incluso algunas salas de cine como el Ascaso (hoy Vergara). Otros se reformaron o se terminaron de construir como el cine Durruti (en la actualidad cine Arenas).

A nivel político, la colectivización del cine fue una nueva forma de entender el arte radicalmente opuesta al sistema burgués y capitalista. No hubo unidad de criterio en el proceso creativo, el dogmatismo no se instaló entre bastidores ni detrás del objetivo, y el séptimo arte incorporó una nueva forma de reporterismo al echarse con las cámaras a la calle para rodar lo que ocurría a su alrededor. Se había puesto en marcha la movilización popular para contar lo que veía su mirada y los mensajes surgían como contrainformación. La información del pueblo sustituía así a la del poder.

Entre el 1936 y el 1937 se produjeron más de un centenar de películas impulsadas por la productora y la distribuidora creadas por la CNT. El género documental fue indudablemente el más realizado pues el marco de la guerra inundaba irremediablemente cualquier actividad. Para la realización de películas se creó el SIE Films (Sindicato de la Industria del Espectáculo) y también la marca Spartacus Films. El Sindicato disponía de dos grandes estudios con tres plateaux para filmación, además se acondicionó el Palacio de Bélgica en el recinto de Montjuic, para servicios auxiliares de decorados y figurantes. Sin embargo, la represión de mayo del 37 estranguló la Revolución Social en las calles de Barcelona y, aunque se siguieron haciendo películas, disminuyó considerablemente el ritmo de producción anterior.

La producción cinematográfica anarquista fue una experiencia única. Fue una parte muy relevante de la vida creadora en la Cataluña de la época y se extendió a Aragón, Madrid y Levante a través de diferentes modelos, probablemente adaptándose a las circunstancias de pueblos y ciudades y a las gentes trabajadoras que las hacían posible. Aunque en Madrid la actividad productiva fue menos importante que en Barcelona, se rodaron 24 películas entre documental y ficción.

Dentro de la historia del cine, podríamos decir que en aquellos momentos se produce un fenómeno que se iría extendiendo a lo largo del siglo XX y que actualmente tiene una importancia enorme en la lucha contra la globalización capitalista: la contrainformación. En la revolución rusa hubo un precedente similar. Los obreros dispusieron de cámaras, pero tras la represión de Ucrania y de Kronstadt, con la instauración de la dictadura bolchevique, el cine se convertiría en el principal instrumento de propaganda del régimen. Cabe recordar la Primavera de Praga o el Mayo francés del 68, donde la contrainformación también jugaría un papel muy importante. El colectivo “Dziga Vertov”, con Jean Luc Godard a la cabeza, sacó las cámaras a la calle y tomó el cine Odeón.

Industria de la Madera

Entre 7.000 y 10.000 personas trabajaron en esta industria, o ramo industrial, durante la Guerra Civil. Poco después del 19 de julio, al volver los trabajadores poco a poco a sus empresas y talleres, los de la madera, uno de los ramos más radicales,37 comenzaron a socializar su sector industrial. Comenzaron incautándose de las empresas, y mediante un plan general de racionalización de esfuerzos y recursos, cerraron los talleres que no reunían condiciones de higiene suficientes, reagrupándolos para disponer de locales grandes y claros. Aunque al principio siguiera habiendo talleres pequeños, más tarde se irían sumando a la socialización.

Pero pasados unos meses de cierta espontaneidad, se van coordinando esfuerzos hasta lograr la jornada de 8 horas, la unificación de los salarios, la mejora de las condiciones laborales, y lo que es más indicativo, aumentar la producción. La socialización llega desde la tala de árboles en los Pirineos, hasta en la distribución de los muebles ya hechos, pasando por todas las fases de serrería, ebanistería y carpintería.22 Algunos materiales que no son fáciles de conseguir, debido a la guerra, son sustituidos por otros.

Se crea una escuela profesional, bibliotecas e incluso se hace una Feria del mueble socializado en 1937. Logran coordinarse con la industria socializada de la madera del Levante, para fabricar distintos tipos de muebles y no competir. Aunque algunos intercambios los realizan mediante el trueque (con otros ramos socializados, o bien a algunas colectividades agrarias), en la mayoría de ocasiones tuvieron que utilizar dinero. La Generalidad pondría algunas trabas a la producción.

Las colectividades agrarias

Probablemente el mayor ejemplo sobre la revolución social en la España de 1936 vino de las miles de colectividades agrarias que se dieron. La gran parte de estas colectividades nacieron como respuesta a las tierras que quedaron vacías o fueron incautadas por los comités tras el golpe de estado.38 El IRA llevó la cuenta de unas 1500 colectividades en toda España, siendo posiblemente este número elevado a 250039 . Estas colectividades llegaron a organizarse territorialmente como en el caso de Aragón en el Consejo Regional de Defensa de Aragón, en el de Castilla con la unificación de las federaciones de de campesinos y distribución 40 o en Levante con la creación del CLUEA. 41 Durante toda la guerra estuvieron presentes en los planteamientos políticos y económicos de cada formación, siendo en cierto modo otro de los campos de batalla ideológicos dentro del bando republicano.38 La unión o salida de la colectividad era libre. Si un pequeño propietario quería seguir trabajando la tierra por su cuenta, podía hacerlo siempre que no contratase a nadie. 42 Es decir, las colectividades eran organizaciones dentro del propio pueblo que gestionaban la producción, el trabajo y el reparto de todos los bienes y servicios. En algunos pueblos llegaron a ser toda la población mientras que en otros eran solo parte de esta.43 Hay que tener en cuenta que, si bien se han atribuido las colectividades al empuje confederal, la UGT tenía un poderoso sindicato campesino llamado Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT), que en 1936 tenía más de medio millón de afiliados y cuando estalló la revolución, gran parte de estos afiliados estaban a favor de las colectividades.44

Forma organizativa

Desde el inicio del anarquismo se ha teorizado sobre la posible sociedad anarquista, su organización y conceptos. Los teóricos que más peso tuvieron dentro del periodo revolucionario fueron: 45

De estos autores se desprenden conceptos como la toma del montón, el municipio libre, el federalismo o la toma de los medios de producción por los sindicatos. Estos conceptos, junto a otros desarrollos y reflexiones, llevaron a adoptar en 1936 el comunismo libertario como organización económica de la CNT.46

Política

Toma de decisiones

Siguiendo las prácticas libertarias, las colectividades se rigieron por una estructura que se puede definir como de abajo a arriba. Es decir, todas las decisiones y nombramientos se tomaban en asamblea, 47 48 49 donde participaban todas las personas que quisieran de la población.50 En estas asambleas se trataban todos los temas concernientes al pueblo, pudiendo participar en ellas también personas que hubiesen decidido no ingresar en la colectividad, sin voto en tal caso. En estas mismas asambleas se debatía la marcha de la colectividad y las acciones a realizar.

Federalismo

En un plano organizativo más amplio las colectividades aspiraron a organizarse en federaciones siguiendo el ejemplo de Aragón y su Consejo de defensa de Aragón. Hubo congresos en pro de la creación de federaciones de colectividades pero en ningún caso se llegó a constituir un órgano más elaborado que este. Sí se dieron casos de federalismo muy interesantes como el CLUEA, organismo gestor de las exportación de agrios en Levante. Entre las colectividades existió también el intercambio, ya fuera en forma de trueque, con papel moneda propia o con dinero oficial.

Economía

Las colectividades se formaron en los pueblos a raíz del abandono, expropiación o acumulación de tierras y herramientas de trabajo por los campesinos. Estaban formadas por las personas que quisieran pertenecer y se repartía el trabajo a realizar entre los diferentes miembros. En aquellos lugares donde no se suprimió el dinero, el salario pasó a ser en la mayoría de los casos un salario familiar. Según este salario se cobraba según los miembros con que contase la familia, aumentando según se fuese pareja o se tuviese hijos.51

Dinero

Uno de los aspectos más destacados de las colectividades fueron los planteamientos con los que afrontaron el problema del dinero y la distribución de los productos. En las aldeas y pueblos en los que se abolió el dinero se buscaron diferentes soluciones, estas ideas variaron según localidad y el pueblo: vales firmados o sellados por los comités, libros de cuentas, monedas locales, tablas de racionamiento o talonarios individuales o familiares.52 En los casos que se abolió el dinero este se usó para adquirir los productos o herramientas que la colectividad no podía conseguir por sí misma.

Obstáculos

Los mayores problemas a los que se enfrentaron las colectividades fueron los derivados de la propia guerra: escasez de materias primas como abonos, semillas, aparejos y herramientas o la falta de mano de obra por la movilización. También tuvieron grandes problemas en su relación con el estado, al ser las colectividades una expresión del poder ajenas a este y también como rivales ideológicas del comunismo que dominaba en el gobierno. Así sufrieron la discriminación en la financiación del IRA, la competencia del CEA en Levante,12 la sindicación forzosa en Cataluña 53 o la disolución por la fuerza en Aragón. 54

Respuesta del estado

Una vez que el estado se volvió a estructurar en cualquiera de sus niveles intentó frenar, dirigir o al menos encauzar todo organismo revolucionario. En cuanto a las colectividades el ministro de agricultura Uribe redactó un decreto de colectivizaciones agrarias que únicamente buscaba encauzarlas, con este decreto se dio una importancia desmedida al agricultor individual.55

El alcance de la revolución

Las cifras suelen ser difusas. Se han manejado diversas cantidades. Gastón Leval, dice que fueron 3 millones de personas, las que participaron. Vernon Richards, habla de 1.500.000. Frank Mintz en un estudio de 1970 dice que fueron entre 2.440.000 y 3.200.000. Pero en el 1977 ya revisa estas cifras, situándolo en un mínimo de 1.838.000 colectivistas. Su justificación es la siguiente:

Es preciso estimar el total de la población activa en la España republicana de acuerdo a la evolución de los frentes. Hasta la pérdida de la parte norte en marzo de 1937, se puede estimar en seis millones y después, en cinco. A partir de la caída de Aragón en marzo de 1938, hay que considerar 4.200.000 trabajadores.

Son cifras hipotéticas que nos van a permitir sacar porcentajes globales. Primero hay que recalcar que casi todos los datos provienen de la CNT, a pesar de que la UGT tuvo también en muchas provincias tanta, aunque no más, importancia. Por lo tanto, mis cálculos son mínimos y provisionales.

Por otra parte, la gran carencia actualmente es la ausencia de datos de conjunto para la autogestión industrial y en especial para la industria de guerra; faltan también estudios sobre las realizaciones de la UGT. A pesar de todo, puedo ordenar así los datos:

Andalucía. La cifra mínima de colectividades agrícolas es de 120 y la máxima de 300, tomando un promedio de 210 con 300 personas en cada una, serían 63.000 personas.
Aragón. La cifra de 450 colectividades con 300.000 habitantes es aceptable. Además, la UGT tenía cierta fuerza, por ejemplo 31 colectividades en Huesca.

Cantábrico. Los datos citados, aunque sean mínimos, se pueden reseñar: un centenar de colectivos agrícolas con 13.000 personas.

Cataluña. El dato mínimo de colectividades agrícolas es de 297 y el máximo de 400. Si tomamos 350 con 200 personas de promedio, tenemos 70.000. Para la autogestión industrial, según la ley, el conjunto de los obreros estaba definido, aunque el paro era importante. Tomando el 80 % de los 700.000 obreros que había en la provincia, tenemos 560.000 personas, esto es, con sus familiares, un mínimo de 1.020.000.

Centro. Colectivos agrícolas CNT con 23.000 familias, esto es, un mínimo de 67.992 personas, aproximadamente, a lo que habrá que agregar los colectivos UGT, de por lo menos otro tanto, esto es 176.000 en la agricultura. Existieron muchas colectividades industriales en las capitales y en los pueblos. Me parece lógico considerar un mínimo de 30.000 personas afectadas.

Extremadura. La cifra de 30 colectivos con 220 personas de media, esto es, 6.000 personas, debe ser considerada como un máximo para la CNT y la UGT.

Levante. Nuestra estimación es de 503 colectivos como mínimo en la agricultura, que afectarían a 130.000 personas. En la industria la cifra mínima e hipotética es de 30.000, que como en el caso del Centro es razonable.

Total. 758.000 colectivistas en la agricultura y 1.080.000 en la industria. Tenemos, por los tanto 1.838.000, cifra mínima como explicamos al principio.

Aunque el estudio es bastante completo, en el caso del Cantábrico, Mintz no está comentando nada de Asturias, que en toda la guerra puso bajo control obrero prácticamente toda su industria y su minería, que seguramente totalizaría más de 80.000 trabajadores.

La Revolución en la educación

En Cataluña los anarquistas estuvieron al frente del Consejo de la Escuela Nueva Unificada (CENU). Era un consejo creado por el Comité Central de Milicias Antifascistas para hacerse cargo de la educación en la zona. Estuvo dirigido por el anarquista Joan Puig Elias. Se hizo cargo de la educación en la zona catalana, dando clase a unos 150.000 alumnos.

Pero además del CENU existieron otras iniciativas educativas paralelamente, como la Federación Regional de Escuelas Racionalistas. Los anarquistas no pudieron imponer su idea de enseñanza debido a la falta de maestros racionalistas e infraestructuras suficientes. Muchos participarían en el CENU, pero en éste Consejo la mayoría de los maestros eran de la UGT, que acabó dándole su visión propia de la educación.

La revolución y la Guerra Civil. Milicias.

La coincidencia en el tiempo de la revolución y la Guerra Civil hace que en el campo militar se desarrollen diversas iniciativas coordinadas por las nuevas administraciones establecidas por la oleada revolucionaria, la mayor parte de las cuales resultarán fallidas.

La toma de Aragón

Esta probablemente sea la primera iniciativa, desarrollada a partir del 24 de julio de 1936 cuando parte la primera milicia voluntaria, la Columna Durruti, de Barcelona en dirección a Zaragoza.57

Una de las últimas columnas será la Columna Los Aguiluchos, salida de Barcelona el 28 de agosto en dirección a Huesca.

Las columnas de Barcelona y Lérida se dirigirán principalmente hacia Huesca y Zaragoza y las valencianas hacia Teruel, asediando las tres capitales provinciales reiteradamente.

A primeros de septiembre llega una pequeña columna: la de Carod-Ferrer, que se instala en torno a Villanueva de Huerva.

Esta operación se prolonga hasta finales de septiembre, cuando ante el imperativo de la inminente batalla de Madrid algunas de las columnas tienen que ceder su independencia subordinándose a los requerimientos del Gobierno.

El desembarco de Mallorca

La idea de una expedición a Mallorca había estado presente desde que el 19 de julio fuera tomada por los sublevados, junto a Ibiza y Formentera. Menorca era la única isla del archipiélago balear que no cayó en manos de los franquistas.

Consiguen tomar las islas de Ibiza, Formentera y Cabrera, desembarcando en la isla de Mallorca por la zona de Punta Amer y Porto Cristo (luego rebautizado a Porto Rojo).

El 5 de septiembre ante la orden del gobierno de Largo Caballero de abandonar Mallorca, la columna de Bayo comienza la retirada, que se prolongará hasta el 12 de septiembre, cuando finaliza la expedición de Bayo en Mallorca, regresando a Barcelona.

El llamado Desembarco de Mallorca se podría dar por definitivamente concluido cuando el 20 de septiembre tropas franquistas procedentes de Mallorca ocupan Formentera.

La defensa de Madrid

Esta operación será quizá la última, desarrollándose en noviembre de 1936. En ella morirá el 20 de noviembre de 1936 Buenaventura Durruti, uno de los principales protagonistas de la Revolución. La resistencia de las milicias populares, pronto militarizadas para formar el Ejército Popular Republicano, unida a los refuerzos de las Brigadas Internacionales, permitió que Madrid resistiera el ataque de los sublevados. En la posterior defensa de la ciudad, intervinieron numerosos anarcosindicalistas como la columna dirigida por el madrileño Cipriano Mera.

Referencias

  1. [1] SUDOC (Sistema Universitario de Documentación de Francia) Listado libros que emplean el término
  2. Solidaridad Obrera, 100 años de anarcosindicalismo [2]
  3. Alejandro Andreassi, Libertad también se escribe en minúscula,1996, ISBN 84-88711-23-9(pág 86)
  4. Souchy, Agustín. Entre los campesinos de Aragón: el comunismo libertario en las comarcas liberadas.
  5. Díaz del Moral, Juan. Historia de las agitaciones campesinas andaluzas, Madrid, 1979.
  6. El Colectivismo en la Provincia de Madrid: Colectividades de Castilla. Federación Regional de Campesinos y Alimentación del Centro, CNT-AIT, Madrid, 193? (AHN-SGC, F-230).
  7. González Martínez, Carmen. La Guerra civil en Murcia. Universidad de Murcia, 1999. pág. 93 [3]
  8. Dato aportado por Carrión, Pascual. La reforma agraria de la Segunda República y la situación actual de la agricultura española. Ed. Ariel, Barcelona, 1973. Carrión fue uno de los ingenieros agrónomos del IRA, del Ministerio de Agricultura.
  9. Payne, Stanley. La Revolución española. Barcelona, 1972. Cap. XI, La revolución social y económica
  10. Garrido González, Luis. La economía colectivizada de la zona republicana en la Guerra civil. Universidad de Jaén. p. 6. [4]
  11. Sewell, Amber J. Las Colectividades del Cinca Medio durante la Guerra Civil (1936-1938), pág. 137 [5]
  12. :a b Quilis Tauriz, 1992, pp. 83-85.
  13.  Véase el documental Vivir la utopía
  14. Ver estudio sobre las colectividades en el Cinca Medio (Aragón) [6]
  15. Lluís Perarnau. España traicionada Stalin y la Guerra Civil. [7]
  16. Juan Manuel Vera. Estalinismo y antiestalinismo en España [8]
  17. Peirats, José (1971). La CNT en la revolución española (2ª ed edición). parís: Ruedo Ibérico. p. 211.
  18. Federica Montseny, conocida oradora y militante de la CNT, entró en el gobierno y terminó siendo abucheada por sus propios compañeros en uno de sus mitines. Fuente
  19. El corto verano de la anarquía, de Hans Magnus Enzensberger. ISBN: 978-84-339-0863-6
  20. Peirats, 1971, p. 275.
  21. Pérez Baró, 1974, pp. 45-46.
  22. a b Thomas, 1979, p. 575.
  23. Leval, 1977, p. 268.
  24. Castells Duran, 1996, p. 11.
  25. Castells Duran, 1996, p. 14.
  26. Castells Duran, 1996, p. 28.
  27. Pérez Baró, 1974, pp. 90-91.
  28. Pérez Baró, 1974, p. 93.
  29. Leval, 1977, p. 401.
  30. Quilis Tauriz, 1992, p. 181.
  31. Castells Duran, 1994, p. 30.
  32. Pérez Baró, 1974, p. 81.
  33. Pérez Baró, 1974, pp. 85-86.
  34. Castells Duran, 1994, p. 19.
  35. Castells Duran, 1994, p. 22.
  36. Castells Duran, 1994, p. 23.
  37. Peirats, 1971, p. 170.
  38. :a b Casanova, 1997, pp. 200.
  39. Thomas, 1979, p. 600.
  40. Leval, 1977, pp. 231-232.
  41. Quilis Tauriz, 1992, pp. 81-85.
  42. Peirats, 1971, pp. 271-345.
  43. Quilis Tauriz, 1977, p. 175.
  44. Leval, 1977, p. 226.
  45. Mintz, 1977, pp. 46-49.
  46. Peirats, 1971, p. 124.
  47. Leval, 1977, p. 255.
  48. Zafrón Bayo, 1979, p. 51.
  49. Zafrón Bayo, 1979, p. 112.
  50. Zafrón Bayo, 1979, p. 48.
  51. Mintz, 1977, p. 139.
  52. Leval, 1977, p. 237-246.
  53. Mintz, 1977, p. 90.
  54. Borrás, 1998, p. 71-73.
  55. Mintz, 1977, p. 117.
  56. Mintz, 1977, pp. 198-199.
  57. Peirats, 1971, p. 161.

Véase también

Bibliografía

Bibliografía manejada en el artículo

Bibliografía adicional

Filmografía

Enlaces externos

Julio de 1936 La Revolución Social Española

El pueblo en armas

Tras el alzamiento en Marruecos el 17 de julio de 1936, en Barcelona, convertida en un hervidero, la CNT dio la consigna revolucionaria. Los militantes del sindicato de Transportes se apoderaron de las armas que había en los barcos anclados en el puerto. La Generalitat quiso evitarlo, pero estando desbordada por los acontecimientos no pudo lograrlo. La CNT procedió a requisar ese mismo día los medios de transporte y los principales edificios públicos.

Conseguir armamento. Ese era el gran problema. Cada miembro del grupo poseía una pistola. Como armas largas, los Winchesters recogidos por Sanz y la brigada de alcantarillas del municipio de entre los que habían tirado los fugitivos escamots aquel día de octubre en que se acreditaron como no aptos para llevar armas. De dichos Winchesters había unos trescientos ya limpios y engrasados, con sus respectivas dotaciones. Habíamos alentado a los compañeros de los cuadros de defensa a que fuesen adquiriendo por su cuenta cada uno una pistola y a observar dónde, en un momento dado, podrían hacerse con armas largas y cortas. Así y todo, era poco, muy poco. Además, podía decirse que España empezaba más allá de Barcelona, y en ella ni se había dado cumplimiento al acuerdo de constituir los Comités regionales de Defensa. De armas estaban peor que nosotros.

“El eco de los pasos”. Juan García Oliver.

El 18 de julio CNT y UGT declararon la huelga general en todo España. El levantamiento era inminente y la CNT pidió a Companys, en reiteradas ocasiones, que abriera los cuarteles y pusiera los depósitos de armas a disposición de las fuerzas obreras para poder hacer frente a la reacción. El presidente de la Generalitat se negó tajantemente una y otra vez. Todo esto a pesar de que sólo disponía de dos mil guardias mal pertrechados para enfrentarse a un ejército de unos cinco mil militares provistos con armas de guerra. Companys temía el triunfo del levantamiento fascista, pero mucho más temía entregar las llaves de la ciudad condal a la revolución social anarquista de la CNT, el sindicato que durante años se había dedicado a reprimir desde el poder.

Las sirenas de las fábricas y de los buques surtos en el puerto de Barcelona lanzaban sus persistentes alaridos, que ponían la carne de gallina a las tropas sublevadas contra el pueblo español y por una España nazifascista. Grito frenético de combate para los que sabían lo que querían decir sus ululantes requerimientos… ¡Adelante, cuadros de defensa confederal! ¡Adelante, grupos anarquistas! ¡Adelante, juventudes libertarias y mujeres libres! ¡Una vez más, adelante, viejos hombres de acción que del pasado solamente conserváis los recuerdos y la pistola escondida!

Desde la radio, Companys cantaba la misma palinodia que en octubre de 1934. No había aprendido nada. Acompañado de los jerarcas del Frente Popular, guardadas las espaldas, clamaba pidiendo ayuda desde Radio Barcelona, instalada en el palacio de la Generalidad. Antes, en las primeras horas de la mañana, desde el balcón de la comisaría superior de Policía, en la Avenida Layetana, había visto pasar a los líderes del anarcosindicalismo, a Ascaso, a Durruti, a García Oliver, con fusiles ametralladores en la mano, acompañados de sus hermanos de grupo, Jover, Ortiz, Aurelio, Sanz, «Valencia», en camiones repletos de militantes confederales, fusiles en alto, banderas rojinegras al viento.

Durruti y yo acudimos al ruego de Companys que nos transmitió un teniente de Asalto en la puerta del sindicato de la Construcción y del Comité regional. Estaba rodeado de oficiales del ejército incorporados a puestos de mando de Seguridad y Asalto: Escofet, los hermanos Guarner, Herrando, sargentos y cabos. Al vernos, abriendo los brazos, exclamó: «Filis meus, gents de la CNT, avui sou l’única esperanga de Catalunya! Oblideu-ho tot i salven les llibertats del nostre poblé!».

Aquello era ridículo. Era demasiado olvido del pasado, de los compromisos contraídos y no cumplidos. Curiosos nos miraban Federico Escofet, comisario de Orden público, el comandante Guarner, el capitán Guarner, Herrando, «el del peluquín», jefe de los guardias de Asalto de Barcelona.

Companys nos llamó para intentar capitalizar nuestra presencia como la de un cuerpo de guardia más para su defensa.

—¿Es todo, Companys? —le dije—. Pensé que nos llamabas para darnos armas. Nos vamos. Aquí nada se nos ha perdido.

—No, armas para daros no tengo ninguna. Solamente quería desearos mucha suerte…

Iba a empezar un discurso y nos pareció mejor marcharnos sin decir nada más, no fuese que a su guardia también se le ocurriese sublevarse. Después de todo, nada importante nos diría Companys.

El 19 de julio la sublevación llegaría a Barcelona, donde, para los militares sublevados al mando de Llano de la Encomieda, siendo el general Goded el máximo responsable de toda la región el golpe no se trataba más que de un sencillo paseo militar, como venía siendo habitual. Craso error. En muchos puntos del país, especialmente en las calles de Barcelona, la controvertida “gimnasia revolucionaria” anarcosindicalista practicada a lo largo de todo el gobierno republicano iba a dar sus frutos.

Cuando los militares empezaron la preparación de su golpe de Estado, en el Comité de Defensa confederal de Barcelona les llevábamos una ventaja de casi un año y medio en el estudio de los planes para contrarrestar la sublevación militar. El Comité de Defensa confederal existía desde los primeros días de la República. Los Cuadros de Defensa confederal también. Pero nuestro aparato combatiente se preparaba para luchas revolucionarias en las que nosotros tendríamos la iniciativa.

[…]

Nuestra preparación era superior a la simplona previsión de los militares que habían de sublevarse. Pensaban que todo sería como siempre: redoble de tambores, colocación en las paredes del bando declarando el estado de guerra y regreso a los cuarteles a dormir tranquilos. A lo sumo, como ocurrió con los escamots de Dencás y Badía en octubre de 1934, con algunos tiros, muchas corridas, y a casita. Porque, ¿quién iba a poder con el ejército?

En las horas previas al golpe en Barcelona, la ciudadanía, expectante y a la espera de que se anunciara el levantamiento, se mantenía pegada a la radio que iba informando sobre la situación del conflicto en los distintos puntos del país.

Las calles permanecían vacías y, a medida que avanzaba la noche, la militancia confederal fue levantando barricadas y tomando posiciones en cada esquina de la ciudad. El anarcosindicalismo se impuso desde las primeras horas.

Barricada en la barcelonesa Plaça de Sant Pere, 19 de julio de 1936.
Barricada en la barcelonesa Plaça de Sant Pere, 19 de julio de 1936.

La estrategia militar estaba clara: envolver la ciudad con las tropas y avanzar hacia la plaza de Cataluña por las arterias principales de la ciudad: la Diagonal, la Gran Vía y el Paralelo.

Alrededor de las 4 de la madrugada del 19 de julio las tropas nacionales abrieron las puertas de los cuarteles. Las tropas se habían lanzado a la calle y acampado en las Plazas de España, Universidad y Cataluña, a la vez que ocupaban los principales edificios, como el Hotel Colón, el Ritz y la Telefónica y la sección del puerto desde Correos y Telégrafos hasta el Paralelo.

Se informó de lo acontecido y al poco tiempo las sirenas, llamando al combate, dieron la señal de alarma por toda la ciudad.

Por la calle Pedro IV, el Arco del Triunfo, la Ronda de San Pedro, Plaza Urquinaona, Vía Layetana, fusiles en alto, banderas rojinegras desplegadas y vivas a la revolución, llegamos al edificio del Comité regional de la CNT, en la calle Mercaders, frente al caserón de la Dirección general de Orden público, con sus guardias de Asalto aglomerados en la puerta y la acera.

[…]

Companys, refugiado desde las primeras horas del día en la Dirección general de Orden público, rodeado del capitán Escofet, del comandante Guarner, del capitán Guarner y del teniente coronel Herrando y no menos de un centenar de guardias de Asalto, no parecía muy animado a salir a la calle a pegar tiros. Como en octubre, se reservaba para la radio y para enterarse de cómo se hacían matar los demás y, en todo caso, también como en octubre, para rendirse.

Los miembros de los Comités de Defensa empezaron a llamarse y a ser conocidos como «los milicianos». Sin transición alguna, los cuadros de defensa se transformaron en Milicias Populares. La estructura primaria de los cuadros de defensa había previsto su ampliación y crecimiento mediante la incorporación de cuadros secundarios. Bastó con dar cabida en ellos a los millares de trabajadores voluntarios que se sumaron a la lucha contra el fascismo. Hombres y mujeres se lanzaron a las calles, pero seguían faltando las armas.

En la calle Fernando, no serían todavía las siete de la mañana del día 19 de julio, un grupo de obreros acababa de asaltar una armería, en la que solamente encontraron escopetas de caza. Joaquín Cortés, conocido militante confederal, bastante reformista y signatario del manifiesto de los Treinta, estaba ensayando un puñado de cartuchos de caza en su escopeta de dos cañones. Se rió al vernos y no pude evitar decirle que, si en vez de ser «treintista» fuese «faísta», en vez de una escopeta de caza tendría un fusil ametrallador. Nos reímos todos. Cortés se incorporó a nuestra pequeña columna, en dirección a la plaza del Teatro, donde habíamos decidido fijar nuestro puesto de mando.

[…]

Los militares, en derrota, se fueron replegando a los pisos del edificio en cuya parte baja funcionaba el music hall Moulin Rouge. Trepando por las escaleras de las casas de enfrente, al otro lado del Paralelo, desde las azoteas y desde dos ángulos de tiro, arrasamos los balcones del último piso, hasta que atado a la punta de un fusil apareció un trapo blanco en señal de rendición. Con toda cautela nos aproximamos, pegados a las paredes, hasta llegar al amplio portal de la casa. Allí estaban unos seis oficiales, en camisa, sucios de polvo, los puños cerrados a lo largo del cuerpo, mirando al suelo, ceñudos, firmes, casi pisando con las puntas de los pies. Seguramente esperaban ser fusilados en el acto.

—¿Qué hacemos con ellos? —preguntó Ascaso.

—Que Ortiz los lleve al sindicato de la Madera, a la calle del Rosal, y que los tengan presos hasta que termine la lucha.

 

Con el conflicto prácticamente resuelto en favor de la CNTFAI, sin apenas dar crédito a sus ojos, el general Goded tuvo que rendirse pero, apesar de haber sido anunciada su reindición por la radio de la ciudad, algunas tropas sublevadas decidieron no entregarse.

A las once de la noche del mismo día, un grupo de militares sublevados resisitían encerrados tras las puertas del cuartel de San Andrés. Entre otras cosas, el cuartel albergaba treinta mil fusiles en su interior. Con la contienda ya decidida, a los combatientes anarcosindicalistas no les supuso mucho esfuerzo reducir a los militares y hacerse con el arsenal.

A partir de este momento podía considerarse que el poder en Barcelona había cambiado de manos. Ahora el control no lo tenía ni el gobierno de la Generalitat, ni la República española, lo tenía la CNT.

El mismo día 20 fue asaltado el último bastión, Atarazanas, ante cuyos muros murió Francisco Ascaso. Los anarcosindicalistas hicieron cuestión personal del asalto a la fortaleza y rechazaron toda ayuda extraña. Atarazanas cayó el mismo día.

En treinta y tres horas la clase trabajadora había sofocado el levantamiento fascista. La victoria fue ampliamente celebrada en la ciudad condal. Al mismo tiempo, el pueblo, que se había apoderado de las armas, se lanzó a la revolución social con el binomio CNTFAI a la cabeza.

Grupos armados se desplazaron a toda la región y Tarragona, Gerona y Lérida siguieron la suerte de Barcelona. La CNT y la FAI quedaron dueñas absolutas de la vida de Cataluña.

El ciclo insurreccionalista experimentado en los años 1932 a 1934 cobró nuevo sentido ante los ojos del sector más crítico. La “gimnasia revolucionaria”, con su cohorte de muertes y persecuiones adquirió una significación más profunda: en el fracaso sistemático, los cuadros anarcosindicalistas templaron sus armas y cuando llegó el momento favorable, su capacidad de reacción fue fulminante, y no menor su capacidad de iniciativa e improvisación.

Mientras tanto, el 19 de julio había dimitido el gobierno de Casares Quiroga. Hubo un gobierno relampago encabezado por Martínez Barrios, que trató inútilmente de parar el golpe, al cual le reemplazó Jose Giral. El gobierno republicano pasó a decretar el licenciamiento del ejército, pero por entonces ya se luchaba en todo España. La guerra civil había comenzado y el gobierno republicano era naufrago en el océano de los acontecimientos.

Los sectores populares acusaban al gobierno republicano de lenidad y lo consideraban responsable de los acontecimientos. No se le perdonaba haberse negado a armar al pueblo, así como las proclamaciones retóricas, siempre vacías de efectividad. Al mismo tiempo, las milicias de la Confederación se convirtieron en la vanguardia de todas las unidades armadas que se desplazaban en busca del enemigo fascista. Eran la organización armada del proletariado revolucionario y fueron imitados por el resto de organizaciones obreras, e incluso las de origen burgués. Ante la ausencia de un ejército proletario único surgieron tantas milicias como partidos y organizaciones existían.

A las cuarenta y ocho horas del alzamiento el país se hallaba dividido en dos zonas: en general, las provincias agrarias, Galicia, Castilla, León, Aragón, Navarra y Andalucía, quedaban en poder de los nacionales; mientras Cataluña, Levante, Asturias, País Vasco y Madrid bajo el dominio de la República.

En Madrid, las organizaciones obreras dominaron la situación desde los primeros instantes y consiguieron vencer también la amenaza representada por el cinturón que rodeaba la capital, Alcalá, Toledo y Guadalajara.

En el resto del país, a medida que en las provincias las guarniciones militares se incorporaban al alzamiento o eran derrotadas por los trabajadores armados, el estado se iba despedazando enfragmentos. Esta facultades del poder ejecutivo las recogió el pueblo en la calle, creando espontáneamente entidades de recambio. Como dijo un anónimo militante anarcosindicalista:

“Esos órganos de la revolución han traído como consecuencias, en todas las provincias de España dominadas por nosotros, la desaparición de los delegados gubernativos, porque éstos no tenían nada más que hacer que obedecer los acuerdos de los Comités ejecutivos. En otros órdenes, las diputaciones y los ayuntamientos han quedado convertidos en esqueletos a los cuales se les escapó la vida, porque toda la vida concerniente a esos organismos de administración del viejo régimen burgués fue sustituida por la vitalidad revolucionaria de los sindicatos obreros.”

Volviendo a Barcelona, ya finalizada la contienda, Companys solicitó una entrevista con una delegación del comité regional de la CNT. Armados hasta los dientes, y aún cubiertos del polvo producto de la contienda en la calle, una delegación de la CNTFAI compuesta por Durruti, García Oliver y Gregorio Jover, entre otros, se dirigió al Palacio de la Generalitat de Cataluña para entrevistarse con Companys, presidente de la Generalitat, antiguo abogado de la CNT y su posterior perseguidor, 

En un salón contiguo al despacho, esperaban representantes de todos los grupos políticos de Cataluña el veredicto del anarcosindicalismo. Pero la delegación no podía llegar a un acuerdo sin consultar previamente a los sindicatos. Toda la militancia confederal de Barcelona y de la región esperaba impaciente la llegada de los delegados para que se les informara y así poder tomar una decisión.

Esto fue lo que les dijo Companys:

Ante todo, he de deciros que la CNT y la FAI no han sido nunca tratadas como se merecían por su verdadera importancia. Siempre habéis sido perseguidos duramente; y yo, con mucho dolor, pero forzado por las realidades políticas que antes estuve con vosotros, después me he visto obligado a enfrentarme y perseguiros. Hoy sois los dueños de la ciudad y de Cataluña, porque sólo vosotros habéis vencido a los militares fascistas, y espero que no os sabrá mal que en este momento os recuerde que no os ha faltado la ayuda de los pocos o muchos hombres leales de mi partido y de los guardias y mozos.

No puedo, pues, sabiendo cómo y quienes sois, emplear un lenguaje que no sea de gran sinceridad. Habéis vencido y todo está en vuestro poder; si no me necesitáis o no me queréis como Presidente de Cataluña, decírmelo ahora, que yo pasaré a ser un soldado más en la lucha contra el fascismo. Si, por el contrario, creéis en este puesto que sólo muerto hubiese dejado ante el fascismo triunfante, puedo, con los hombres de mi partido, mi nombre y mi prestigio, ser útil en esta lucha, que si bien termina hoy y mi prestigio en la ciudad, no sabemos cuándo y cómo terminará en el resto de España, podéis contar conmigo y con mi lealtad de hombre y de político que está convencido de que hoy muere todo un pasado de bochorno, y que desea sinceramente que Cataluña marche a la cabeza de los países más adelantados en materia social.

Tras la reunión, y a propuesta de Companys, el 21 de julio se constituyó un Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña -integrado por todas las fuerzas del Frente Popular- de carácter provisional, a la espera de lo que la regional de la CNT acordara en su próximo comicio. Con vistas a tratar este asunto, el 23 de julio tuvo lugar un pleno regional de locales y comarcales en la nueva sede del comité regional CNTFAI de Cataluña, que había pasado a ocupar la Casa Cambó.

En un amplio y profundo escenario estaban la mesa de presidir los debates y dos mesas para secretarios y periodistas de nuestra prensa; más dos largas hileras de sillas adosadas a las paredes laterales, en una de las cuales apareció un delegado del Comité nacional, que acababa de llegar, para informar al Pleno. En general, todos los compañeros asistentes, hasta el delegado del Comité nacional, tenían el fusil entre las piernas.

“El eco de los pasos”. Juan García Oliver.

Por la trascendencia de los acuerdos que en éste comicio se debían tomar, este sería hasta ahora, posiblemente, el pleno más importante que haya a celebrado la Confederación Nacional del Trabajo.

El Comité Central de Milicias Antifascistas

Iniciado el pleno regional de locales y comarcales, se pasó consulta a la militancia respecto a la posibilidad de entrar a formar parte del recién constituido Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña (lo contrario sería su disolución), que estaría integrado no solo por la CNTFAI, sino también por todas las organizaciones que apoyaban al gobierno republicano.

La Comarcal del Bajo Llobregat, que entendía que con el Comité de Milicias taponaría la marcha de la revolución social, proponía marchar adelante con la revolución, para terminar implantando el comunismo libertario, consecuentes en ello con los acuerdos de la Organización y con sus principios y finalidades ideológicas.

García Oliver argumentó que la marcha revolucionaria estaba adquiriendo tal profundidad que obligaba a la CNT a tener muy en cuenta que por ser la pieza mayoritaria del complejo revolucionario, no podía dejar la revolución sin control y sin guía, porque ello crearía un gran vacío, que, al igual que en Rusia en 1917, sería aprovechado por los marxistas de todas las tendencias para hacerse con la dirección revolucionaria aplastando al anarquismo. Había llegado el momento de que, con toda responsabilidad, se terminara lo empezado el 18 de julio, desechando el Comité de Milicias y forzando los acontecimientos de manera que, por primera vez en la historia, los sindicatos anarcosindicalistas fueran a por el todo, esto es, a organizar la vida comunista libertaria en todo España.

Vista de la casa de la CNT-FAI en Barcelona ( Casa Cambó, Comité Regional de Cataluña) en el II Aniversario de la muerte de Durruti (1937)
Vista de la casa de la CNT-FAI en Barcelona ( Casa Cambó, Comité Regional de Cataluña) en el II Aniversario de la muerte de Durruti (1937)

Un amplio sector se opuso a lo expuesto por Oliver, entre los más destacados, Diego Abad de Santillán (quien dijo que las potencias extranjeras jamás consentirían la implantación de la anarquía en el país), Marianet y Federica Montseny. Esta última llegó a acusarle de querer instaurar una dictadura anarquista (absurda contradicción). Montseny ceía que, sin necesidad de forzar los acontecimientos, la vía revolucionaria estaba abierta y que el pueblo en armas haría el resto. Oliver tomó de nuevo la palabra:

“En momentos tan serios y decisivos, convendría elevar el contenido del debate, porque la revolución iniciada el 18 de julio era conducida o terminaría por ser traicionada. Y sería traicionada si en un Pleno llamado a trazar los destinos de nuestra Organización, mayoritaria en Cataluña y en gran parte de España, empequeñecemos el debate con argumentaciones de un sedicente anarquismo. No podemos marcharnos tranquilamente a nuestras casas después de que terminen las tareas del Pleno. No importa lo que el Pleno acuerde, ya no podremos dormir tranquilos en mucho tiempo, pues si nosotros, que somos mayoritarios, no le damos una dirección a la revolución, otros, que todavía hoy son minoritarios, con sus artes y mañas de corrupción y eliminación, sacarán del vacío en que habremos dejado a las masas, y pronto la alegría que llena de gozo a Federica será sustituida por la tristeza y el dolor que hubieron de vivir los anarquistas rusos, que así de ingenuamente se dejaron eliminar por los bolcheviques.”

[…]

“De todos los tipos de dictadura conocidos, ninguna ha sido todavía ejercida por la acción conjunta de los sindicatos obreros. Y si estos sindicatos obreros son de orientación anarquista y sus militantes han sido formados en una moral anarquista como nosotros, presuponer que incurriríamos en las mismas acciones que los marxistas, por ejemplo, es tanto como afirmar que el anarquismo y el marxismo son fundamentalmente la misma ideología puesto que producen idénticos frutos. No admito tal simplicidad. Y afirmo que el sindicalismo, en España y en el mundo entero, está urgido de un acto de afirmación de sus valores constructivos ante la historia de la humanidad, porque sin esa demostración de capacidad de edificación de un socialismo libre, el porvenir seguiría siendo patrimonio de las formas políticas surgidas en la revolución francesa, con la pluralidad de partidos al empezar y con partido único al final.”

[…]

“El miedo a la intervención extranjera no debería ser esgrimido en ese momento, porque aquí, según estoy viendo, estamos todos armados, y si de verdad hemos luchado todos en las calles los días 18, 19 y 20, hemos de tener presente que estamos hablando con permiso del enterrador, cosa que pura su desdicha ya no pueden hacer Ascaso ni Alcodori ni ninguno de los compañeros que dieron su vida esos tres días. Es decir, que no deberíamos olvidar que estamos hablando desde un enorme sepulcro, que eso ha sido la CNT desde que se constituyó, un enorme sepulcro, dentro del cual están, en terrible anonimato para la mayoría, todos los ilusos que creyeron que sus luchas eran las de la gran revolución social. Porque alguien debe hablar en nombre de ellos. Y creo que este deber me corresponde…”

Juan García Oliver, junto con la Comarcal del Bajo Llobregat, fueron los únicos que defendieron ir a por el todo. En su lugar, el pleno prefirió la colaboración con los demás sectores de izquierda (todos minoritarios), renunciando así a usufructuar el poder político en Cataluña. Por lo tanto, se acordó adherirse al comité de milicias que ya había sido formado provisionalmente y eligió como miembros a G. Oliver, Marcos Alcón (sustituto de Durruti), José Asens, Aurelio Fernández y Diego Abad de Santillán.

Al día siguiente, el 24 de julio, La Columna Durruti, formada por unos 2.500 milicianos, salió de Barcelona y se dirigió directamente hacia Zaragoza, con el objetivo de liberar la ciudad del yugo fascista y así extender la revolución social.

De cualquier manera, con el Comité Central de Milicias Antifascistas ya en marcha, Companys pasó a ser un mero espectador de la vida política de Cataluña. Y, aunque no se había aprobado ir a por el todo, el hecho es que la clase trabajadora catalana, impaciente, se lanzó a la colectivización de las tierras y de los medios de producción.

Los Comités Revolucionarios y las colectivizaciones agrarias

En Cataluña, con la desintegración del Estado, los trabajadores, los manuales en particular, que habían desempeñado un papel decisivo en la obtención de la victoria sobre los sublevados, fueron quienes obtuvieron la victoria política e iniciaron una amplia y profunda transformación revolucionaria de la sociedad catalana. Dicha transformación, basada en los planteamientos anarquistas y anarcosindicalistas de la CNTFAI, al ser esta organización la que contaba con una influencia mayoritaria entre los trabajadores, trató, y en parte consiguió llevar a la práctica, los principios del socialismo libertario en una sociedad industrializada, dando lugar a una experiencia original, única en el mundo, alejada tanto del capitalismo como del socialismo de estado.

Escudo del Consejo Regional de Defensa de Aragón Entidad administrativa creada en septiembre de 1936 por el Comité Regional de la CNT de Aragón, vinculado federativamente al Consejo Nacional de Defensa.
Escudo del Consejo Regional de Defensa de Aragón Entidad administrativa creada en septiembre de 1936 por el Comité Regional de la CNT de Aragón, vinculado federativamente al Consejo Nacional de Defensa.

Respecto a los cuadros de defensa confederales, hubo una doble transformación de éstos: la de las Milicias Populares, que definieron en los primeros días el frente de Aragón, instaurando la colectivización de las tierras en los pueblos aragoneses liberados; y la de lo Comités Revolucionarios, que en cada barrio de Barcelona, y en cada pueblo de Cataluña, impusieron un «nuevo orden revolucionario». Su origen común en los cuadros de defensa hizo que milicias confederales y Comités Revolucionarios estuviesen siempre muy unidos e interrelacionados.

En dos meses, el Comité Central de Milicias Antifascistas había organizado a 20.000 milicianos que se repartían en un frente de 300 kilómetros.

Los Comités de Defensa de cada barrio (o pueblo) se constituyeron en Comités Revolucionarios de barriada (o localidad), tomando una gran variedad de denominaciones. Esos Comités Revolucionarios de barrio, en la ciudad de Barcelona, eran casi exclusivamente cenetistas. Los Comités Revolucionarios locales, por el contrario, solían formarse mediante la incorporación de todas las organizaciones obreras y antifascistas, imitando la composición del Comité Central de Milicias Antifascistas.

Esos Comités Revolucionarios ejercieron, en cada barriada o localidad, sobre todo en las nueve semanas posteriores al 19 de Julio, estas funciones:

  1. Incautaron edificios para instalar la sede del Comité, de un almacén de abastos, de un ateneo o de una escuela racionalista. Incautaron y sostuvieron hospitales y diarios.

  2. Pesquisas armadas en las casas particulares para requisar alimentos, dinero y objetos de valor.

  3. Pesquisa armada en las casas particulares para detener «pacos», emboscados, curas, derechistas y quintacolumnistas. (Recordemos que el «paqueo» de los francotiradores, en la ciudad de Barcelona, duró toda una semana).
  4. Instalaron en cada barrio centros de reclutamiento para las Milicias, que armaron, financiaron, abastecieron y pagaron (hasta finales de agosto) con sus propios medios, manteniendo hasta después de mayo del 37 una intensa y continuada relación de cada barriada con sus milicianos en el frente, acogiéndolos durante los permisos.
  5. A la custodia de las armas, en la sede del Comité de Defensa, se sumaba siempre un local o almacén en el que se instalaba el comité de abastos de la barriada, que se abastecía con las requisas de alimentos realizados en las zonas rurales mediante la coacción armada, el intercambio, o la compra mediante vales.
  6. Imposición y recaudación del impuesto revolucionario en cada barrio o localidad.

El comité de abastos instalaba un comedor popular, que inicialmente fue gratuito, pero que con el paso de los meses, ante la escasez y encarecimiento de los productos alimenticios, tuvo que implantar un sistema de bonos subvencionado por el Comité Revolucionario de barrio o localidad. En la sede del Comité de Defensa había siempre un habitáculo para la custodia de las armas y en ocasiones una pequeña prisión en la que instalar provisionalmente a los detenidos.

Los Comités Revolucionarios ejercían una importante tarea administrativa, muy variada, que iba desde la emisión de vales, bonos de comida, emisión de salvoconductos, pases, formación de cooperativas, celebración de bodas, abastecimiento y mantenimiento de hospitales, hasta la incautación de alimentos, muebles y edificios, financiación de escuelas racionalistas y ateneos gestionados por las Juventudes Libertarias, pagos a milicianos o sus familiares, etc.

La coordinación de los Comités Revolucionarios de barriada se hacía en las reuniones del Comité Regional, a donde acudían los secretarios de cada uno de los Comités de Defensa de barriada. Existía, además de forma permanente, el Comité de Defensa Confederal, instalado en la Casa CNTFAI.

Colectividad agrícola en Aragón.
Colectividad agrícola en Aragón.

Catalunya contaba por aquel entonces con una población de 2.791.000 habitantes, de los que 1.005.000 vivían en la ciudad de Barcelona. El 54% de la población activa catalana trabajaba en la industria, porcentaje que en la provincia de Barcelona se elevaba al 68%.

En el campo catalán la pequeña propiedad agraria coexistía con la mediana y gran propiedad, que era explotada en régimen de aparcería. Los aparceros, que constituían la mayoría de la población campesina, habían mantenido ya desde antes de 1936 importantes luchas reivindicativas para mejorar las condiciones de sus contratos y aspiraban, por lo general, a convertirse en propietarios de las tierras que cultivaban.

En el sector agrario, el predominio sindical correspondía a la UR (Unió de Rabassaires), siendo la presencia de la CNT escasa. En este sector jugaron un destacado papel los sindicatos agrícolas una especie de cooperativas a los que obligatoriamente debían pertenecer todas las explotaciones. Estos sindicatos, controlados por la UR y con una considerable presencia de la UGT, constituyeron un importante freno para el desarrollo de las colectividades.

Todo ello llevó a que la colectivización del campo fuese relativamente limitada. Con todo, se crearon más de 400 colectividades agrarias constituidas, básicamente, con las fincas expropiadas a los grandes propietarios y a los elementos facciosos y con las aportaciones de los pequeños propietarios que se adhirieron a ellas.

La experiencia colectivista desarrollada en Catalunya contó con el firme apoyo de la inmensa mayoría de los trabajadores manuales, y así lo demuestra entre otras cosas, la defensa que realizaron de las conquistas colectivistas cuando se vieron amenazadas y el bajo nivel de absentismo laboral. Además, puso en evidencia la enorme capacidad creativa, organizativa y productiva de los trabajadores cuando las empresas se hallan en sus manos y son ellos quienes deciden.

Esta experiencia alcanzó, en términos generales, unos resultados claramente positivos en el aspecto económico –incluso numerosos empresarios lo reconocieron– y social.

La experiencia colectivista que se desarrolló en Catalunya entre julio de 1936 y enero de 1939, a pesar de que no pudo alcanzar plenamente sus objetivos debido a los condicionamientos y dificultades con que tuvo que enfrentarse, constituye una de las transformaciones más radicales del siglo XX. Transformación que afectó todos los aspectos de la vida política, económica, social y cultural, y aun cuando forma parte de la revolución española, posee unas características propias y específicas, en parte distintas de las de otras zonas de la España republicana.

La colectivización en la industria y los servicios

Sofocada la rebelión, al reanudarse la actividad productiva y habiendo los dueños abandonado sus empresas en unos casos, o no atreviéndose a imponer su autoridad al carecer de la fuerza coercitiva del Estado en otros, los trabajadores procedieron, inmediatamente y por propia iniciativa, a la puesta en marcha del proceso colectivizador, tomando directamente en sus manos el control y la dirección de la mayor parte de las empresas; cabe destacar que todo ello lo realizaron de forma espontánea.

El carácter espontáneo de la colectivización significa que ésta no se llevó a cabo siguiendo las consignas, instrucciones o directrices de algún órgano de dirección estatal o de algún partido o sindicato, sino a partir de la decisión de los propios trabajadores. Éstos, por medio de sus organizaciones de fábrica y ramo, pusieron en práctica las ideas y concepciones que tenían respecto a como debía organizarse y funcionar la sociedad en general y la actividad económica en particular; siendo dichas ideas, en gran parte, fruto de la formación y propaganda libertaria desarrolladas durante los decenios anteriores por medio de los ateneos, sindicatos, cooperativas, etc.

Tranvía colectivizado.
Tranvía colectivizado.

La colectivización de la empresa significaba que su propiedad pasaba de privada a pública y que eran sus propios trabajadores quienes la dirigían y gestionaban. Pero para los colectivistas ello no constituía más que el inicio de un proceso más amplio, el de la colectivización-socialización, el cual a partir de la colectivización de las empresas debía, y así sucedió parcialmente, ir avanzando en la coordinación de la actividad económica, por ramos y localidades y de abajo a arriba, hasta alcanzar la plena socialización de la riqueza.

Sin embargo, muy pronto se produjo la renuncia de los órganos dirigentes de la CNTFAI a intentar que el proceso de colectivización-socialización pudiese culminar su desarrollo, alegando que en aquellas circunstancias ello hubiese representado imponer su dictadura. Esta renuncia dio lugar a enfrentamientos internos y al progresivo abandono de sus propios presupuestos y principios.

Dicho proceso, impulsado y apoyado por la gran mayoría de los trabajadores manuales de la industria y los servicios, se encontró con la oposición de una parte importante de diversos sectores sociales: la pequeña burguesía, los técnicos, los funcionarios y los trabajadores administrativos y comerciales, que en conjunto constituían una base social importante, cuantitativa y cualitativamente. Éstos, aun cuando mayoritariamente se posicionaron en contra de la sublevación militar, se oponían a la alternativa colectivista, bien porque defendían la propiedad privada de los medios de producción, bien porque defendían la propiedad estatal de los mismos. Esta oposición que fue canalizada y defendida por ERC, ACR, UR, PSUC y UGT, frente a la CNT, la FAI, las Juventudes Libertarias y el POUM que apoyaban las transformaciones colectivistas.

El proceso de transformación colectivista alcanzó una gran amplitud por lo que respecta al primer nivel el de la colectivización de las empresas (entre un 70% y un 80% de las empresas), y llegó también a un segundo nivel el de la constitución de agrupaciones, en el que se detuvo al fracasar los intentos de avanzar hacia un tercer nivel el de la socialización global de los grupos industriales.

La agrupación consistía en la reunión o concentración de todas o parte de las empresas de un sector económico y un área territorial determinada una localidad, una comarca, Catalunya en una unidad económica de mayor volumen, en régimen de propiedad colectiva y dirigida y gestionada por sus trabajadores. En consecuencia, las empresas que pasaban a formar parte de una agrupación dejaban de existir como tales, pasando su activo y su pasivo, así como sus trabajadores, a la nueva unidad productiva.

La empresa de Sant Sadurní, colectivizada por sus trabajadores. Adecuaron la maquinaria y el utillaje para dedicar el taller a la industria de la guerra fabricando carros de combate y reparando carros soviéticos que había adquirido la República. También blindaba camiones Chevrolet. La fábrica adquirió el nombre en clave de "z".
La empresa de Sant Sadurní, colectivizada por sus trabajadores. Adecuaron la maquinaria y el utillaje para dedicar el taller a la industria de la guerra fabricando carros de combate y reparando carros soviéticos que había adquirido la República. También blindaba camiones Chevrolet. La fábrica adquirió el nombre en clave de “z”.

 

Las grandes empresas colectivizadas, como los Tranvías de Barcelona Colectivizados (transporte), la Hispano Suiza y la Rivière (metalurgia), CAMSA (petróleo), La España Industrial (textil), Cervecerías DAMM (bebidas), etc., y las agrupaciones como La Agrupación Colectiva de la Construcción de Barcelona, La Madera Socializada de Barcelona, La Agrupación de los Establecimientos de Barbería y Peluquería Colectivizados de Barcelona, Los Espectáculos Públicos de Barcelona Socializados, Los Servicios Eléctricos Unificados de Catalunya, La Industria de la Fundición Colectivizada, etc., constituyen las experiencias más importantes y significativas de la colectivización de la industria y los servicios, y al ser la agrupación la forma más compleja y elevada de organización, hace que su análisis sea fundamental para el conocimiento de esta experiencia y que del mismo se puedan extraer elementos importantes de la socialización global a que aspiraba la alternativa colectivista.

En lo que se refiere a las agrupaciones, éstas presentaban entre sí una serie de diferencias por las características del sector económico al que pertenecían o el ámbito territorial que abarcaban. A pesar de estas diferencias, existieron un conjunto de elementos comunes o similares, tanto en el aspecto organizativo semejante al de las empresas colectivizadas, aunque más complejo como en el económico y el social:

Organización y funcionamiento interno

  • La Asamblea General. Formada por todos los trabajadores –manuales, administrativos, comerciales, técnicos– de la agrupación, constituía el órgano máximo de decisión. En él se discutían y definían las líneas generales de actuación, se elegían y en su caso revocaban los miembros de los órganos de decisión cotidiana y se controlaba la actuación de dichos órganos.
  • El Consejo de Empresa. Era el órgano encargado de la dirección cotidiana técnico- económica. Sus miembros percibían exclusivamente el jornal correspondiente a su categoría profesional.
  • El Comité Sindical. Era el órgano encargado de la defensa cotidiana de los intereses inmediatos de los trabajadores –remuneración, condiciones de trabajo, jubilación, etc.
  • Además de estos tres órganos a nivel global de la agrupación, en cada uno de los otros niveles de la misma –centro de trabajo, localidad, etc. – existían también sus equivalentes, los cuales disponían de autonomía para resolver las cuestiones que afectaban exclusivamente a su ámbito.
  • Se concedió gran importancia a la intercomunicación vertical y horizontal en su seno y a que ésta fuese rápida y fluida.
  • En las agrupaciones legalizadas, había además el Interventor de la Generalitat, nombrado por el «conseller» de Economía a propuesta y de acuerdo con los trabajadores, que era el encargado de mantener la relación con los organismos superiores –el Consejo de Economía, el «conseller» de Economía, etc.

Reestructuración y racionalización de la actividad productiva

  • Concentraron la producción en unidades de mayor volumen, eliminando centros de trabajo.
  • Aumentaron la especialización de los centros de trabajo y la racionalidad de la producción global del sector.
  • Elaboraron estadísticas, cuentas de explotación, etc., con la finalidad de planificar la producción.
  • Mejoraron técnicamente y modernizaron el equipo productivo.
  • Centralizaron los servicios administrativos, contables y comerciales.
  • Suprimieron los intermediarios parasitarios, acercando la producción al consumidor.
  • Introdujeron cambios en los tipos de productos, debido a las necesidades de la guerra, las nuevas prioridades sociales y la importancia que dieron a los valores éticos y estéticos.
  • Desarrollaron una política de sustitución de importaciones, utilizando con éxito productos autóctonos y fabricando nuevos productos.
  • Promovieron la investigación ligada a la producción.

Actuación social

  • Mejoraron las condiciones de trabajo, higiene y salubridad en los centros de trabajo.
  • Disminuyeron las diferencias salariales, llegando incluso en algunos casos a su eliminación. Hubo también casos en que además existía un plus familiar, fijado en función del número de personas a cargo del trabajador.
  • Crearon servicios de asistencia –médica, clínica y farmacéutica– y de previsión social.
  • Enfermedad, accidente, parto, incapacidad laboral y jubilación–, gestionados y controlados por los propios trabajadores.
  • Actuaron contra el paro, aumentando los puestos de trabajo y cuando ello era insuficiente repartiendo trabajo y remuneración.
  • Realizaron importantes esfuerzos para aumentar el nivel de preparación de los trabajadores en la triple vertiente: física, intelectual y profesional.
  • Prestaron gran atención a los intereses de los consumidores: aumentaron la calidad de los productos y servicios, de la higiene y la sanidad –barberías, industria láctea,…–, facilitaron el acceso a los productos y servicios, etc.

La industria de guerra

En 1936, Catalunya carecía por completo de una industria dedicada a la fabricación de armamento, por lo que para poder disponer de material bélico se procedió a transformar la industria civil en especial la metalúrgica y la química en industria de guerra, lo que se realizó en un breve espacio de tiempo.

Esta transformación la iniciaron los propios trabajadores inmediatamente después del 19 de julio, designando, ya el 21 de julio, a Eugenio Vallejo, del sindicato Metalúrgico, para coordinar la organización de dichas industrias.

El 7 de agosto la Generalitat creó la Comisión de la Industria de Guerra, encargada del control y coordinación de estas industrias, que fue aceptada por la CNT tras obtener una serie de garantías. En la práctica la colaboración que se estableció entre los consejos de empresa y la Comisión, fue muy satisfactoria. La Comisión, además de coordinar las empresas transformadas en industrias de guerra, también creó alguna nueva empresa y estableció relaciones con las otras que elaboraban productos auxiliares para la guerra del sector textil, de la óptica, de la madera, etc.

En octubre de 1937 la industria de guerra contaba con más de 400 fábricas y unos 85.000 trabajadores, fabricándose una diversa y elevada cantidad de productos: cartuchos, pistolas, piezas de recambio para fusiles y ametralladoras, distintos tipos de explosivos, bombas de mano y de aviación, vehículos blindados, motores de aviación, etc.

Sin embargo, el Gobierno de la República observó siempre con recelo y boicoteó la creación de una industria de guerra en Catalunya, al no hallarse ésta bajo su control. Un control que no consiguió hasta el 11 de agosto de 1938, en que decretó su militarización. A ella se opusieron tanto la Generalitat como los trabajadores de estas industrias, lo que provocó un importante descenso de su producción.

Contra la militarización

Dada la relativa estabilización de la situación y la necesidad de reforzar el papel de un gobierno de la Generalitat que había ido recuperando su influencia, el 1 de octubre de 1936 se autodisolvió el Comité Central de Milicias Antifascistas, en beneficio exclusivo del pleno restablecimiento del poder de la Generalitat. Los decretos firmados el 24 de octubre sobre militarización de las Milicias a partir del 1 de noviembre, completaban el desastroso balance del Comité Central de Milicias Antifascistas. Se pasó de unas milicias obreras de voluntarios revolucionarios a un ejército burgués de corte clásico, sometido al código de justicia militar monárquico, dirigido por la Generalitat.

Ese decreto de militarización de las Milicias Populares produjo un gran descontento entre los milicianos voluntarios. Tras largas y enconadas discusiones, parte de los milicianos abandonaron los frentes, como fue el caso de los varios centenares de milicianos de la Columna Durruti establecidos en el sector de Gelsa, Zaragoza, Aragon, (España) quienes decidieron abandonar el frente en marzo de 1937 y regresar a la retaguardia. Se pactó que el relevo de los milicianos opuestos a la militarización se efectuaría en el transcurso de quince días. Abandonaron el frente, llevándose las armas.

Ya en Barcelona, Cataluña, (España) junto con otros anarquistas (defensores de la continuidad y profundización de la revolución de julio, y opuestos al colaboracionismo confederal con el gobierno), los milicianos de Gelsa,  Zaragoza, Aragon, (España) decidieron constituir una organización anarquista, distinta de la FAI, la CNT o las Juventudes Libertarias, que tuviera como misión encauzar el movimiento ácrata por la vía revolucionaria. Así pues, la nueva Agrupación se constituyó formalmente en marzo de 1937, tras un largo período de gestación de varios meses iniciado en octubre de 1936. La Junta directiva fue la que decidió tomar el nombre de «Agrupación de Los Amigos de Durruti», nombre que por una parte aludía al origen común de los exmilicianos de la Columna Durruti, y que como bien decía Balius, no se tomó por referencia alguna al pensamiento de Durruti, sino a su mitificación popular.

 

La Columna Durruti.
La Columna Durruti.

 

Esta oposición revolucionaria a la militarización de las Milicias Populares se manifestó también, con mayor o menor suerte, en todas las columnas confederales. Destacó, por su importancia fuera de Cataluña, (España) el caso de Maroto, condenado a muerte por su negativa a militarizar la columna que dirigía, pena que no llegó a ejecutarse pero que le mantuvo en la cárcel. Otro caso destacado fue el de la Columna de Hierro, que decidió en diversas ocasiones «bajar a Valencia» para impulsar la revolución y enfrentarse a los elementos contrarrevolucionarios de la retaguardia.

En febrero de 1937 se celebró una asamblea de columnas confederales que trató la cuestión de la militarización. Las amenazas de no suministrar armas, alimentos, ni soldada, a las columnas que no aceptaran la militarización, sumada al convencimiento de que los milicianos serían integrados en otras unidades, ya militarizadas, surtieron efecto. A muchos les parecía mejor aceptar la militarización y adaptarla flexiblemente a la propia columna. Finalmente, la ideología de unidad antifascista y la colaboración de la CNTFAI en las tareas gubernamentales, en defensa del Estado republicano, triunfaron contra la resistencia a la militarización.

Nuevo error que el anarquismo español pagaría muy caro.

La revolución social española en 1 minuto

 

La revolución española de 1936

Montaje de diversos documentales anarquistas realizado por el Colectivo Turismo Táctico para el proyecto La Ruta del Anarquismo. Se explica por qué los anarquistas españoles llevaron a cabo una revolución social inédita en la historia. (Material fílmico cedido por la Fundación Anselmo Lorenzo y la colaboración de Abel Paz)

 

Revolución social 1936

 

VIVIR LA UTOPÍA

Documental sobre el Anarquismo en España durante la guerra civil

Ni peones, ni patrones (Documental Completo sobre la revolución social española)

Durante la guerra civil española, los y las anarcosindicalistas, organizadas en la CNT, condujeron, en última instancia, una revolución social que era para ellas y ellos la única verdadera respuesta al fascismo. El ideal de la autogestión se puso en práctica. En grandes zonas de la España republicana, comenzaron a vivir en una sociedad en la que eran iguales y donde ninguna persona estaba explotada. Aragón era una de las zonas donde más floreció esta revolución social. Además, residentes de la región Cinca colectivizaron la economía, siguiendo el principio “de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidad”. Protagonizan la película mujeres y hombres de la región Cinca. Hablan de su experiencia en los años treinta y explican sus ideales revolucionarios. Nos muestran la importancia de la educación para lograr la revolución social anarquista y para mantener sus ideales durante los cuarenta años de la dictadura de Franco.

 

Revolución Social Española 1936

Vídeo realizado a través de una compliación de tres materiales audiovisuales distintos sobre la Revolución Social Anarquista de 1936 en España.

1. El Cosaco. La revolución social española en 1 minuto.

2. La revolución social en España, debate para todos.

3. Libertarias. Película de 1996.

Hecho desde la UAR (Unión Anarquista Regional – Venado Tuerto).

 

Las mujeres anarquistas en la revolución española de 1936

43 comentarios en “Revolución social española de 1936 y documentales.”

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